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BMW M3 Coupé, Lexus IS F y Mercedes C 63 AMG

No es que suenen tambores de guerra en la mayor batalla de superberlinas medias de la historia, sino que cuerpo a cuerpo es todo un estruendo: 1.300 CV V8 retándose por la corona de la categoría. Mercedes apunta con su último y brutal C 63 AMG de 457 CV; BMW responde con el siempre efectivo M3, ahora con cambio automático DKG, y Lexus ataca con el primer misil japonés, el IS F. ¡Abran fuego!
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BMW M3 Coupé, Lexus IS F y Mercedes C 63 AMG
BMW M3 Coupé, Lexus IS F y Mercedes C 63 AMG

Lexus, por último, apuesta por un cambio de 8 marchas, muy suave en la transición, con una primera muy corta para salir disparado y dos últimas largas de ahorro. Como manual, perfecto: ni sube ni baja relación. Recalcar que con cualquiera de estos cambios las reducciones llegan con golpe de gas, y lo que ya es una evidencia: los cambios de doble embrague sufren más el calentamiento de un uso extensivo en circuito con fallos ocasionales de centralita.

Sólo queda pues acudir al cronómetro para dar un ganador en velocidad. Y sin tanto par, ni tanta cilindrada, el ligero BMW M3 Coupé DKG se impone. Más rápido en todas las mediciones de aceleración y adelantamiento, sólo en recuperaciones desde muy baja velocidad se mantiene a la par con sus rivales. En consumos, dato comprometido, el Lexus IS F sale victorioso, seguido no muy lejos del M3 y con un AMG que gasta en consecuencia a su cilindrada: casi dos litros más que ambos.

Vida a bordo y seguridad
Máquinas deportivas

Si el comportamiento en carretera es espectacular, el corazón de estas tres berlinas es trabajo casi de orfebrería: joyas de fabricación propia, atmosféricas y de 8 cilindros en V. El del BMW M3 Coupé es un motor más compacto, técnicamente perfecto (con 500 cm3 por cilindro) y de altísimo régimen (casi 8.500 rpm), de corte muy deportivo. No obstante, su sofisticada distribución variable le otorga gran progresividad en toda la banda.

Aunque menos explosivo -no alcanza los 105 CV/l del M3-, Mercedes ha revisado para el C 63 el propulsor de su CLK AMG rebajando la potencia a 457 CV y basando su potencial en la gran cilindrada (6,3 l) y en un descomunal par máximo de 61,2 mkg en la zona alta de revoluciones -se agota entorno a 7.000-; eso sí, dispone ya de más de 50 mkg entre 2.000 y 6.000 vueltas. Basta arrancarlo y escuchar su atronador rugido -extraordinario trabajo acústico- para percatarnos de su coraje.

Recurriendo al motor del LS460, pero con mayor cilindrada (5,0 l), el V8 del Lexus IS F resulta menos rabioso, apenas alcanzando las 6.800 rpm; pero se trata de un sofisticada mecánica, también con distribución variable y una original alimentación que combina inyección directa e indirecta. Resultado: muy buenas cifras de par y una suavidad de manejo difícil de igualar.

Capítulo aparte merecen las transmisiones automáticas de estas superberlinas, todas con manejo secuencial y levas en el volante. Con la DKG de doble embrague, el BMW M3 Coupé suma enteros. Sus 7 relaciones se insertan como un rayo, aunque combinadas con su gestión más directa -también de motor- ofrece una respuesta más brusca que complica la conducción al límite.

Más suave, aunque algo menos veloz, nos parece el cambio 7G Tronic del Mercedes C 63 AMG, con relaciones más largas. Tiene tres posiciones: la tranquila Confort, la deportiva Sport y la Manual, única que permite manejar las levas y con la que podemos alcanzar el corte hasta cuarta velocidad a modo de ametralladora (con el resto de marchas resulta imposible por la limitación de velocidad del motor).

