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Audi A5 3.0 TDI quattro y BMW 330 xd

Al igual que en la Copa América de vela, en esta comparativa también existe un desafiante y un defensor. El A5 3.0 TDI quattro reta al BMW 330 xd coupé, con sus mismas armas y en un enfrentamiento cara a cara. ¿Quién ganará la regata?
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Audi A5 3.0 TDI quattro y BMW 330 xd
Audi A5 3.0 TDI quattro y BMW 330 xd

No sólo es atractiva la cifra de potencia que ofrecen estos dos modelos. Tratándose de motores Diesel resulta, incluso, más interesante, el par que obtienen sus respectivos seis cilindros, en línea para el BMW y en V para el Audi. Es más, gracias a la tracción integral permanente, la transferencia de dicho par es mucho más efectiva. El propulsor del A5 es el mismo que montan otros modelos de la gama, como el A6 o el A4. Su eficiencia viene ligada a la tracción integral, tal como hemos comentado antes. Se trata de un propulsor de carácter suave y agradable, sin comparación con los cuatro cilindros TDI de la marca, más ásperos y ruidosos. Si le tuviéramos que poner algún pero a este V6 sería la respuesta hasta las 1.800 rpm, que es algo escasa. Pero a partir de ahí sube de vueltas de forma progresiva y enérgica, sin el más mínimo bache. En la zona media y alta del cuentarrevoluciones es donde más se disfruta. Este propulsor es ligeramente más glotón que el de su rival, quizá por eso también “anda” más frente a un cronómetro. En todo caso, a velocidades relajadas la autonomía parece no tener límites.

Del propulsor del BMW nos ha gustado casi todo. Tiene un empuje contundente desde el ralentí, es progresivo y muy suave, más, incluso, que su rival. En el apartado de la sonoridad también mejora al Audi, sobre todo en las plazas posteriores. No sucede lo mismo en las prestaciones, más favorables al modelo de los cuatro aros. Una de las mejores virtudes de este seis en línea es la relación prestaciones/consumos. Su avanzada gestión electrónica, unida a adelantos tecnológicos como el alternador inteligente —se desactiva en aceleración— o las bombas de funcionamiento variable —la del refrigerante no funciona hasta que el motor no está caliente—, logran unos consumos de record. Por último, comentar que, en ambos, la transmisión es manual de seis relaciones, con un tacto preciso en los dos modelos y unos desarrollos muy parecidos, en cualquier caso correctos.

Nos encontramos con dos modelos de características muy similares en lo que respecta al apartado de vida a bordo. En ambos, la calidad de realización está a un nivel elevado, como es de esperar en marcas de este segmento. El equipamiento es en los dos muy completo, aunque algo más en el 330 xd, que incluye de serie faros bixenón y asientos eléctricos. También es verdad que es algo más caro, por lo que igualando los elementos, casi no se diferencian en el apartado económico. En ambos la posición de conducción es correcta, con todos los reglajes deseables, tanto de asiento como de volante. El A5 parece contar a su favor con unas mayores cotas en dichos reglajes, por lo que los conductores más altos estarán más a gusto. En el BMW la posición de al volante es apreciablemente más elevada. Los dos pasajeros que intenten sentarse en las plazas traseras tendrán que flexionar el cuerpo para acceder y salir del vehículo, pese a la ayuda que supone en el A5 el desplazamiento eléctrico de los asientos delanteros, pulsando un botón situado sobre el respaldo. En cuanto a los sistemas de información, el MMI de Audi es más fácil e intuitivo de usar que el iDrive de BMW, aunque los dos estén basados en el mismo principio de un mando central multifunción de control. En el Audi, además, existen teclas de acceso directo para facilitar su uso. En el cuadro de relojes del BMW volvemos a echar en falta la aguja de la temperatura del líquido refrigerante.

Hemos decidido otorgarles la máxima puntuación en el apartado de seguridad porque lo tienen prácticamente todo en esta materia. Alguno de los lectores sí se habrá percatado de que no tienen airbags de rodilla pero, tal vez, sea la única laguna. Dinámicamente, con la tracción integral permanente, la efectividad del bastidor y la facilidad de conducción, junto a los diversos sistemas de control electrónicos, se consigue que el listón de la seguridad activa se sitúe muy alto.

A priori, ambos coches podrían parecer caros. Y, hasta cierto punto, así es. 50.000 euros son, para muchos de nosotros, una cifra inalcanzable a la hora de comprarnos un coche. Además, estos dos coupés rozan el capricho, aunque según para quien, pueden ser coches perfectamente compatibles con cualquier uso, como coche único. El hecho de tratarse de motorizaciones Diesel permite incrementar mucho la autonomía en viajes largos, sobre todo si circulamos a ritmos relajados. A su favor tienen también ser modelos de marcas que, si bien al poco tiempo sufren una depreciación importante, en el largo plazo suelen mantener un valor residual considerable. Equipamientos muy completos y calidad general elevada, terminarán por convencer a los más indecisos.

