Audi TT 3.2 V6 quattro

Convertido casi en un coche de culto durante su primera edición, el Audi TT se ha puesto al día para afrontar una segunda y más rica etapa. Ahora, el TT es más grande, más sofisticado, más lujoso... Pero mantiene intacta la característica que le hizo triunfar cuando apareció, una enorme capacidad para enganchar a quien se sienta al volante. Es un coche adictivo.
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Audi TT 3.2 V6 quattro
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('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=56021&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">Audi TT 3.2 V6

Con ese valor ha jugado Audi, con el convencimiento de que el público está deseando recibir una nueva dosis de TT, unas siglas que van camino de convertirse en un mito en el mundo de la automoción.

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p> Y, la verdad, esta nueva dosis no tiene nada de efecto placebo. Es un disparo de adrenalina, un coche emocionante, lleno de matices, jugoso, picante y, sobre todo, contundente como pocos.

Realizamos esta primera prueba de la gama con el motor más grande; para qué andarnos con chiquitas con un coche así. Este propulsor, el 3.2 V6 de 250 CV, hace del TT un verdadero demonio de la carretera, rápido, impulsivo y tremendamente deportivo. Hemos elegido combinarlo con un cambio manual de seis relaciones y con la tracción integral quattro. Sólo hemos dejado fuera del lote la suspensión activa, pero, incluso sin ella, el coche responde con exactitud a las expectativas que nos habíamos creado.

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p> Cuesta 44.830 euros. Es un precio elevado, sí, y, además, como veremos, no aporta un gran equipamiento de serie. Sin embargo, pocos coches en el mercado permiten disfrutar tanto conduciendo y, no hay que olvidarlo, pocos modelos atraen tanto las miradas de la gente como este nuevo TT.

Acaba de presentarse el nuevo Audi TT Roadster, la versión cabrio de este fantástico deportivo. Estará animada por los mismos motores que monta el Coupé, es decir, dos propulsores de gasolina de 2,0 y 3,2 litros que rinden 200 y 250 CV, respectivamente. Saldrá a la venta en la primavera de 2007 a un precio de partida de 33.800 y 43.800 euros en el mercado alemán.

Y no es de extrañar que el coche atraiga las miradas, porque es muy bonito. Quizá no tanto como el primer TT, que era una sorpresa estética en todos los sentidos. Ahora, sin tanto margen para sorprender, Audi ha optado por incrementar la agresividad del coche, afilando todos sus músculos y tensando un poco más cada línea. Si el antiguo TT tenía un no sé qué de perro de presa, este nuevo coupé se ha hecho más felino, más elegantemente violento.

Con este incremento de la fuerza estética, los diseñadores cumplen con la exigencia planteada por Audi: hacer un coche nuevo que fuera una continuación del anterior. Con esa idea en la cabeza, los encargados de la imagen han adoptado elementos propios de toda la gama Audi, como la parrilla frontal tipo Nuvolari, o los marcados hombros que luce este TT. Después, han montado unos impactantes grupos ópticos delanteros que le dan al coche ese aspecto de ave rapaz que lo caracteriza.
Habrá quien prefiera la imagen del TT anterior y habrá quien prefiera la del nuevo. La verdad es que ambos coches han sabido imponer su estilo en el mercado y, tal y como aquel fue una referencia, este recién llegado ya se ha convertido en uno de los rivales a batir en cuanto a estilo deportivo.

En el impacto visual de este nuevo TT ha tenido un papel muy importante un español. Se trata de Jorge Díez, un diseñador que ha tenido bastante responsabilidad a la hora de perfilar la musculatura del coche. Si quieres saber más sobre su trabajo, no te pierdas la entrevista que le hicimos cuando se presentó el modelo.

Pero todo lo que en el exterior es agresividad y fuerza desbocada, en el interior se convierte en energía contenida, en una tensión entre lo deportivo y lo lujoso, con muy pocas concesiones al confort. Para nuestro gusto, el pulso queda en tablas y, por tanto, el habitáculo es deportivo, pero no en exceso, y tiene toques de lujo, pero tampoco es una gollería. Así, a Audi le ha vuelto a salir un interior sosote, algo falto de gracia.

