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Bentley Continental GT Speed

Su motor de 12 cilindros en W entrega 612 CV de potencia, lo que le permite alcanzar los 326 km/h. Pero su lujo es tan suntuoso que no puede considerarse un deportivo al uso. Este GT Speed de Bentley es la combinación más espectacular de esplendor y prestaciones que se puede encontrar en el mercado.
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Bentley Continental GT Speed
Bentley Continental GT Speed

Entrar a definir la conducta de este conjunto mecánico es olvidarse de calificativos prudentes. El motor es impresionante, pero no sólo por su empuje, sino también por su docilidad. Este Continental GT admite tanto el paseo de bulevar como el “sprint” de montaña. El W12 lanza las casi 2,5 toneladas en un abrir y cerrar de ojos hasta velocidades incompatibles con la mente del Sr. Navarro. Y el par es tan descomunal que el recurso a la reducción de marcha es casi inexistente. Esté en la marcha que esté, la respuesta es inmediata y no aparecen esas décimas de segundo que en otros coches necesita la transmisión para encontrar la marcha donde exprimir mejor al motor. Aquí siempre está presente una cascada de fuerza para catapultar al GT Speed a otro nivel de sensaciones espaciales. Baste decir que para pasar de 80 a 120 km/h –el típico adelantamiento- sólo necesita tres segundos.

Disponer de semejante planta nuclear significa obligarse a un trabajo profundo del chasis que Bentley ha hecho de manera impecable. De entrada se ha aumentado las piezas de aluminio en la suspensión, con lo que ahí consigue una buena parte de los 35 kg de reducción de peso que anuncia este Speed. La distancia al suelo se ha reducido en 10 mm delante y 15 mm detrás, con mejoras en la amortiguación – de menor fricción- y en el software del control de los conjuntos neumáticos. La dirección también cambia a una nueva versión de Servotronic con influencia de la velocidad en su asistencia y los bloques de goma mantienen de forma más estable los reglajes de caída y convergencia durante la marcha. Uno de los detalles de seguridad que nunca habíamos disfrutado antes es el aviso que realiza el vehículo mediante un mensaje en el display del tablero de que circulamos a una velocidad excesiva en el caso de que las presiones de los neumáticos no sean adecuadas.

Al ya bien dimensionado equipo de frenos se une la opción de discos de carbono/silicio, de 420 mm de diámetro delante –con pinzas de ocho pistones- y 356 mm detrás. Sin haber probado la monta de serie, nos parecen de lo más recomendables pese a sus 14.600 euros de coste, puesto que su respuesta es impresionante, por potencia, inmediatez, resistencia y dosificación. Casi al mismo nivel se encuentra el comportamiento del GT Speed. Si no lo supiéramos, no diríamos que su peso en vacío es de 2,35 toneladas. La confianza de la marca nos llevó por las carreteras de montaña de la serranía de Ronda, donde este cupé de señorío se comportó como un deportivo de primera. Frenada impecable, paso por curva de cortar la respiración, sencillez de conducción, cambio de marchas suave y suficientemente rápido. Sólo en reducciones se echa de menos una aceleración del motor más enérgica –especie de punta/tacón- para limitar el efecto de “embrague resbalando”. La dirección no es pesada pues, afortunadamente, en Bentley no se ha seguido la tendencia de otras marcas de prestigio de endurecerla para tratar de hacer sentir más al conductor un teórico contacto entre el neumático y el asfalto, algo que, en realidad, hace muchos años que se perdió.

En conjunto, sin duda, uno de los mejores y más completos coches que se pueden adquirir hoy en día, puesto que cumple con todas las funciones que se le exigen a un automóvil con una nota, en cada una de ellas, rozando la matrícula de honor.

Entrar a definir la conducta de este conjunto mecánico es olvidarse de calificativos prudentes. El motor es impresionante, pero no sólo por su empuje, sino también por su docilidad. Este Continental GT admite tanto el paseo de bulevar como el “sprint” de montaña. El W12 lanza las casi 2,5 toneladas en un abrir y cerrar de ojos hasta velocidades incompatibles con la mente del Sr. Navarro. Y el par es tan descomunal que el recurso a la reducción de marcha es casi inexistente. Esté en la marcha que esté, la respuesta es inmediata y no aparecen esas décimas de segundo que en otros coches necesita la transmisión para encontrar la marcha donde exprimir mejor al motor. Aquí siempre está presente una cascada de fuerza para catapultar al GT Speed a otro nivel de sensaciones espaciales. Baste decir que para pasar de 80 a 120 km/h –el típico adelantamiento- sólo necesita tres segundos.

Disponer de semejante planta nuclear significa obligarse a un trabajo profundo del chasis que Bentley ha hecho de manera impecable. De entrada se ha aumentado las piezas de aluminio en la suspensión, con lo que ahí consigue una buena parte de los 35 kg de reducción de peso que anuncia este Speed. La distancia al suelo se ha reducido en 10 mm delante y 15 mm detrás, con mejoras en la amortiguación – de menor fricción- y en el software del control de los conjuntos neumáticos. La dirección también cambia a una nueva versión de Servotronic con influencia de la velocidad en su asistencia y los bloques de goma mantienen de forma más estable los reglajes de caída y convergencia durante la marcha. Uno de los detalles de seguridad que nunca habíamos disfrutado antes es el aviso que realiza el vehículo mediante un mensaje en el display del tablero de que circulamos a una velocidad excesiva en el caso de que las presiones de los neumáticos no sean adecuadas.

Al ya bien dimensionado equipo de frenos se une la opción de discos de carbono/silicio, de 420 mm de diámetro delante –con pinzas de ocho pistones- y 356 mm detrás. Sin haber probado la monta de serie, nos parecen de lo más recomendables pese a sus 14.600 euros de coste, puesto que su respuesta es impresionante, por potencia, inmediatez, resistencia y dosificación. Casi al mismo nivel se encuentra el comportamiento del GT Speed. Si no lo supiéramos, no diríamos que su peso en vacío es de 2,35 toneladas. La confianza de la marca nos llevó por las carreteras de montaña de la serranía de Ronda, donde este cupé de señorío se comportó como un deportivo de primera. Frenada impecable, paso por curva de cortar la respiración, sencillez de conducción, cambio de marchas suave y suficientemente rápido. Sólo en reducciones se echa de menos una aceleración del motor más enérgica –especie de punta/tacón- para limitar el efecto de “embrague resbalando”. La dirección no es pesada pues, afortunadamente, en Bentley no se ha seguido la tendencia de otras marcas de prestigio de endurecerla para tratar de hacer sentir más al conductor un teórico contacto entre el neumático y el asfalto, algo que, en realidad, hace muchos años que se perdió.

En conjunto, sin duda, uno de los mejores y más completos coches que se pueden adquirir hoy en día, puesto que cumple con todas las funciones que se le exigen a un automóvil con una nota, en cada una de ellas, rozando la matrícula de honor.

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