BMW 320 D / Renault Laguna 2.2 dCi Initiale / Volvo S60 D5

El selecto club de las berlinas Diesel prestacionales se va completando. El nuevo Renault Laguna se inscribe en él por derecho propio. Cualidades ruteras y equipamiento no le faltan.
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BMW 320 D / Renault Laguna 2.2 dCi Initiale / Volvo S60 D5
BMW 320 D / Renault Laguna 2.2 dCi Initiale / Volvo S60 D5

Combinar prestaciones y consumos ha sido tradicionalmente uno de los caballos de batalla de todas las marcas. Muchos usuarios acostumbrados al uso de motores de gasolina de alto rendimiento no estaban muy convencidos con los resultados dinámicos de sus equivalentes Diesel, confinados en potencias que, salvo excepciones, no superaban los 140 CV. De hecho, primero las marcas poco sospechosas de ser generalistas, y ahora algunos avanzados como Renault, han formado un club que trata de satisfacer a los más exigentes en el apartado de prestaciones y, además, cautivarlos con un consumo más que razonable. Los tres rivales que hemos elegido para esta comparativa son interesantes representantes de este nuevo club. El Volvo S60 es un excelente conocido, con una estética atractiva y personal; recién remozado, el BMW 320 hace menos tiempo que llegó, con estilo más clásico y mejores argumentos; mientras, el Laguna puede considerarse una grata sorpresa, ya que combina un estilo bastante aceptado —como lo demuestran sus ventas— y un nivel de equipamiento impresionante.

Todos estos propulsores utilizan la técnica de la inyección directa mediante rampa común y la sobrealimentación con intercambiador térmico para conseguir los niveles de potencia que se anuncian. En este sentido existen claras diferencias. BMW y Renault apuestan por motores de cuatro cilindros, con 1.995 ó 2.188 cm3 respectivamente y turbocompresores sofisticados de geometría variable. Volvo, sin embargo, utilizando como hemos comentado también una rampa común de segunda generación funcionando a 1.600 bares, añade otro pistón a la ecuación y más cilindrada, situándola en los 2.401 cm3, ofreciendo además sobre el papel las cifras de potencia más generosas: 163 CV. Por supuesto que lo cobra, pero deja un 130 CV algo más barato para los que precisen no destacar.

El S60 es sin duda el que tiene un carácter más turbo, aunque esta afirmación no incluye la automática imagen de brusquedad. A 2.000 rpm tiene la clásica entrada en tropel de potencia, ordenados, eso sí, y como se ve en la curva de potencia, a 2.500 rpm ya estamos disfrutando de 140 de los 170 CV que proporcionó esta unidad en nuestro banco de rodillos. El BMW empuja desde más abajo, 1.800 rpm, pero con una suavidad encomiable y una constante y más dosificable potencia. La suavidad de entrega de fuerza del BMW la comparte el Laguna, que no ha proporcionado por poco las cifras de potencia oficiales, quedándose en 147 CV y a diferencia del motor del BMW y junto al del Volvo no muestra un refinamiento de funcionamiento tan elevado.

A pesar de que el BMW lleva unos desarrollos tirando a largos, sus aceleraciones son brillantes. Su sistema de propulsión tiene en parte buena culpa de estas buenas cifras, pagando sin embargo en recuperaciones y adelantamientos la elección de estos desarrollos.

En general, Volvo es el que sale mejor parado, a pesar de que se identifica con el BMW en apoyarse en desarrollos tirando a cortos. El Laguna se mantiene ligeramente descolgado por prestaciones, en parte por la elección de desarrollos y su peso. Estos desarrollos son casi neutros, ya que proporciona la velocidad máxima en sexta al régimen justo de potencia máxima, aunque si sólo consideramos las cinco primeras relaciones, las únicas que intervienen en la medición de aceleración, va incluso más corto que sus rivales.