Lexus, por último, apuesta por un cambio de 8 marchas, muy suave en la transición, con una primera muy corta para salir disparado y dos últimas largas de ahorro. Como manual, perfecto: ni sube ni baja relación. Recalcar que con cualquiera de estos cambios las reducciones llegan con golpe de gas, y lo que ya es una evidencia: los cambios de doble embrague sufren más el calentamiento de un uso extensivo en circuito con fallos ocasionales de centralita.

Sólo queda pues acudir al cronómetro para dar un ganador en velocidad. Y sin tanto par, ni tanta cilindrada, el ligero BMW M3 Coupé DKG se impone. Más rápido en todas las mediciones de aceleración y adelantamiento, sólo en recuperaciones desde muy baja velocidad se mantiene a la par con sus rivales. En consumos, dato comprometido, el Lexus IS F sale victorioso, seguido no muy lejos del M3 y con un AMG que gasta en consecuencia a su cilindrada: casi dos litros más que ambos.

Vida a bordo y seguridad
Máquinas deportivas

Si el comportamiento en carretera es espectacular, el corazón de estas tres berlinas es trabajo casi de orfebrería: joyas de fabricación propia, atmosféricas y de 8 cilindros en V. El del BMW M3 Coupé es un motor más compacto, técnicamente perfecto (con 500 cm3 por cilindro) y de altísimo régimen (casi 8.500 rpm), de corte muy deportivo. No obstante, su sofisticada distribución variable le otorga gran progresividad en toda la banda.

Aunque menos explosivo -no alcanza los 105 CV/l del M3-, Mercedes ha revisado para el C 63 el propulsor de su CLK AMG rebajando la potencia a 457 CV y basando su potencial en la gran cilindrada (6,3 l) y en un descomunal par máximo de 61,2 mkg en la zona alta de revoluciones -se agota entorno a 7.000-; eso sí, dispone ya de más de 50 mkg entre 2.000 y 6.000 vueltas. Basta arrancarlo y escuchar su atronador rugido -extraordinario trabajo acústico- para percatarnos de su coraje.

Recurriendo al motor del LS460, pero con mayor cilindrada (5,0 l), el V8 del Lexus IS F resulta menos rabioso, apenas alcanzando las 6.800 rpm; pero se trata de un sofisticada mecánica, también con distribución variable y una original alimentación que combina inyección directa e indirecta. Resultado: muy buenas cifras de par y una suavidad de manejo difícil de igualar.

Capítulo aparte merecen las transmisiones automáticas de estas superberlinas, todas con manejo secuencial y levas en el volante. Con la DKG de doble embrague, el BMW M3 Coupé suma enteros. Sus 7 relaciones se insertan como un rayo, aunque combinadas con su gestión más directa -también de motor- ofrece una respuesta más brusca que complica la conducción al límite.

Más suave, aunque algo menos veloz, nos parece el cambio 7G Tronic del Mercedes C 63 AMG, con relaciones más largas. Tiene tres posiciones: la tranquila Confort, la deportiva Sport y la Manual, única que permite manejar las levas y con la que podemos alcanzar el corte hasta cuarta velocidad a modo de ametralladora (con el resto de marchas resulta imposible por la limitación de velocidad del motor).

Lexus, por último, apuesta por un cambio de 8 marchas, muy suave en la transición, con una primera muy corta para salir disparado y dos últimas largas de ahorro. Como manual, perfecto: ni sube ni baja relación. Recalcar que con cualquiera de estos cambios las reducciones llegan con golpe de gas, y lo que ya es una evidencia: los cambios de doble embrague sufren más el calentamiento de un uso extensivo en circuito con fallos ocasionales de centralita.

Sólo queda pues acudir al cronómetro para dar un ganador en velocidad. Y sin tanto par, ni tanta cilindrada, el ligero BMW M3 Coupé DKG se impone. Más rápido en todas las mediciones de aceleración y adelantamiento, sólo en recuperaciones desde muy baja velocidad se mantiene a la par con sus rivales. En consumos, dato comprometido, el Lexus IS F sale victorioso, seguido no muy lejos del M3 y con un AMG que gasta en consecuencia a su cilindrada: casi dos litros más que ambos.