No sólo es atractiva la cifra de potencia que ofrecen estos dos modelos. Tratándose de motores Diesel resulta, incluso, más interesante, el par que obtienen sus respectivos seis cilindros, en línea para el BMW y en V para el Audi. Es más, gracias a la tracción integral permanente, la transferencia de dicho par es mucho más efectiva. El propulsor del A5 es el mismo que montan otros modelos de la gama, como el A6 o el A4. Su eficiencia viene ligada a la tracción integral, tal como hemos comentado antes. Se trata de un propulsor de carácter suave y agradable, sin comparación con los cuatro cilindros TDI de la marca, más ásperos y ruidosos. Si le tuviéramos que poner algún pero a este V6 sería la respuesta hasta las 1.800 rpm, que es algo escasa. Pero a partir de ahí sube de vueltas de forma progresiva y enérgica, sin el más mínimo bache. En la zona media y alta del cuentarrevoluciones es donde más se disfruta. Este propulsor es ligeramente más glotón que el de su rival, quizá por eso también “anda” más frente a un cronómetro. En todo caso, a velocidades relajadas la autonomía parece no tener límites.

Del propulsor del BMW nos ha gustado casi todo. Tiene un empuje contundente desde el ralentí, es progresivo y muy suave, más, incluso, que su rival. En el apartado de la sonoridad también mejora al Audi, sobre todo en las plazas posteriores. No sucede lo mismo en las prestaciones, más favorables al modelo de los cuatro aros. Una de las mejores virtudes de este seis en línea es la relación prestaciones/consumos. Su avanzada gestión electrónica, unida a adelantos tecnológicos como el alternador inteligente —se desactiva en aceleración— o las bombas de funcionamiento variable —la del refrigerante no funciona hasta que el motor no está caliente—, logran unos consumos de record. Por último, comentar que, en ambos, la transmisión es manual de seis relaciones, con un tacto preciso en los dos modelos y unos desarrollos muy parecidos, en cualquier caso correctos.

Nos encontramos con dos modelos de características muy similares en lo que respecta al apartado de vida a bordo. En ambos, la calidad de realización está a un nivel elevado, como es de esperar en marcas de este segmento. El equipamiento es en los dos muy completo, aunque algo más en el 330 xd, que incluye de serie faros bixenón y asientos eléctricos. También es verdad que es algo más caro, por lo que igualando los elementos, casi no se diferencian en el apartado económico. En ambos la posición de conducción es correcta, con todos los reglajes deseables, tanto de asiento como de volante. El A5 parece contar a su favor con unas mayores cotas en dichos reglajes, por lo que los conductores más altos estarán más a gusto. En el BMW la posición de al volante es apreciablemente más elevada. Los dos pasajeros que intenten sentarse en las plazas traseras tendrán que flexionar el cuerpo para acceder y salir del vehículo, pese a la ayuda que supone en el A5 el desplazamiento eléctrico de los asientos delanteros, pulsando un botón situado sobre el respaldo. En cuanto a los sistemas de información, el MMI de Audi es más fácil e intuitivo de usar que el iDrive de BMW, aunque los dos estén basados en el mismo principio de un mando central multifunción de control. En el Audi, además, existen teclas de acceso directo para facilitar su uso. En el cuadro de relojes del BMW volvemos a echar en falta la aguja de la temperatura del líquido refrigerante.

Hemos decidido otorgarles la máxima puntuación en el apartado de seguridad porque lo tienen prácticamente todo en esta materia. Alguno de los lectores sí se habrá percatado de que no tienen airbags de rodilla pero, tal vez, sea la única laguna. Dinámicamente, con la tracción integral permanente, la efectividad del bastidor y la facilidad de conducción, junto a los diversos sistemas de control electrónicos, se consigue que el listón de la seguridad activa se sitúe muy alto.

A priori, ambos coches podrían parecer caros. Y, hasta cierto punto, así es. 50.000 euros son, para muchos de nosotros, una cifra inalcanzable a la hora de comprarnos un coche. Además, estos dos coupés rozan el capricho, aunque según para quien, pueden ser coches perfectamente compatibles con cualquier uso, como coche único. El hecho de tratarse de motorizaciones Diesel permite incrementar mucho la autonomía en viajes largos, sobre todo si circulamos a ritmos relajados. A su favor tienen también ser modelos de marcas que, si bien al poco tiempo sufren una depreciación importante, en el largo plazo suelen mantener un valor residual considerable. Equipamientos muy completos y calidad general elevada, terminarán por convencer a los más indecisos.

