Audi Q7 3.0 TDI Quattro Tiptronic

Cuando Audi se propuso construir un todo terreno, tenía muy claro que el coche debía ser la trasposición al campo de lo que sus fastuosas berlinas ofrecen en el asfalto. Y eso es el Q7, la gran berlina del monte. Es un coche portentoso en cuanto a comodidad, lujo y prestaciones. Lástima que, en realidad, no sea un auténtico todo terreno.
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Audi Q7 3.0 TDI Quattro Tiptronic
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('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=54279&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">Audi Q7

Desde luego, el Q7 tiene ese rasgo distintivo de todos los Audi de gama alta: el empaque. Sus colosales dimensiones, su estampa señorial y su aspecto de poderoso devorador de kilómetros dan buena idea de lo que propone este coche. Es el vehículo perfecto para el que necesita una berlina de representación capaz de lucir y servir con idéntica eficacia en el monte y en los rincones más exclusivos de la ciudad.

Hemos querido iniciar una serie de acercamientos al Q7 con el más básico, si es que estos coches admiten este adjetivo. Se trata del 3.0 TDI con el cambio automático Tiptronic, un refinado monstruo de 233 CV.
La combinación cuesta un mínimo de 54.860 euros, una cantidad que aumenta fácilmente a poco que añadamos extras al equipamiento. Afortundamente, dentro de la dotación de serie está la tercera fila de asientos, uno de los principales argumentos del coche.

Con esa tercera fila, el Audi Q7 se sitúa un paso por encima de la mayoría de sus rivales, que, como el Volkswagen Touareg, el Range Rover o el BMW X5 actual, sólo ofrecen cinco plazas. Pero, eso sí, se queda muy por detrás del casi inalcanzable Mercedes GL, auténtico dominador de este elitista segmento de los todo terreno de lujo.

Con sus 5,09 metros de longitud, el Audi Q7 es el más largo de todos los Audi “normales”, sólo superado por el Audi A8 en batalla larga, que mide 5,19 metros.
Además, el coche mide 1,89 metros de ancho y 1,74 de alto, unas medidas que permiten intuir cómo es de grande este coche.

Sus formas exteriores tratan de subrayar esas magnitudes. Amplias zonas de chapa lisa, líneas rectas y duras, sobredimensionados pasos de rueda, una zaga alta y contundente y, sobre todo, un morro larguísimo, muy aguzado y rematado por la inconfundible parrilla de Audi.
Está claro que los diseñadores han apostado por una estética fornida y musculada, pero, al tiempo, alejada de las estridencias y los rasgos deportivos. Sólo se han permitido una concesión: las espectaculares llantas de 18 pulgadas.

En el interior, más gigantismo y el mismo aspecto sobrio y sereno. Es un coche realmente espacioso, sobrado de sitio en todas las plazas, especialmente en las traseras de los lados, que son regias. La central, sin ser pequeña, desmerece un poco, pues queda condicionada por el túnel de la transmisión. Aun así, no se puede decir que sea una plaza inútil, pero, claro, comparada con las butacas que tiene a los lados...
A cambio, con la opción de asientos deslizantes, la modularidad se dispara y el Q7 puede alojar hasta 28 combinaciones de asientos.

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p> Claro, para eso hay que contar, como la unidad que probamos, con la tercera fila de asientos. No es que sea la mejor tercera fila del mercado, porque dos adultos van incómodos en ella, pero es cierto que saca del apuro. Eso sí, con ella desplegada, el maletero pasa de 600 a sólo 190 litros de capacidad.
Por cierto, el maletero cuenta con un interesante sistema de sujeción de objetos montado sobre raíles. Con él, es muy fácil configurar diferentes compartimentos.

Los tres metros de batalla que disfruta el Q7 han permitido a los diseñadores de Audi configurar este auténtico salón rodante con todo lujo de comodidades. Como cabe de todo, han puesto de todo. Así, a los ocupantes de las plazas traseras, por ejemplo, no les falta de nada. Pueden elegir la temperatura, el sonido...

Claro que poco tienen que envidiar los que se sienten delante. Allí, Audi ha desplegado un verdadero muestrario de tecnología para arropar a los pasajeros más exquisitos.

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p> Nuestra unidad llevaba los asientos de reglajes eléctricos, que cuestan 1.245 euros. Gracias a ellos, encontrar la postura al volante es muy sencillo. Una vez lograda, nos damos cuenta de que tiene poco que ver con la posición típica de un todo terreno. Hay que mirar fuera del coche para recordar que no vamos en una berlina de gama alta, sino en una especie de acorazado del glamour desde el que dominamos perfectamente todo el entorno.

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p> Puestos a buscarle las vueltas a este habitáculo, habría que señalar que, de tan grande que es, algunos mandos quedan algo alejados de la mano. De no ser por esos pequeños detalles, la ergonomía rozaría el sobresaliente.