Vida a bordo y seguridad
Máquinas deportivas

Si el comportamiento en carretera es espectacular, el corazón de estas tres berlinas es trabajo casi de orfebrería: joyas de fabricación propia, atmosféricas y de 8 cilindros en V. El del BMW M3 Coupé es un motor más compacto, técnicamente perfecto (con 500 cm3 por cilindro) y de altísimo régimen (casi 8.500 rpm), de corte muy deportivo. No obstante, su sofisticada distribución variable le otorga gran progresividad en toda la banda.

Aunque menos explosivo -no alcanza los 105 CV/l del M3-, Mercedes ha revisado para el C 63 el propulsor de su CLK AMG rebajando la potencia a 457 CV y basando su potencial en la gran cilindrada (6,3 l) y en un descomunal par máximo de 61,2 mkg en la zona alta de revoluciones -se agota entorno a 7.000-; eso sí, dispone ya de más de 50 mkg entre 2.000 y 6.000 vueltas. Basta arrancarlo y escuchar su atronador rugido -extraordinario trabajo acústico- para percatarnos de su coraje.

Recurriendo al motor del LS460, pero con mayor cilindrada (5,0 l), el V8 del Lexus IS F resulta menos rabioso, apenas alcanzando las 6.800 rpm; pero se trata de un sofisticada mecánica, también con distribución variable y una original alimentación que combina inyección directa e indirecta. Resultado: muy buenas cifras de par y una suavidad de manejo difícil de igualar.

Capítulo aparte merecen las transmisiones automáticas de estas superberlinas, todas con manejo secuencial y levas en el volante. Con la DKG de doble embrague, el BMW M3 Coupé suma enteros. Sus 7 relaciones se insertan como un rayo, aunque combinadas con su gestión más directa -también de motor- ofrece una respuesta más brusca que complica la conducción al límite.

Más suave, aunque algo menos veloz, nos parece el cambio 7G Tronic del Mercedes C 63 AMG, con relaciones más largas. Tiene tres posiciones: la tranquila Confort, la deportiva Sport y la Manual, única que permite manejar las levas y con la que podemos alcanzar el corte hasta cuarta velocidad a modo de ametralladora (con el resto de marchas resulta imposible por la limitación de velocidad del motor).

Lexus, por último, apuesta por un cambio de 8 marchas, muy suave en la transición, con una primera muy corta para salir disparado y dos últimas largas de ahorro. Como manual, perfecto: ni sube ni baja relación. Recalcar que con cualquiera de estos cambios las reducciones llegan con golpe de gas, y lo que ya es una evidencia: los cambios de doble embrague sufren más el calentamiento de un uso extensivo en circuito con fallos ocasionales de centralita.

Sólo queda pues acudir al cronómetro para dar un ganador en velocidad. Y sin tanto par, ni tanta cilindrada, el ligero BMW M3 Coupé DKG se impone. Más rápido en todas las mediciones de aceleración y adelantamiento, sólo en recuperaciones desde muy baja velocidad se mantiene a la par con sus rivales. En consumos, dato comprometido, el Lexus IS F sale victorioso, seguido no muy lejos del M3 y con un AMG que gasta en consecuencia a su cilindrada: casi dos litros más que ambos.

Vida a bordo y seguridad
Máquinas deportivas

Si el comportamiento en carretera es espectacular, el corazón de estas tres berlinas es trabajo casi de orfebrería: joyas de fabricación propia, atmosféricas y de 8 cilindros en V. El del BMW M3 Coupé es un motor más compacto, técnicamente perfecto (con 500 cm3 por cilindro) y de altísimo régimen (casi 8.500 rpm), de corte muy deportivo. No obstante, su sofisticada distribución variable le otorga gran progresividad en toda la banda.