No sólo es atractiva la cifra de potencia que ofrecen estos dos modelos. Tratándose de motores Diesel resulta, incluso, más interesante, el par que obtienen sus respectivos seis cilindros, en línea para el BMW y en V para el Audi. Es más, gracias a la tracción integral permanente, la transferencia de dicho par es mucho más efectiva. El propulsor del A5 es el mismo que montan otros modelos de la gama, como el A6 o el A4. Su eficiencia viene ligada a la tracción integral, tal como hemos comentado antes. Se trata de un propulsor de carácter suave y agradable, sin comparación con los cuatro cilindros TDI de la marca, más ásperos y ruidosos. Si le tuviéramos que poner algún pero a este V6 sería la respuesta hasta las 1.800 rpm, que es algo escasa. Pero a partir de ahí sube de vueltas de forma progresiva y enérgica, sin el más mínimo bache. En la zona media y alta del cuentarrevoluciones es donde más se disfruta. Este propulsor es ligeramente más glotón que el de su rival, quizá por eso también “anda” más frente a un cronómetro. En todo caso, a velocidades relajadas la autonomía parece no tener límites.

Del propulsor del BMW nos ha gustado casi todo. Tiene un empuje contundente desde el ralentí, es progresivo y muy suave, más, incluso, que su rival. En el apartado de la sonoridad también mejora al Audi, sobre todo en las plazas posteriores. No sucede lo mismo en las prestaciones, más favorables al modelo de los cuatro aros. Una de las mejores virtudes de este seis en línea es la relación prestaciones/consumos. Su avanzada gestión electrónica, unida a adelantos tecnológicos como el alternador inteligente —se desactiva en aceleración— o las bombas de funcionamiento variable —la del refrigerante no funciona hasta que el motor no está caliente—, logran unos consumos de record. Por último, comentar que, en ambos, la transmisión es manual de seis relaciones, con un tacto preciso en los dos modelos y unos desarrollos muy parecidos, en cualquier caso correctos.

Nos encontramos con dos modelos de características muy similares en lo que respecta al apartado de vida a bordo. En ambos, la calidad de realización está a un nivel elevado, como es de esperar en marcas de este segmento. El equipamiento es en los dos muy completo, aunque algo más en el 330 xd, que incluye de serie faros bixenón y asientos eléctricos. También es verdad que es algo más caro, por lo que igualando los elementos, casi no se diferencian en el apartado económico. En ambos la posición de conducción es correcta, con todos los reglajes deseables, tanto de asiento como de volante. El A5 parece contar a su favor con unas mayores cotas en dichos reglajes, por lo que los conductores más altos estarán más a gusto. En el BMW la posición de al volante es apreciablemente más elevada. Los dos pasajeros que intenten sentarse en las plazas traseras tendrán que flexionar el cuerpo para acceder y salir del vehículo, pese a la ayuda que supone en el A5 el desplazamiento eléctrico de los asientos delanteros, pulsando un botón situado sobre el respaldo. En cuanto a los sistemas de información, el MMI de Audi es más fácil e intuitivo de usar que el iDrive de BMW, aunque los dos estén basados en el mismo principio de un mando central multifunción de control. En el Audi, además, existen teclas de acceso directo para facilitar su uso. En el cuadro de relojes del BMW volvemos a echar en falta la aguja de la temperatura del líquido refrigerante.

Hemos decidido otorgarles la máxima puntuación en el apartado de seguridad porque lo tienen prácticamente todo en esta materia. Alguno de los lectores sí se habrá percatado de que no tienen airbags de rodilla pero, tal vez, sea la única laguna. Dinámicamente, con la tracción integral permanente, la efectividad del bastidor y la facilidad de conducción, junto a los diversos sistemas de control electrónicos, se consigue que el listón de la seguridad activa se sitúe muy alto.

A priori, ambos coches podrían parecer caros. Y, hasta cierto punto, así es. 50.000 euros son, para muchos de nosotros, una cifra inalcanzable a la hora de comprarnos un coche. Además, estos dos coupés rozan el capricho, aunque según para quien, pueden ser coches perfectamente compatibles con cualquier uso, como coche único. El hecho de tratarse de motorizaciones Diesel permite incrementar mucho la autonomía en viajes largos, sobre todo si circulamos a ritmos relajados. A su favor tienen también ser modelos de marcas que, si bien al poco tiempo sufren una depreciación importante, en el largo plazo suelen mantener un valor residual considerable. Equipamientos muy completos y calidad general elevada, terminarán por convencer a los más indecisos.