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Los que lo rozan, y lo alcanzan en muchos casos, son los materiales elegidos para confeccionar este interior. Magnífico cuero, plásticos de primera calidad... Todo lo que uno espera de un Audi de gama alta. Lo mismo se puede decir de los ajustes y los acabados, que no admiten tacha. A nosotros, en cambio, lo que no nos acaba de convencer es la estética. Es un habitáculo bonito, sí, y cálido, pero no emociona. Es demasiado sobrio, excesivamente serio y formal. Un punto más de imaginación sería de agradecer.

Donde casi no hay peros es en el equipamiento. Aquí Audi echa el resto y coloca en el Q7 algunos de sus más vanguardistas elementos, como el sistema Side Assist, que detecta la presencia de otros coches en los laterales del Q7 y nos la advierte con señales luminosas emitidas desde el retrovisor para que no intentemos cambios de carril. Al principio parece una frivolidad, pero rápidamente nos damos cuenta de lo bien que funciona y lo útil que es.

Igual de útil es el aparcamiento asistido con cámara, una opción que cuesta 1.530 euros pero que se agradece sobremanera en un coche de tal envergadura. Y eso que es bastante maniobrable pero no viene de más la ayuda de la cámara.

Aparte de estas opciones interesantes, hay una dotación de serie muy amplia. En el apartado mecánico destaca la combinación de controles de estabilidad, tracción, ayuda a la frenada de emergencia, crucero... Una batería electrónica para mantener siempre el coche dentro de unos cauces civilizados. Además, hay que destacar los neumáticos de serie, que son unos importantes 235/60 R18. Claro que nuestra unidad montaba los 275/45 R 20, una opción que subraya la musculatura del Q7, pero que, a cambio, lo deja sin rueda de repuesto: no cabe en el hueco. Además, si se montan los siete asientos, no cabe tampoco la rueda de repuesto de un juego de neumáticos convencionales, con lo que Audi coloca un kit antipinchazos. Este detalle no nos convence y es una pena que un coche tan completo tenga este inconveniente.

En cuanto a la dotación de confort, los ocupantes del Q7 no pueden quejarse: un completísimo ordenador de a bordo, equipo de sonido con cargador de CD, climatizador multizona y, en nuestra unidad, asientos delanteros con reglajes eléctricos (1.245 euros) y calefacción (435 euros), navegador (2.690 euros), tapicería de cuero (3.480 euros) y muchos detalles más para hacer del coche un lugar terriblemente cómodo. Eso sí: no nos ha gustado nada el manejo del climatizador: demasiados botones para funciones muy sencillas.

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p> Este Audi, como todos los de gama alta, incluye el módulo de control MMI, que, montado sobre la consola central, da acceso al ordenador y al uso de un buen número de funciones del vehículo.

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Desde luego, el Q7 tiene ese rasgo distintivo de todos los Audi de gama alta: el empaque. Sus colosales dimensiones, su estampa señorial y su aspecto de poderoso devorador de kilómetros dan buena idea de lo que propone este coche. Es el vehículo perfecto para el que necesita una berlina de representación capaz de lucir y servir con idéntica eficacia en el monte y en los rincones más exclusivos de la ciudad.

Hemos querido iniciar una serie de acercamientos al Q7 con el más básico, si es que estos coches admiten este adjetivo. Se trata del 3.0 TDI con el cambio automático Tiptronic, un refinado monstruo de 233 CV.
La combinación cuesta un mínimo de 54.860 euros, una cantidad que aumenta fácilmente a poco que añadamos extras al equipamiento. Afortundamente, dentro de la dotación de serie está la tercera fila de asientos, uno de los principales argumentos del coche.

Con esa tercera fila, el Audi Q7 se sitúa un paso por encima de la mayoría de sus rivales, que, como el Volkswagen Touareg, el Range Rover o el BMW X5 actual, sólo ofrecen cinco plazas. Pero, eso sí, se queda muy por detrás del casi inalcanzable Mercedes GL, auténtico dominador de este elitista segmento de los todo terreno de lujo.

Con sus 5,09 metros de longitud, el Audi Q7 es el más largo de todos los Audi “normales”, sólo superado por el Audi A8 en batalla larga, que mide 5,19 metros.
Además, el coche mide 1,89 metros de ancho y 1,74 de alto, unas medidas que permiten intuir cómo es de grande este coche.

Sus formas exteriores tratan de subrayar esas magnitudes. Amplias zonas de chapa lisa, líneas rectas y duras, sobredimensionados pasos de rueda, una zaga alta y contundente y, sobre todo, un morro larguísimo, muy aguzado y rematado por la inconfundible parrilla de Audi.
Está claro que los diseñadores han apostado por una estética fornida y musculada, pero, al tiempo, alejada de las estridencias y los rasgos deportivos. Sólo se han permitido una concesión: las espectaculares llantas de 18 pulgadas.