Aunque menos explosivo -no alcanza los 105 CV/l del M3-, Mercedes ha revisado para el C 63 el propulsor de su CLK AMG rebajando la potencia a 457 CV y basando su potencial en la gran cilindrada (6,3 l) y en un descomunal par máximo de 61,2 mkg en la zona alta de revoluciones -se agota entorno a 7.000-; eso sí, dispone ya de más de 50 mkg entre 2.000 y 6.000 vueltas. Basta arrancarlo y escuchar su atronador rugido -extraordinario trabajo acústico- para percatarnos de su coraje.

Recurriendo al motor del LS460, pero con mayor cilindrada (5,0 l), el V8 del Lexus IS F resulta menos rabioso, apenas alcanzando las 6.800 rpm; pero se trata de un sofisticada mecánica, también con distribución variable y una original alimentación que combina inyección directa e indirecta. Resultado: muy buenas cifras de par y una suavidad de manejo difícil de igualar.

Capítulo aparte merecen las transmisiones automáticas de estas superberlinas, todas con manejo secuencial y levas en el volante. Con la DKG de doble embrague, el BMW M3 Coupé suma enteros. Sus 7 relaciones se insertan como un rayo, aunque combinadas con su gestión más directa -también de motor- ofrece una respuesta más brusca que complica la conducción al límite.

Más suave, aunque algo menos veloz, nos parece el cambio 7G Tronic del Mercedes C 63 AMG, con relaciones más largas. Tiene tres posiciones: la tranquila Confort, la deportiva Sport y la Manual, única que permite manejar las levas y con la que podemos alcanzar el corte hasta cuarta velocidad a modo de ametralladora (con el resto de marchas resulta imposible por la limitación de velocidad del motor).

Lexus, por último, apuesta por un cambio de 8 marchas, muy suave en la transición, con una primera muy corta para salir disparado y dos últimas largas de ahorro. Como manual, perfecto: ni sube ni baja relación. Recalcar que con cualquiera de estos cambios las reducciones llegan con golpe de gas, y lo que ya es una evidencia: los cambios de doble embrague sufren más el calentamiento de un uso extensivo en circuito con fallos ocasionales de centralita.

Sólo queda pues acudir al cronómetro para dar un ganador en velocidad. Y sin tanto par, ni tanta cilindrada, el ligero BMW M3 Coupé DKG se impone. Más rápido en todas las mediciones de aceleración y adelantamiento, sólo en recuperaciones desde muy baja velocidad se mantiene a la par con sus rivales. En consumos, dato comprometido, el Lexus IS F sale victorioso, seguido no muy lejos del M3 y con un AMG que gasta en consecuencia a su cilindrada: casi dos litros más que ambos.

Vida a bordo y seguridad
Máquinas deportivas

Si el comportamiento en carretera es espectacular, el corazón de estas tres berlinas es trabajo casi de orfebrería: joyas de fabricación propia, atmosféricas y de 8 cilindros en V. El del BMW M3 Coupé es un motor más compacto, técnicamente perfecto (con 500 cm3 por cilindro) y de altísimo régimen (casi 8.500 rpm), de corte muy deportivo. No obstante, su sofisticada distribución variable le otorga gran progresividad en toda la banda.

Aunque menos explosivo -no alcanza los 105 CV/l del M3-, Mercedes ha revisado para el C 63 el propulsor de su CLK AMG rebajando la potencia a 457 CV y basando su potencial en la gran cilindrada (6,3 l) y en un descomunal par máximo de 61,2 mkg en la zona alta de revoluciones -se agota entorno a 7.000-; eso sí, dispone ya de más de 50 mkg entre 2.000 y 6.000 vueltas. Basta arrancarlo y escuchar su atronador rugido -extraordinario trabajo acústico- para percatarnos de su coraje.

Recurriendo al motor del LS460, pero con mayor cilindrada (5,0 l), el V8 del Lexus IS F resulta menos rabioso, apenas alcanzando las 6.800 rpm; pero se trata de un sofisticada mecánica, también con distribución variable y una original alimentación que combina inyección directa e indirecta. Resultado: muy buenas cifras de par y una suavidad de manejo difícil de igualar.

