Audi A5 3.2 FSI frente a BMW 335i coupé

Da igual los modelos, mientras sea una comparativa Audi/BMW, la rivalidad está servida. Con estos dos coches Audi y BMW emplean dos formas muy distintas para llegar a un mismo fin: tener el mejor coupé deportivo del segmento; os anticipamos que las dos marcas lo consiguen, eso sí, cada una apuntando a un cliente muy distinto ¿cuál es el tuyo?
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Audi A5 3.2 FSI frente a BMW 335i coupé
Audi A5 3.2 FSI frente a BMW 335i coupé

En el límite de sus bastidores encontramos una curiosa situación. En los dos casos tenemos unos chasis muy buenos que permiten un elevado paso por curva. Sin embargo, para ir al mismo ritmo elevado, el BMW hay que pilotarlo mientras que el Audi es mucho más fácil de conducir. Esto permite al A5 ir a la misma velocidad que el 335i, a pesar de su menor potencia. Son dos personalidades muy distintas y a pesar de ello las dos nos gustan. En esta situación se dosifica mejor la potencia en el Audi, puesto que el BMW aporta su lógico sobreviraje, que obliga a estar todavía más atento al volante, pero que ofrece mayor satisfacción para los conductores ávidos de sensaciones dinámicas. Con toda la electrónica conectada, en los dos coches uno puede llegar a ser mejor conductor de lo que es, porque tienen muy buena gestión, pero con ella desconectada, sobre todo en el BMW, para ir rápido hay que tener las cosas muy claras y estar seguro de lo que se hace, porque estos coches corren y mucho.

La mejor definición que se nos ocurre del motor del BMW 335i es: salvaje. Corre como un misil, recupera como otro, es tan tranquilo o contundente como el conductor precise y encima tiene un consumo medio real –11 l/100 km- que más quisieran motores de mucha menor potencia. Si tienes oportunidad de subirte a este coche, haz la prueba: desde apenas 600 vueltas y en sexta, pisa el acelerador a fondo y verás como el coche acelera sin titubeos y con fuerza hasta el final de su régimen, o más bien hasta que el límite electrónico de la velocidad le mantiene a 250 km/h como máximo. Su tecnología de doble turbo –uno para cada tres cilindros- se muestra como una acertada opción.

Por su parte, el motor del Audi es el ya conocido 3.2 FSI, pero que en esta ocasión va acompañado de serie de la última generación de cambio Multitronic. Se trata de una caja de cambios automática por variador en continuo que funciona de maravilla. Dispone de modo automático, en el que no hay transiciones entre marchas –porque técnicamente no las tiene- y cuenta con 8 preselecciones que hacen las veces de marchas. Tanto si se va tranquilo como si se practica conducción deportiva, este cambio aúna confort, rapidez y efectividad; más confortable que un convertidor de par, más rápido que uno manual.

Con el cronómetro en la mano, el BMW es de media entre uno y dos segundos más rápido que el Audi; encontramos datos tan interesantes como los 24,5 segundos que tarda en hacer los primeros 1.000 metros –24,2 s tarda un M3-, el 0 a 100 km/h de 5,33 segundos –5,38 s emplea el M3 que además cuenta con autoblocante- o los 5,8 s que tarda en pasar de 80 a 120 km/h en quinta velocidad, es decir, 1,3 segundos más rápido que un M3 en esta misma medición, y todo ello gastando unos 2,1 litros menos cada 100 km que su deportivo hermano mayor. Comparado con el Audi, que no es nada lento, el 335i es mucho más rápido en aceleraciones, aunque, como hemos visto antes, a la hora de meterse en faena y para un conductor medio, el bastidor iguala el resultado final entre ambos, sobre todo si hay muchas curvas y pocas rectas. En los adelantamientos el A5 es más veloz gracias al cambio automático, que no mantiene el bloqueo de marcha y reduce el desarrollo para salir airoso. Tanto el tacto de freno como las distancias en las que paran son buenas en los dos modelos, que se mueven en un deportivo margen.

¿Cuál es el tuyo?
Vida interior

En el límite de sus bastidores encontramos una curiosa situación. En los dos casos tenemos unos chasis muy buenos que permiten un elevado paso por curva. Sin embargo, para ir al mismo ritmo elevado, el BMW hay que pilotarlo mientras que el Audi es mucho más fácil de conducir. Esto permite al A5 ir a la misma velocidad que el 335i, a pesar de su menor potencia. Son dos personalidades muy distintas y a pesar de ello las dos nos gustan. En esta situación se dosifica mejor la potencia en el Audi, puesto que el BMW aporta su lógico sobreviraje, que obliga a estar todavía más atento al volante, pero que ofrece mayor satisfacción para los conductores ávidos de sensaciones dinámicas. Con toda la electrónica conectada, en los dos coches uno puede llegar a ser mejor conductor de lo que es, porque tienen muy buena gestión, pero con ella desconectada, sobre todo en el BMW, para ir rápido hay que tener las cosas muy claras y estar seguro de lo que se hace, porque estos coches corren y mucho.