Es verdad que los asientos, casi bacquets, son fantásticos y sujetan muy bien. También es verdad que el volante, con la parte baja achatada, pone una nota “rácing” al tiempo que facilita el acceso. Y no es menos cierto que hay muchas notas deportivas, como los remates del cambio, en cuero y cromo, o los aireadores cromados, o el pedalier en aluminio… Pero, en general, al habitáculo le falta gracia: los tonos son muy apagados; los materiales, aunque buenos, no sorprenden y, en general, falta un poco más de imaginación.

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p> Eso sí: nadie puede negar que la ergonomía es modélica. Sentado al volante, uno se siente inmediatamente en un coche de carreras. El asiento te apresa y no permite que te muevas ni un centímetro. Sólo con eso ya sería suficiente para entrar en ambiente, pero, además, el volante tiene un tacto fantástico, el cambio es rápido y preciso, eléctrico, y todos los mandos responden con precisión y solidez… En eso sí hay que descubrirse ante los que han desarrollado este interior.

En eso, y en haber logrado que, aprovechando una plataforma más amplia, hayan logrado que la sensación de agobio se reduzca. Antes, el TT era un coche asfixiante. Ahora, aunque sigue siendo bastante complicado de diseño, es más luminoso, menos claustrofóbico. Incluso las mínimas plazas traseras, apenas válidas para niños, son algo más utilizables. Y qué decir del maletero: con 280 litros, crece un poco y, gracias a la posibilidad de abatir los asientos traseros, es el más útil y práctico de toda la categoría. Desde luego, comparado, por ejemplo, con un Porsche Cayman, este TT es un dechado de practicidad. Lástima que el portón del maletero sólo se pueda abrir y cerrar con la llave de contacto cuando se está fuera del coche.

Pensando en rematar el conjunto, se nos queda algo escaso el equipamiento. Está bien dotado en lo estructural, donde aparecen los airbags delanteros y laterales, el control de estabilidad y tracción, el ABS, el control de velocidad de crucero y el alerón trasero retráctil. Pero el apartado de confort no está sobrado de integrantes. Hay, sí, climatizador, equipo de sonido con mandos en el volante y ordenador de a bordo, pero, la verdad, por más de 44.000 euros, uno esperaba algo más. Por ejemplo, navegador, que no hay, o reglajes eléctricos en los asientos, que tampoco están…

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Con ese valor ha jugado Audi, con el convencimiento de que el público está deseando recibir una nueva dosis de TT, unas siglas que van camino de convertirse en un mito en el mundo de la automoción.

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p> Y, la verdad, esta nueva dosis no tiene nada de efecto placebo. Es un disparo de adrenalina, un coche emocionante, lleno de matices, jugoso, picante y, sobre todo, contundente como pocos.

Realizamos esta primera prueba de la gama con el motor más grande; para qué andarnos con chiquitas con un coche así. Este propulsor, el 3.2 V6 de 250 CV, hace del TT un verdadero demonio de la carretera, rápido, impulsivo y tremendamente deportivo. Hemos elegido combinarlo con un cambio manual de seis relaciones y con la tracción integral quattro. Sólo hemos dejado fuera del lote la suspensión activa, pero, incluso sin ella, el coche responde con exactitud a las expectativas que nos habíamos creado.

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p> Cuesta 44.830 euros. Es un precio elevado, sí, y, además, como veremos, no aporta un gran equipamiento de serie. Sin embargo, pocos coches en el mercado permiten disfrutar tanto conduciendo y, no hay que olvidarlo, pocos modelos atraen tanto las miradas de la gente como este nuevo TT.

Acaba de presentarse el nuevo Audi TT Roadster, la versión cabrio de este fantástico deportivo. Estará animada por los mismos motores que monta el Coupé, es decir, dos propulsores de gasolina de 2,0 y 3,2 litros que rinden 200 y 250 CV, respectivamente. Saldrá a la venta en la primavera de 2007 a un precio de partida de 33.800 y 43.800 euros en el mercado alemán.