Capítulo aparte merecen las transmisiones automáticas de estas superberlinas, todas con manejo secuencial y levas en el volante. Con la DKG de doble embrague, el BMW M3 Coupé suma enteros. Sus 7 relaciones se insertan como un rayo, aunque combinadas con su gestión más directa -también de motor- ofrece una respuesta más brusca que complica la conducción al límite.

Más suave, aunque algo menos veloz, nos parece el cambio 7G Tronic del Mercedes C 63 AMG, con relaciones más largas. Tiene tres posiciones: la tranquila Confort, la deportiva Sport y la Manual, única que permite manejar las levas y con la que podemos alcanzar el corte hasta cuarta velocidad a modo de ametralladora (con el resto de marchas resulta imposible por la limitación de velocidad del motor).

Lexus, por último, apuesta por un cambio de 8 marchas, muy suave en la transición, con una primera muy corta para salir disparado y dos últimas largas de ahorro. Como manual, perfecto: ni sube ni baja relación. Recalcar que con cualquiera de estos cambios las reducciones llegan con golpe de gas, y lo que ya es una evidencia: los cambios de doble embrague sufren más el calentamiento de un uso extensivo en circuito con fallos ocasionales de centralita.

Sólo queda pues acudir al cronómetro para dar un ganador en velocidad. Y sin tanto par, ni tanta cilindrada, el ligero BMW M3 Coupé DKG se impone. Más rápido en todas las mediciones de aceleración y adelantamiento, sólo en recuperaciones desde muy baja velocidad se mantiene a la par con sus rivales. En consumos, dato comprometido, el Lexus IS F sale victorioso, seguido no muy lejos del M3 y con un AMG que gasta en consecuencia a su cilindrada: casi dos litros más que ambos.

Vida a bordo y seguridad
Máquinas deportivas

Si el comportamiento en carretera es espectacular, el corazón de estas tres berlinas es trabajo casi de orfebrería: joyas de fabricación propia, atmosféricas y de 8 cilindros en V. El del BMW M3 Coupé es un motor más compacto, técnicamente perfecto (con 500 cm3 por cilindro) y de altísimo régimen (casi 8.500 rpm), de corte muy deportivo. No obstante, su sofisticada distribución variable le otorga gran progresividad en toda la banda.

Aunque menos explosivo -no alcanza los 105 CV/l del M3-, Mercedes ha revisado para el C 63 el propulsor de su CLK AMG rebajando la potencia a 457 CV y basando su potencial en la gran cilindrada (6,3 l) y en un descomunal par máximo de 61,2 mkg en la zona alta de revoluciones -se agota entorno a 7.000-; eso sí, dispone ya de más de 50 mkg entre 2.000 y 6.000 vueltas. Basta arrancarlo y escuchar su atronador rugido -extraordinario trabajo acústico- para percatarnos de su coraje.

Recurriendo al motor del LS460, pero con mayor cilindrada (5,0 l), el V8 del Lexus IS F resulta menos rabioso, apenas alcanzando las 6.800 rpm; pero se trata de un sofisticada mecánica, también con distribución variable y una original alimentación que combina inyección directa e indirecta. Resultado: muy buenas cifras de par y una suavidad de manejo difícil de igualar.

Capítulo aparte merecen las transmisiones automáticas de estas superberlinas, todas con manejo secuencial y levas en el volante. Con la DKG de doble embrague, el BMW M3 Coupé suma enteros. Sus 7 relaciones se insertan como un rayo, aunque combinadas con su gestión más directa -también de motor- ofrece una respuesta más brusca que complica la conducción al límite.

Más suave, aunque algo menos veloz, nos parece el cambio 7G Tronic del Mercedes C 63 AMG, con relaciones más largas. Tiene tres posiciones: la tranquila Confort, la deportiva Sport y la Manual, única que permite manejar las levas y con la que podemos alcanzar el corte hasta cuarta velocidad a modo de ametralladora (con el resto de marchas resulta imposible por la limitación de velocidad del motor).

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