Audi A8: coherencia

Con un diseño suficientemente vanguardista en el plano estético, desde que en 2005 se adoptó la nueva parrilla delantera, no se ha considerado necesario llevar a cabo profundos cambios en el nuevo A8, que sí presenta modificaciones interesantes en otros aspectos de su configuración.
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Audi A8: coherencia
Audi A8: coherencia

El nacimiento del Audi A8 empezó a gestarse cuando, en 1988, se incorporó el motor V8 a la carrocería del Audi 100, pero hubo que esperar hasta 1994 para que el modelo naciera como tal y tomara su actual denominación. Con modificaciones dirigidas a una actualización más o menos profunda, se mantuvo vigente hasta la aparición de la denominada segunda generación en 2002. Su imagen actual se mantiene casi invariada desde que en el año 2005 se adoptó la parrilla delantera, de similar corte a la del A6 y que se ha posicionado como un rasgo identificativo de todos los modelos de la marca. En esta nueva remodelación se mantiene la estética principal, con buen criterio. Y es que, en modelos de esta categoría, no siempre son bien recibidos los cambios, sobre todo cuando son muy radicales o excesivamente futuristas.

El nuevo Audi A8 no representa, por tanto, una nueva generación de modelo, pero muestra unos cambios de cierta entidad, por lo que no sería justo definirlo como un mero “restyling” estético. En primer lugar, porque su aspecto visual es una de las cosas que menos cambios experimenta y, en segundo, porque algunas de las modificaciones técnicas que incorpora tienen importantes repercusiones en el resultado del coche como conjunto. El nuevo motor, los retoques en la suspensión y el profundo trabajo llevado a cabo en el interior dejan entrever el salto cualitativo que los responsables de la marca han querido llevar a cabo, con la evidente intención de posicionar el modelo en la parte más alta del “ranking” de esta, siempre difícil, categoría.

Sin lugar a dudas, es el nuevo motor la novedad más significativa de esta edición del Audi A8. Se trata del V6 de 2,8 litros que ya monta la gama A6, pero que, para la ocasión, estrena la nueva distribución variable Valvelift, presentada de manera individual por Audi como novedad técnica y que ahora pasa a formar parte del legado técnico de esta mecánica.

Bajo la denominación Valvelift se esconde un ingenioso sistema de distribución variable.

El nacimiento del Audi A8 empezó a gestarse cuando, en 1988, se incorporó el motor V8 a la carrocería del Audi 100, pero hubo que esperar hasta 1994 para que el modelo naciera como tal y tomara su actual denominación. Con modificaciones dirigidas a una actualización más o menos profunda, se mantuvo vigente hasta la aparición de la denominada segunda generación en 2002. Su imagen actual se mantiene casi invariada desde que en el año 2005 se adoptó la parrilla delantera, de similar corte a la del A6 y que se ha posicionado como un rasgo identificativo de todos los modelos de la marca. En esta nueva remodelación se mantiene la estética principal, con buen criterio. Y es que, en modelos de esta categoría, no siempre son bien recibidos los cambios, sobre todo cuando son muy radicales o excesivamente futuristas.

El nuevo Audi A8 no representa, por tanto, una nueva generación de modelo, pero muestra unos cambios de cierta entidad, por lo que no sería justo definirlo como un mero “restyling” estético. En primer lugar, porque su aspecto visual es una de las cosas que menos cambios experimenta y, en segundo, porque algunas de las modificaciones técnicas que incorpora tienen importantes repercusiones en el resultado del coche como conjunto. El nuevo motor, los retoques en la suspensión y el profundo trabajo llevado a cabo en el interior dejan entrever el salto cualitativo que los responsables de la marca han querido llevar a cabo, con la evidente intención de posicionar el modelo en la parte más alta del “ranking” de esta, siempre difícil, categoría.

Sin lugar a dudas, es el nuevo motor la novedad más significativa de esta edición del Audi A8. Se trata del V6 de 2,8 litros que ya monta la gama A6, pero que, para la ocasión, estrena la nueva distribución variable Valvelift, presentada de manera individual por Audi como novedad técnica y que ahora pasa a formar parte del legado técnico de esta mecánica.