En el interior, más gigantismo y el mismo aspecto sobrio y sereno. Es un coche realmente espacioso, sobrado de sitio en todas las plazas, especialmente en las traseras de los lados, que son regias. La central, sin ser pequeña, desmerece un poco, pues queda condicionada por el túnel de la transmisión. Aun así, no se puede decir que sea una plaza inútil, pero, claro, comparada con las butacas que tiene a los lados...
A cambio, con la opción de asientos deslizantes, la modularidad se dispara y el Q7 puede alojar hasta 28 combinaciones de asientos.

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p> Claro, para eso hay que contar, como la unidad que probamos, con la tercera fila de asientos. No es que sea la mejor tercera fila del mercado, porque dos adultos van incómodos en ella, pero es cierto que saca del apuro. Eso sí, con ella desplegada, el maletero pasa de 600 a sólo 190 litros de capacidad.
Por cierto, el maletero cuenta con un interesante sistema de sujeción de objetos montado sobre raíles. Con él, es muy fácil configurar diferentes compartimentos.

Los tres metros de batalla que disfruta el Q7 han permitido a los diseñadores de Audi configurar este auténtico salón rodante con todo lujo de comodidades. Como cabe de todo, han puesto de todo. Así, a los ocupantes de las plazas traseras, por ejemplo, no les falta de nada. Pueden elegir la temperatura, el sonido...

Claro que poco tienen que envidiar los que se sienten delante. Allí, Audi ha desplegado un verdadero muestrario de tecnología para arropar a los pasajeros más exquisitos.

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p> Nuestra unidad llevaba los asientos de reglajes eléctricos, que cuestan 1.245 euros. Gracias a ellos, encontrar la postura al volante es muy sencillo. Una vez lograda, nos damos cuenta de que tiene poco que ver con la posición típica de un todo terreno. Hay que mirar fuera del coche para recordar que no vamos en una berlina de gama alta, sino en una especie de acorazado del glamour desde el que dominamos perfectamente todo el entorno.

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Los que lo rozan, y lo alcanzan en muchos casos, son los materiales elegidos para confeccionar este interior. Magnífico cuero, plásticos de primera calidad... Todo lo que uno espera de un Audi de gama alta. Lo mismo se puede decir de los ajustes y los acabados, que no admiten tacha. A nosotros, en cambio, lo que no nos acaba de convencer es la estética. Es un habitáculo bonito, sí, y cálido, pero no emociona. Es demasiado sobrio, excesivamente serio y formal. Un punto más de imaginación sería de agradecer.

Donde casi no hay peros es en el equipamiento. Aquí Audi echa el resto y coloca en el Q7 algunos de sus más vanguardistas elementos, como el sistema Side Assist, que detecta la presencia de otros coches en los laterales del Q7 y nos la advierte con señales luminosas emitidas desde el retrovisor para que no intentemos cambios de carril. Al principio parece una frivolidad, pero rápidamente nos damos cuenta de lo bien que funciona y lo útil que es.

Igual de útil es el aparcamiento asistido con cámara, una opción que cuesta 1.530 euros pero que se agradece sobremanera en un coche de tal envergadura. Y eso que es bastante maniobrable pero no viene de más la ayuda de la cámara.

Aparte de estas opciones interesantes, hay una dotación de serie muy amplia. En el apartado mecánico destaca la combinación de controles de estabilidad, tracción, ayuda a la frenada de emergencia, crucero... Una batería electrónica para mantener siempre el coche dentro de unos cauces civilizados. Además, hay que destacar los neumáticos de serie, que son unos importantes 235/60 R18. Claro que nuestra unidad montaba los 275/45 R 20, una opción que subraya la musculatura del Q7, pero que, a cambio, lo deja sin rueda de repuesto: no cabe en el hueco. Además, si se montan los siete asientos, no cabe tampoco la rueda de repuesto de un juego de neumáticos convencionales, con lo que Audi coloca un kit antipinchazos. Este detalle no nos convence y es una pena que un coche tan completo tenga este inconveniente.

En cuanto a la dotación de confort, los ocupantes del Q7 no pueden quejarse: un completísimo ordenador de a bordo, equipo de sonido con cargador de CD, climatizador multizona y, en nuestra unidad, asientos delanteros con reglajes eléctricos (1.245 euros) y calefacción (435 euros), navegador (2.690 euros), tapicería de cuero (3.480 euros) y muchos detalles más para hacer del coche un lugar terriblemente cómodo. Eso sí: no nos ha gustado nada el manejo del climatizador: demasiados botones para funciones muy sencillas.

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p> Este Audi, como todos los de gama alta, incluye el módulo de control MMI, que, montado sobre la consola central, da acceso al ordenador y al uso de un buen número de funciones del vehículo.

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