De todas formas, cualquiera de los tres tienen unas destacables cualidades dinámicas que los convierten en buenos rodadores de fondo, aunque cada uno en su estilo. Renault, el recién llegado, apuesta por la comodidad con suspensiones blandas, con el mejor compromiso entre confort y comportamiento. Su estabilidad es excepcional en firme inmaculado, con una sorprendente agilidad para sus tarados, peso y dimensiones.

El BMW es sin duda el más deportivo. Tiene para nuestro gusto el mejor tacto, aunque la unidad de pruebas mostraba ciertos desajustes de suspensión que se traducían en innegables movimientos parásitos del bastidor. Con todo, y sin llegar a la velocidad de paso por curva del Laguna, o mejor dicho, sin resultar tan fácil conseguirla, es el que muestra más aptitudes para disfrutar conduciendo.

El Volvo es harina de otro costal. El comportamiento del motor puede ser incluso más deportivo que el del BMW, debiendo tener cuidado en terrenos complicados y curvas lentas porque puede poner en aprietos al bastidor y en curvas rápidas no muestra la franqueza de comportamiento del Laguna. Estas diferencias de personalidad no enturbian en modo alguno los resultados finales, ya que estamos ante tres modelos que tendrán críticas que hacerles, pero estas no serán por su comportamiento.

Ya que hemos hablado de su condición de rodadores, podríamos hacer mención a los consumos. Los tres precisan menos de seis litros para cubrir 100 kilómetros en carretera y poco más de siete litros en la media de nuestros consumos, lo que es destacable y eso contando con que son vehículos cuyo peso oscila entre los 1.461 kilos del BMW —el más ligero a pesar de estar penalizado por la propulsión posterior—, y los 1.587 del Volvo.

Combinar prestaciones y consumos ha sido tradicionalmente uno de los caballos de batalla de todas las marcas. Muchos usuarios acostumbrados al uso de motores de gasolina de alto rendimiento no estaban muy convencidos con los resultados dinámicos de sus equivalentes Diesel, confinados en potencias que, salvo excepciones, no superaban los 140 CV. De hecho, primero las marcas poco sospechosas de ser generalistas, y ahora algunos avanzados como Renault, han formado un club que trata de satisfacer a los más exigentes en el apartado de prestaciones y, además, cautivarlos con un consumo más que razonable. Los tres rivales que hemos elegido para esta comparativa son interesantes representantes de este nuevo club. El Volvo S60 es un excelente conocido, con una estética atractiva y personal; recién remozado, el BMW 320 hace menos tiempo que llegó, con estilo más clásico y mejores argumentos; mientras, el Laguna puede considerarse una grata sorpresa, ya que combina un estilo bastante aceptado —como lo demuestran sus ventas— y un nivel de equipamiento impresionante.

Todos estos propulsores utilizan la técnica de la inyección directa mediante rampa común y la sobrealimentación con intercambiador térmico para conseguir los niveles de potencia que se anuncian. En este sentido existen claras diferencias. BMW y Renault apuestan por motores de cuatro cilindros, con 1.995 ó 2.188 cm3 respectivamente y turbocompresores sofisticados de geometría variable. Volvo, sin embargo, utilizando como hemos comentado también una rampa común de segunda generación funcionando a 1.600 bares, añade otro pistón a la ecuación y más cilindrada, situándola en los 2.401 cm3, ofreciendo además sobre el papel las cifras de potencia más generosas: 163 CV. Por supuesto que lo cobra, pero deja un 130 CV algo más barato para los que precisen no destacar.

El S60 es sin duda el que tiene un carácter más turbo, aunque esta afirmación no incluye la automática imagen de brusquedad. A 2.000 rpm tiene la clásica entrada en tropel de potencia, ordenados, eso sí, y como se ve en la curva de potencia, a 2.500 rpm ya estamos disfrutando de 140 de los 170 CV que proporcionó esta unidad en nuestro banco de rodillos. El BMW empuja desde más abajo, 1.800 rpm, pero con una suavidad encomiable y una constante y más dosificable potencia. La suavidad de entrega de fuerza del BMW la comparte el Laguna, que no ha proporcionado por poco las cifras de potencia oficiales, quedándose en 147 CV y a diferencia del motor del BMW y junto al del Volvo no muestra un refinamiento de funcionamiento tan elevado.