Y no es de extrañar que el coche atraiga las miradas, porque es muy bonito. Quizá no tanto como el primer TT, que era una sorpresa estética en todos los sentidos. Ahora, sin tanto margen para sorprender, Audi ha optado por incrementar la agresividad del coche, afilando todos sus músculos y tensando un poco más cada línea. Si el antiguo TT tenía un no sé qué de perro de presa, este nuevo coupé se ha hecho más felino, más elegantemente violento.

Con este incremento de la fuerza estética, los diseñadores cumplen con la exigencia planteada por Audi: hacer un coche nuevo que fuera una continuación del anterior. Con esa idea en la cabeza, los encargados de la imagen han adoptado elementos propios de toda la gama Audi, como la parrilla frontal tipo Nuvolari, o los marcados hombros que luce este TT. Después, han montado unos impactantes grupos ópticos delanteros que le dan al coche ese aspecto de ave rapaz que lo caracteriza.
Habrá quien prefiera la imagen del TT anterior y habrá quien prefiera la del nuevo. La verdad es que ambos coches han sabido imponer su estilo en el mercado y, tal y como aquel fue una referencia, este recién llegado ya se ha convertido en uno de los rivales a batir en cuanto a estilo deportivo.

En el impacto visual de este nuevo TT ha tenido un papel muy importante un español. Se trata de Jorge Díez, un diseñador que ha tenido bastante responsabilidad a la hora de perfilar la musculatura del coche. Si quieres saber más sobre su trabajo, no te pierdas la entrevista que le hicimos cuando se presentó el modelo.

Pero todo lo que en el exterior es agresividad y fuerza desbocada, en el interior se convierte en energía contenida, en una tensión entre lo deportivo y lo lujoso, con muy pocas concesiones al confort. Para nuestro gusto, el pulso queda en tablas y, por tanto, el habitáculo es deportivo, pero no en exceso, y tiene toques de lujo, pero tampoco es una gollería. Así, a Audi le ha vuelto a salir un interior sosote, algo falto de gracia.

Es verdad que los asientos, casi bacquets, son fantásticos y sujetan muy bien. También es verdad que el volante, con la parte baja achatada, pone una nota “rácing” al tiempo que facilita el acceso. Y no es menos cierto que hay muchas notas deportivas, como los remates del cambio, en cuero y cromo, o los aireadores cromados, o el pedalier en aluminio… Pero, en general, al habitáculo le falta gracia: los tonos son muy apagados; los materiales, aunque buenos, no sorprenden y, en general, falta un poco más de imaginación.

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p> Eso sí: nadie puede negar que la ergonomía es modélica. Sentado al volante, uno se siente inmediatamente en un coche de carreras. El asiento te apresa y no permite que te muevas ni un centímetro. Sólo con eso ya sería suficiente para entrar en ambiente, pero, además, el volante tiene un tacto fantástico, el cambio es rápido y preciso, eléctrico, y todos los mandos responden con precisión y solidez… En eso sí hay que descubrirse ante los que han desarrollado este interior.

En eso, y en haber logrado que, aprovechando una plataforma más amplia, hayan logrado que la sensación de agobio se reduzca. Antes, el TT era un coche asfixiante. Ahora, aunque sigue siendo bastante complicado de diseño, es más luminoso, menos claustrofóbico. Incluso las mínimas plazas traseras, apenas válidas para niños, son algo más utilizables. Y qué decir del maletero: con 280 litros, crece un poco y, gracias a la posibilidad de abatir los asientos traseros, es el más útil y práctico de toda la categoría. Desde luego, comparado, por ejemplo, con un Porsche Cayman, este TT es un dechado de practicidad. Lástima que el portón del maletero sólo se pueda abrir y cerrar con la llave de contacto cuando se está fuera del coche.

Pensando en rematar el conjunto, se nos queda algo escaso el equipamiento. Está bien dotado en lo estructural, donde aparecen los airbags delanteros y laterales, el control de estabilidad y tracción, el ABS, el control de velocidad de crucero y el alerón trasero retráctil. Pero el apartado de confort no está sobrado de integrantes. Hay, sí, climatizador, equipo de sonido con mandos en el volante y ordenador de a bordo, pero, la verdad, por más de 44.000 euros, uno esperaba algo más. Por ejemplo, navegador, que no hay, o reglajes eléctricos en los asientos, que tampoco están…

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