Audi TT 3.2 V6 quattro

Convertido casi en un coche de culto durante su primera edición, el Audi TT se ha puesto al día para afrontar una segunda y más rica etapa. Ahora, el TT es más grande, más sofisticado, más lujoso... Pero mantiene intacta la característica que le hizo triunfar cuando apareció, una enorme capacidad para enganchar a quien se sienta al volante. Es un coche adictivo.
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Audi TT 3.2 V6 quattro
Audi TT 3.2 V6 quattro

El motor, junto con la tracción quattro, son los dos únicos elementos de este TT que ya se montaban en el antiguo. Y, la verdad, no nos extraña que Audi siga confiando en el bloque 3.2 V6, porque es una máquina sensacional que también se utiliza para coches endiabladamente divertidos, como el Golf R32

Con sus 250 CV oficiales, unos 244 reales, según nuestro Centro Técnico, este propulsor se basta y se sobra para proporcionar unas sensaciones maravillosas a quien lo conduce.
Empuja desde muy abajo, alcanzando rápidamente una buena zona de par y, después, manteniendo la entrega de la fuerza casi constante hasta superar las 6.000 rpm. Es, por tanto, un motor muy elástico, elegante en la estirada y emocionante al subir rápidamente de vueltas. Entrega su fuerza con contundencia, pero sin demasiada violencia, más noble que agresivo. Sólo en marchas cortas, cuando apretamos con ganas el acelerador, el motor se pone por encima del chasis y se manifiesta con algún arreón que se nota claramente en la dirección. Por lo demás, pura entrega y, claro, también hay que decirlo: acompaña su trabajo con un sonido deportivo puro, vibrante, un rugido de otro tiempo.

Arquitectónicamente, este motor recurre a soluciones bastante clásicas, pero muy eficaces. Lleva dos bancadas de tres cilindros cada una montadas en V de ángulo muy cerrado: sólo 15º. Sobre esa base, se monta una culata con distribución variable doble y, como gobierno, dos árboles de levas. Capaz de entregar una gran potencia y, sobre todo, un magnífico par máximo de 32,8 mkg a 2.610 rpm, se las apaña también para no ser especialmente derrochón: hemos calculado una media ponderada de 10,7 litros a los 100 km, una cantidad que, si bien no es frugal, tampoco es para asustarse en un deportivo de tanto carácter.

Durante nuestro primer contacto con la gama TT , probamos esta versión con el cambio automático S-Tronic –o DSG- de doble embrague. Ahora lo hemos hecho con el cambio manual de seis relaciones. Ambas cajas son muy buenas, pero, la verdad, el cambio S-Tronic nos ha parecido muy superior. Mucho más rápido que este manual y, desde luego, mucho más eficaz a la hora de aprovechar todo el par disponible.

Sin embargo, no está nada mal esta caja manual. Ofrece un tacto exquisitamente deportivo, de recorridos cortos y exactos, y, después, da acceso a unos desarrollos bastante cortos, perfectos para aprovechar todo el potencial del V6. Incluso la sexta es corta: no llega a los 40 km/h a 1.000 rpm.

Pero, aunque el coche es muy atractivo y el motor una pequeña bomba, lo que más entusiasma del Audi TT es conducirlo. Es un coche divertido, ágil, enérgico, pleno de carácter y, a la vez, fácil de conducir y bastante noble. De esta combinación de sencillez y deportividad es reponsable directo el chasis, un elemento crucial sobre el que han trabajado muchísimo los ingenieros de Audi.

Es la misma plataforma que se utiliza para montar los Audi A3, los Volkswagen Golf o los Seat León, pero con la batalla acortada (2,47 metros) y las vías ensanchadas (1,57 metros delante y 1,56 metros detrás). A pesar de estos cambios, el coche ha crecido en longitud con respecto al anterior Audi TT. De hecho, es 14 centímetros más largo y 8 más ancho, con lo que, en total, disfruta de una plataforma más amplia.

Con más superficie de rodadura, el coche ya debería ir mejor que antes. Pero es que, además, se ha realizado una cuidadosa puesta a punto de las suspensiones, apostando por un tarado muy firme que hace que la carrocería apenas se mueva (no montamos las suspensiones con amortiguación adaptativa, que todavía puede ser más dura).
Después, se ha buscado un comportamiento noble, más inclinado al subviraje. Para ello, se ha montado más peso sobre el eje delantero: un 60 por ciento.
Una dirección electromecánica de tacto rapidísimo y respuesta fulminante pone un punto más de deportividad, aunque, eso sí, para ir rápido hay que sujetarla con firmeza y atención, porque, al principio, cuesta un poco tomarle el pulso y acertar con las trazadas.

Con todo esto bien ensamblado, hay que ponerse al volante y disfrutar. Y es en este momento cuando nos damos cuenta de que no hace falta ser un as del pilotaje para pasárselo muy bien con el TT. Bien gobernado por el control de estabilidad, unos frenos imponentes y unos neumáticos de 245/40 ZR 18, el TT deja hacer mucho al conductor. Así, sin arriesgar demasiado, uno puede disfrutar trazando curvas a toda velocidad con un coche que gira plano y no muestra puntos débiles. Si se quiere ir un poco más allá, se puede empezar a jugar con las inercias y el gas, permitiendo que la zaga, activada por la tracción quattro, se mueva un poco a la salida de las curvas y nos ayude en la trazada.
Un paso más lejos, los más aguerridos pueden desconectar el control de estabilidad y dejar que el coche se deslice todavía más, aprovechando la preponderancia de su eje trasero para redondear los giros y divertirse –y cómo- al volante.

LO MEJOR
LO PEOR

* Prestaciones de la mecánica
* Comportamiento deportivo
* Estética agresiva

* Asientos traseros mínimos
* Elevado precio
* Incómodo para los viajes largos

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