La mejor definición que se nos ocurre del motor del BMW 335i es: salvaje. Corre como un misil, recupera como otro, es tan tranquilo o contundente como el conductor precise y encima tiene un consumo medio real –11 l/100 km- que más quisieran motores de mucha menor potencia. Si tienes oportunidad de subirte a este coche, haz la prueba: desde apenas 600 vueltas y en sexta, pisa el acelerador a fondo y verás como el coche acelera sin titubeos y con fuerza hasta el final de su régimen, o más bien hasta que el límite electrónico de la velocidad le mantiene a 250 km/h como máximo. Su tecnología de doble turbo –uno para cada tres cilindros- se muestra como una acertada opción.

Por su parte, el motor del Audi es el ya conocido 3.2 FSI, pero que en esta ocasión va acompañado de serie de la última generación de cambio Multitronic. Se trata de una caja de cambios automática por variador en continuo que funciona de maravilla. Dispone de modo automático, en el que no hay transiciones entre marchas –porque técnicamente no las tiene- y cuenta con 8 preselecciones que hacen las veces de marchas. Tanto si se va tranquilo como si se practica conducción deportiva, este cambio aúna confort, rapidez y efectividad; más confortable que un convertidor de par, más rápido que uno manual.

Con el cronómetro en la mano, el BMW es de media entre uno y dos segundos más rápido que el Audi; encontramos datos tan interesantes como los 24,5 segundos que tarda en hacer los primeros 1.000 metros –24,2 s tarda un M3-, el 0 a 100 km/h de 5,33 segundos –5,38 s emplea el M3 que además cuenta con autoblocante- o los 5,8 s que tarda en pasar de 80 a 120 km/h en quinta velocidad, es decir, 1,3 segundos más rápido que un M3 en esta misma medición, y todo ello gastando unos 2,1 litros menos cada 100 km que su deportivo hermano mayor. Comparado con el Audi, que no es nada lento, el 335i es mucho más rápido en aceleraciones, aunque, como hemos visto antes, a la hora de meterse en faena y para un conductor medio, el bastidor iguala el resultado final entre ambos, sobre todo si hay muchas curvas y pocas rectas. En los adelantamientos el A5 es más veloz gracias al cambio automático, que no mantiene el bloqueo de marcha y reduce el desarrollo para salir airoso. Tanto el tacto de freno como las distancias en las que paran son buenas en los dos modelos, que se mueven en un deportivo margen.

¿Cuál es el tuyo?
Vida interior

En el límite de sus bastidores encontramos una curiosa situación. En los dos casos tenemos unos chasis muy buenos que permiten un elevado paso por curva. Sin embargo, para ir al mismo ritmo elevado, el BMW hay que pilotarlo mientras que el Audi es mucho más fácil de conducir. Esto permite al A5 ir a la misma velocidad que el 335i, a pesar de su menor potencia. Son dos personalidades muy distintas y a pesar de ello las dos nos gustan. En esta situación se dosifica mejor la potencia en el Audi, puesto que el BMW aporta su lógico sobreviraje, que obliga a estar todavía más atento al volante, pero que ofrece mayor satisfacción para los conductores ávidos de sensaciones dinámicas. Con toda la electrónica conectada, en los dos coches uno puede llegar a ser mejor conductor de lo que es, porque tienen muy buena gestión, pero con ella desconectada, sobre todo en el BMW, para ir rápido hay que tener las cosas muy claras y estar seguro de lo que se hace, porque estos coches corren y mucho.

La mejor definición que se nos ocurre del motor del BMW 335i es: salvaje. Corre como un misil, recupera como otro, es tan tranquilo o contundente como el conductor precise y encima tiene un consumo medio real –11 l/100 km- que más quisieran motores de mucha menor potencia. Si tienes oportunidad de subirte a este coche, haz la prueba: desde apenas 600 vueltas y en sexta, pisa el acelerador a fondo y verás como el coche acelera sin titubeos y con fuerza hasta el final de su régimen, o más bien hasta que el límite electrónico de la velocidad le mantiene a 250 km/h como máximo. Su tecnología de doble turbo –uno para cada tres cilindros- se muestra como una acertada opción.

Por su parte, el motor del Audi es el ya conocido 3.2 FSI, pero que en esta ocasión va acompañado de serie de la última generación de cambio Multitronic. Se trata de una caja de cambios automática por variador en continuo que funciona de maravilla. Dispone de modo automático, en el que no hay transiciones entre marchas –porque técnicamente no las tiene- y cuenta con 8 preselecciones que hacen las veces de marchas. Tanto si se va tranquilo como si se practica conducción deportiva, este cambio aúna confort, rapidez y efectividad; más confortable que un convertidor de par, más rápido que uno manual.