No sólo es atractiva la cifra de potencia que ofrecen estos dos modelos. Tratándose de motores Diesel resulta, incluso, más interesante, el par que obtienen sus respectivos seis cilindros, en línea para el BMW y en V para el Audi. Es más, gracias a la tracción integral permanente, la transferencia de dicho par es mucho más efectiva. El propulsor del A5 es el mismo que montan otros modelos de la gama, como el A6 o el A4. Su eficiencia viene ligada a la tracción integral, tal como hemos comentado antes. Se trata de un propulsor de carácter suave y agradable, sin comparación con los cuatro cilindros TDI de la marca, más ásperos y ruidosos. Si le tuviéramos que poner algún pero a este V6 sería la respuesta hasta las 1.800 rpm, que es algo escasa. Pero a partir de ahí sube de vueltas de forma progresiva y enérgica, sin el más mínimo bache. En la zona media y alta del cuentarrevoluciones es donde más se disfruta. Este propulsor es ligeramente más glotón que el de su rival, quizá por eso también “anda” más frente a un cronómetro. En todo caso, a velocidades relajadas la autonomía parece no tener límites.

Del propulsor del BMW nos ha gustado casi todo. Tiene un empuje contundente desde el ralentí, es progresivo y muy suave, más, incluso, que su rival. En el apartado de la sonoridad también mejora al Audi, sobre todo en las plazas posteriores. No sucede lo mismo en las prestaciones, más favorables al modelo de los cuatro aros. Una de las mejores virtudes de este seis en línea es la relación prestaciones/consumos. Su avanzada gestión electrónica, unida a adelantos tecnológicos como el alternador inteligente —se desactiva en aceleración— o las bombas de funcionamiento variable —la del refrigerante no funciona hasta que el motor no está caliente—, logran unos consumos de record. Por último, comentar que, en ambos, la transmisión es manual de seis relaciones, con un tacto preciso en los dos modelos y unos desarrollos muy parecidos, en cualquier caso correctos.

Nos encontramos con dos modelos de características muy similares en lo que respecta al apartado de vida a bordo. En ambos, la calidad de realización está a un nivel elevado, como es de esperar en marcas de este segmento. El equipamiento es en los dos muy completo, aunque algo más en el 330 xd, que incluye de serie faros bixenón y asientos eléctricos. También es verdad que es algo más caro, por lo que igualando los elementos, casi no se diferencian en el apartado económico. En ambos la posición de conducción es correcta, con todos los reglajes deseables, tanto de asiento como de volante. El A5 parece contar a su favor con unas mayores cotas en dichos reglajes, por lo que los conductores más altos estarán más a gusto. En el BMW la posición de al volante es apreciablemente más elevada. Los dos pasajeros que intenten sentarse en las plazas traseras tendrán que flexionar el cuerpo para acceder y salir del vehículo, pese a la ayuda que supone en el A5 el desplazamiento eléctrico de los asientos delanteros, pulsando un botón situado sobre el respaldo. En cuanto a los sistemas de información, el MMI de Audi es más fácil e intuitivo de usar que el iDrive de BMW, aunque los dos estén basados en el mismo principio de un mando central multifunción de control. En el Audi, además, existen teclas de acceso directo para facilitar su uso. En el cuadro de relojes del BMW volvemos a echar en falta la aguja de la temperatura del líquido refrigerante.

Hemos decidido otorgarles la máxima puntuación en el apartado de seguridad porque lo tienen prácticamente todo en esta materia. Alguno de los lectores sí se habrá percatado de que no tienen airbags de rodilla pero, tal vez, sea la única laguna. Dinámicamente, con la tracción integral permanente, la efectividad del bastidor y la facilidad de conducción, junto a los diversos sistemas de control electrónicos, se consigue que el listón de la seguridad activa se sitúe muy alto.

A priori, ambos coches podrían parecer caros. Y, hasta cierto punto, así es. 50.000 euros son, para muchos de nosotros, una cifra inalcanzable a la hora de comprarnos un coche. Además, estos dos coupés rozan el capricho, aunque según para quien, pueden ser coches perfectamente compatibles con cualquier uso, como coche único. El hecho de tratarse de motorizaciones Diesel permite incrementar mucho la autonomía en viajes largos, sobre todo si circulamos a ritmos relajados. A su favor tienen también ser modelos de marcas que, si bien al poco tiempo sufren una depreciación importante, en el largo plazo suelen mantener un valor residual considerable. Equipamientos muy completos y calidad general elevada, terminarán por convencer a los más indecisos.

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