A pesar de que el BMW lleva unos desarrollos tirando a largos, sus aceleraciones son brillantes. Su sistema de propulsión tiene en parte buena culpa de estas buenas cifras, pagando sin embargo en recuperaciones y adelantamientos la elección de estos desarrollos.

En general, Volvo es el que sale mejor parado, a pesar de que se identifica con el BMW en apoyarse en desarrollos tirando a cortos. El Laguna se mantiene ligeramente descolgado por prestaciones, en parte por la elección de desarrollos y su peso. Estos desarrollos son casi neutros, ya que proporciona la velocidad máxima en sexta al régimen justo de potencia máxima, aunque si sólo consideramos las cinco primeras relaciones, las únicas que intervienen en la medición de aceleración, va incluso más corto que sus rivales.

De todas formas, cualquiera de los tres tienen unas destacables cualidades dinámicas que los convierten en buenos rodadores de fondo, aunque cada uno en su estilo. Renault, el recién llegado, apuesta por la comodidad con suspensiones blandas, con el mejor compromiso entre confort y comportamiento. Su estabilidad es excepcional en firme inmaculado, con una sorprendente agilidad para sus tarados, peso y dimensiones.

El BMW es sin duda el más deportivo. Tiene para nuestro gusto el mejor tacto, aunque la unidad de pruebas mostraba ciertos desajustes de suspensión que se traducían en innegables movimientos parásitos del bastidor. Con todo, y sin llegar a la velocidad de paso por curva del Laguna, o mejor dicho, sin resultar tan fácil conseguirla, es el que muestra más aptitudes para disfrutar conduciendo.

El Volvo es harina de otro costal. El comportamiento del motor puede ser incluso más deportivo que el del BMW, debiendo tener cuidado en terrenos complicados y curvas lentas porque puede poner en aprietos al bastidor y en curvas rápidas no muestra la franqueza de comportamiento del Laguna. Estas diferencias de personalidad no enturbian en modo alguno los resultados finales, ya que estamos ante tres modelos que tendrán críticas que hacerles, pero estas no serán por su comportamiento.

Ya que hemos hablado de su condición de rodadores, podríamos hacer mención a los consumos. Los tres precisan menos de seis litros para cubrir 100 kilómetros en carretera y poco más de siete litros en la media de nuestros consumos, lo que es destacable y eso contando con que son vehículos cuyo peso oscila entre los 1.461 kilos del BMW —el más ligero a pesar de estar penalizado por la propulsión posterior—, y los 1.587 del Volvo.

Combinar prestaciones y consumos ha sido tradicionalmente uno de los caballos de batalla de todas las marcas. Muchos usuarios acostumbrados al uso de motores de gasolina de alto rendimiento no estaban muy convencidos con los resultados dinámicos de sus equivalentes Diesel, confinados en potencias que, salvo excepciones, no superaban los 140 CV. De hecho, primero las marcas poco sospechosas de ser generalistas, y ahora algunos avanzados como Renault, han formado un club que trata de satisfacer a los más exigentes en el apartado de prestaciones y, además, cautivarlos con un consumo más que razonable. Los tres rivales que hemos elegido para esta comparativa son interesantes representantes de este nuevo club. El Volvo S60 es un excelente conocido, con una estética atractiva y personal; recién remozado, el BMW 320 hace menos tiempo que llegó, con estilo más clásico y mejores argumentos; mientras, el Laguna puede considerarse una grata sorpresa, ya que combina un estilo bastante aceptado —como lo demuestran sus ventas— y un nivel de equipamiento impresionante.