Con el cronómetro en la mano, el BMW es de media entre uno y dos segundos más rápido que el Audi; encontramos datos tan interesantes como los 24,5 segundos que tarda en hacer los primeros 1.000 metros –24,2 s tarda un M3-, el 0 a 100 km/h de 5,33 segundos –5,38 s emplea el M3 que además cuenta con autoblocante- o los 5,8 s que tarda en pasar de 80 a 120 km/h en quinta velocidad, es decir, 1,3 segundos más rápido que un M3 en esta misma medición, y todo ello gastando unos 2,1 litros menos cada 100 km que su deportivo hermano mayor. Comparado con el Audi, que no es nada lento, el 335i es mucho más rápido en aceleraciones, aunque, como hemos visto antes, a la hora de meterse en faena y para un conductor medio, el bastidor iguala el resultado final entre ambos, sobre todo si hay muchas curvas y pocas rectas. En los adelantamientos el A5 es más veloz gracias al cambio automático, que no mantiene el bloqueo de marcha y reduce el desarrollo para salir airoso. Tanto el tacto de freno como las distancias en las que paran son buenas en los dos modelos, que se mueven en un deportivo margen.

¿Cuál es el tuyo?
Vida interior

En el límite de sus bastidores encontramos una curiosa situación. En los dos casos tenemos unos chasis muy buenos que permiten un elevado paso por curva. Sin embargo, para ir al mismo ritmo elevado, el BMW hay que pilotarlo mientras que el Audi es mucho más fácil de conducir. Esto permite al A5 ir a la misma velocidad que el 335i, a pesar de su menor potencia. Son dos personalidades muy distintas y a pesar de ello las dos nos gustan. En esta situación se dosifica mejor la potencia en el Audi, puesto que el BMW aporta su lógico sobreviraje, que obliga a estar todavía más atento al volante, pero que ofrece mayor satisfacción para los conductores ávidos de sensaciones dinámicas. Con toda la electrónica conectada, en los dos coches uno puede llegar a ser mejor conductor de lo que es, porque tienen muy buena gestión, pero con ella desconectada, sobre todo en el BMW, para ir rápido hay que tener las cosas muy claras y estar seguro de lo que se hace, porque estos coches corren y mucho.

La mejor definición que se nos ocurre del motor del BMW 335i es: salvaje. Corre como un misil, recupera como otro, es tan tranquilo o contundente como el conductor precise y encima tiene un consumo medio real –11 l/100 km- que más quisieran motores de mucha menor potencia. Si tienes oportunidad de subirte a este coche, haz la prueba: desde apenas 600 vueltas y en sexta, pisa el acelerador a fondo y verás como el coche acelera sin titubeos y con fuerza hasta el final de su régimen, o más bien hasta que el límite electrónico de la velocidad le mantiene a 250 km/h como máximo. Su tecnología de doble turbo –uno para cada tres cilindros- se muestra como una acertada opción.

Por su parte, el motor del Audi es el ya conocido 3.2 FSI, pero que en esta ocasión va acompañado de serie de la última generación de cambio Multitronic. Se trata de una caja de cambios automática por variador en continuo que funciona de maravilla. Dispone de modo automático, en el que no hay transiciones entre marchas –porque técnicamente no las tiene- y cuenta con 8 preselecciones que hacen las veces de marchas. Tanto si se va tranquilo como si se practica conducción deportiva, este cambio aúna confort, rapidez y efectividad; más confortable que un convertidor de par, más rápido que uno manual.

Con el cronómetro en la mano, el BMW es de media entre uno y dos segundos más rápido que el Audi; encontramos datos tan interesantes como los 24,5 segundos que tarda en hacer los primeros 1.000 metros –24,2 s tarda un M3-, el 0 a 100 km/h de 5,33 segundos –5,38 s emplea el M3 que además cuenta con autoblocante- o los 5,8 s que tarda en pasar de 80 a 120 km/h en quinta velocidad, es decir, 1,3 segundos más rápido que un M3 en esta misma medición, y todo ello gastando unos 2,1 litros menos cada 100 km que su deportivo hermano mayor. Comparado con el Audi, que no es nada lento, el 335i es mucho más rápido en aceleraciones, aunque, como hemos visto antes, a la hora de meterse en faena y para un conductor medio, el bastidor iguala el resultado final entre ambos, sobre todo si hay muchas curvas y pocas rectas. En los adelantamientos el A5 es más veloz gracias al cambio automático, que no mantiene el bloqueo de marcha y reduce el desarrollo para salir airoso. Tanto el tacto de freno como las distancias en las que paran son buenas en los dos modelos, que se mueven en un deportivo margen.

¿Cuál es el tuyo?
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