Bajo la denominación Valvelift se esconde un ingenioso sistema de distribución variable.

El nacimiento del Audi A8 empezó a gestarse cuando, en 1988, se incorporó el motor V8 a la carrocería del Audi 100, pero hubo que esperar hasta 1994 para que el modelo naciera como tal y tomara su actual denominación. Con modificaciones dirigidas a una actualización más o menos profunda, se mantuvo vigente hasta la aparición de la denominada segunda generación en 2002. Su imagen actual se mantiene casi invariada desde que en el año 2005 se adoptó la parrilla delantera, de similar corte a la del A6 y que se ha posicionado como un rasgo identificativo de todos los modelos de la marca. En esta nueva remodelación se mantiene la estética principal, con buen criterio. Y es que, en modelos de esta categoría, no siempre son bien recibidos los cambios, sobre todo cuando son muy radicales o excesivamente futuristas.

El nuevo Audi A8 no representa, por tanto, una nueva generación de modelo, pero muestra unos cambios de cierta entidad, por lo que no sería justo definirlo como un mero “restyling” estético. En primer lugar, porque su aspecto visual es una de las cosas que menos cambios experimenta y, en segundo, porque algunas de las modificaciones técnicas que incorpora tienen importantes repercusiones en el resultado del coche como conjunto. El nuevo motor, los retoques en la suspensión y el profundo trabajo llevado a cabo en el interior dejan entrever el salto cualitativo que los responsables de la marca han querido llevar a cabo, con la evidente intención de posicionar el modelo en la parte más alta del “ranking” de esta, siempre difícil, categoría.

Sin lugar a dudas, es el nuevo motor la novedad más significativa de esta edición del Audi A8. Se trata del V6 de 2,8 litros que ya monta la gama A6, pero que, para la ocasión, estrena la nueva distribución variable Valvelift, presentada de manera individual por Audi como novedad técnica y que ahora pasa a formar parte del legado técnico de esta mecánica.

Bajo la denominación Valvelift se esconde un ingenioso sistema de distribución variable.

El nacimiento del Audi A8 empezó a gestarse cuando, en 1988, se incorporó el motor V8 a la carrocería del Audi 100, pero hubo que esperar hasta 1994 para que el modelo naciera como tal y tomara su actual denominación. Con modificaciones dirigidas a una actualización más o menos profunda, se mantuvo vigente hasta la aparición de la denominada segunda generación en 2002. Su imagen actual se mantiene casi invariada desde que en el año 2005 se adoptó la parrilla delantera, de similar corte a la del A6 y que se ha posicionado como un rasgo identificativo de todos los modelos de la marca. En esta nueva remodelación se mantiene la estética principal, con buen criterio. Y es que, en modelos de esta categoría, no siempre son bien recibidos los cambios, sobre todo cuando son muy radicales o excesivamente futuristas.

El nuevo Audi A8 no representa, por tanto, una nueva generación de modelo, pero muestra unos cambios de cierta entidad, por lo que no sería justo definirlo como un mero “restyling” estético. En primer lugar, porque su aspecto visual es una de las cosas que menos cambios experimenta y, en segundo, porque algunas de las modificaciones técnicas que incorpora tienen importantes repercusiones en el resultado del coche como conjunto. El nuevo motor, los retoques en la suspensión y el profundo trabajo llevado a cabo en el interior dejan entrever el salto cualitativo que los responsables de la marca han querido llevar a cabo, con la evidente intención de posicionar el modelo en la parte más alta del “ranking” de esta, siempre difícil, categoría.

Sin lugar a dudas, es el nuevo motor la novedad más significativa de esta edición del Audi A8. Se trata del V6 de 2,8 litros que ya monta la gama A6, pero que, para la ocasión, estrena la nueva distribución variable Valvelift, presentada de manera individual por Audi como novedad técnica y que ahora pasa a formar parte del legado técnico de esta mecánica.

Bajo la denominación Valvelift se esconde un ingenioso sistema de distribución variable.

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