Todos estos propulsores utilizan la técnica de la inyección directa mediante rampa común y la sobrealimentación con intercambiador térmico para conseguir los niveles de potencia que se anuncian. En este sentido existen claras diferencias. BMW y Renault apuestan por motores de cuatro cilindros, con 1.995 ó 2.188 cm3 respectivamente y turbocompresores sofisticados de geometría variable. Volvo, sin embargo, utilizando como hemos comentado también una rampa común de segunda generación funcionando a 1.600 bares, añade otro pistón a la ecuación y más cilindrada, situándola en los 2.401 cm3, ofreciendo además sobre el papel las cifras de potencia más generosas: 163 CV. Por supuesto que lo cobra, pero deja un 130 CV algo más barato para los que precisen no destacar.

El S60 es sin duda el que tiene un carácter más turbo, aunque esta afirmación no incluye la automática imagen de brusquedad. A 2.000 rpm tiene la clásica entrada en tropel de potencia, ordenados, eso sí, y como se ve en la curva de potencia, a 2.500 rpm ya estamos disfrutando de 140 de los 170 CV que proporcionó esta unidad en nuestro banco de rodillos. El BMW empuja desde más abajo, 1.800 rpm, pero con una suavidad encomiable y una constante y más dosificable potencia. La suavidad de entrega de fuerza del BMW la comparte el Laguna, que no ha proporcionado por poco las cifras de potencia oficiales, quedándose en 147 CV y a diferencia del motor del BMW y junto al del Volvo no muestra un refinamiento de funcionamiento tan elevado.

A pesar de que el BMW lleva unos desarrollos tirando a largos, sus aceleraciones son brillantes. Su sistema de propulsión tiene en parte buena culpa de estas buenas cifras, pagando sin embargo en recuperaciones y adelantamientos la elección de estos desarrollos.

En general, Volvo es el que sale mejor parado, a pesar de que se identifica con el BMW en apoyarse en desarrollos tirando a cortos. El Laguna se mantiene ligeramente descolgado por prestaciones, en parte por la elección de desarrollos y su peso. Estos desarrollos son casi neutros, ya que proporciona la velocidad máxima en sexta al régimen justo de potencia máxima, aunque si sólo consideramos las cinco primeras relaciones, las únicas que intervienen en la medición de aceleración, va incluso más corto que sus rivales.

De todas formas, cualquiera de los tres tienen unas destacables cualidades dinámicas que los convierten en buenos rodadores de fondo, aunque cada uno en su estilo. Renault, el recién llegado, apuesta por la comodidad con suspensiones blandas, con el mejor compromiso entre confort y comportamiento. Su estabilidad es excepcional en firme inmaculado, con una sorprendente agilidad para sus tarados, peso y dimensiones.

El BMW es sin duda el más deportivo. Tiene para nuestro gusto el mejor tacto, aunque la unidad de pruebas mostraba ciertos desajustes de suspensión que se traducían en innegables movimientos parásitos del bastidor. Con todo, y sin llegar a la velocidad de paso por curva del Laguna, o mejor dicho, sin resultar tan fácil conseguirla, es el que muestra más aptitudes para disfrutar conduciendo.

El Volvo es harina de otro costal. El comportamiento del motor puede ser incluso más deportivo que el del BMW, debiendo tener cuidado en terrenos complicados y curvas lentas porque puede poner en aprietos al bastidor y en curvas rápidas no muestra la franqueza de comportamiento del Laguna. Estas diferencias de personalidad no enturbian en modo alguno los resultados finales, ya que estamos ante tres modelos que tendrán críticas que hacerles, pero estas no serán por su comportamiento.

Ya que hemos hablado de su condición de rodadores, podríamos hacer mención a los consumos. Los tres precisan menos de seis litros para cubrir 100 kilómetros en carretera y poco más de siete litros en la media de nuestros consumos, lo que es destacable y eso contando con que son vehículos cuyo peso oscila entre los 1.461 kilos del BMW —el más ligero a pesar de estar penalizado por la propulsión posterior—, y los 1.587 del Volvo.

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