Audi Q3 2.0 TDI quattro S tronic 7 vel.

El pequeño de la familia Q es un coche que sirve para casi todo. Por tamaño resulta ágil incluso en ciudad, pero sin perder la practicidad de un SUV, y en carretera se defiende de lujo gracias a la tracción total, a la mecánica Diesel de 177 CV y a su cambio de doble embrague.
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Audi Q3 2.0 TDI quattro S tronic 7 vel.
Audi Q3 2.0 TDI quattro S tronic 7 vel.

Audi ha recurrido a la plataforma del Volkswagen Tiguan para realizar su Q3, un SUV de 4,38 metros fabricado en España. No obstante, su personalidad queda bastante diferenciada respecto al modelo del que toma la base, algo obligado teniendo en cuenta su enfoque premium. Han sabido darle una mayor sofisticación, así como un tacto de conducción típico de la firma de los cuatro aros. Del mismo modo, y como es habitual en Audi, materiales, ajustes y diseño interior están muy cuidados, aunque la unidad probada tenía el módulo de los controles del climatizador un poco mal sujeto. Suponemos que se trata de un caso aislado.

Pese a sus dimensiones relativamente contenidas, dentro hay suficientes compartimentos para depositar todo lo que llevemos en los bolsillos. Funcionalmente es como cualquier compacto, es decir, muy correcto, además ofrece buenas soluciones de practicidad ya vistas en la casa Audi, como ganchos para bolsas de la compra y para la chaqueta. Metro en mano, su habitabilidad está al mismo nivel de un BMW X1, si bien cuenta con algo más de espacio para los codos delante, aunque con unas plazas traseras menos generosas en anchura y altura, por lo que tres adultos irán demasiado apretados. La diferencia de maletero es de 40 dm3 a favor del BMW X1.

La postura de conducción es buena, aunque el reglaje del volante no baja tanto como quisiéramos, lo que nos obliga a elevar la posición del asiento para estar cómodos. Al ser un coche alto contamos con una perspectiva dominante del tráfico que nos rodea, lo que puede aportar cierta seguridad. Por su parte, los faros bi-xenón direccionales (1.600 euros en total) brindan muy buena visibilidad en condiciones nocturnas, además incluyen una característica luz diurna de tipo LED que identifica al modelo al primer golpe de vista. Como cabría esperar, no faltan sistemas que mejoran el confort y el agrado de uso, pero la mayoría de ellos son opcionales. La llave inteligente con arranque por botón o una moderna iluminación ambiental blanca que rodea los altavoces delanteros sirven para amenizar la vida a bordo del Q3. También el techo panorámico, que es practicable a diferencia del que puede equipar el Range Rover Evoque, mejora la sensación de lujo.

En lo referente a dinamismo, nuestra unidad de pruebas empleaba una configuración mecánica de probada eficacia, el propulsor 2.0 TDI de 177 CV en combinación con cambio de doble embrague de 7 velocidades. Prestaciones y agrado de uso no tienen pega alguna, tanto por motor como por el buen funcionamiento de la transmisión, ya sea en modo manual o automático. Generosos bajos se unen a una respuesta rápida y contundente en toda la banda de revoluciones, junto con una lograda gestión del S tronic, que es capaz de primar la eficiencia utilizando marchas largas en condiciones de conducción normales, o bien de “exprimir” de la mejor manera posible cada CV sin que haya brusquedades. Brillante en este apartado, como se puede apreciar en nuestra tabla de mediciones.

Y en cuanto a comportamiento, la facilidad de conducción es la nota predominante. Es ágil gracias al incisivo tren delantero, que reacciona con inmediatez a las órdenes de una dirección bastante asistida, y apenas muestra síntomas de subviraje si tomas una curva más rápido de lo aconsejable. En este caso, el eje trasero ayuda a redondear el giro de manera más eficaz que progresiva, quizá por el alto agarre de los neumáticos 235/50 R18 (235/55 R17 de serie). El Audi Q3 permite un ritmo de marcha muy elevado incluso en zonas reviradas y, pese a que su conducción no apasiona, resulta un coche muy agradable y con una buena dosis de comodidad. Es muy estable, pero la sensación de aplomo es menor que la de un BMW X1 o un Range Rover Evoque, por su menor distancia entre ejes y porque resulta más sensible a las transferencias de masas, abriendo el giro al acelerar y cerrándolo al levantar el pie derecho, también a poca velocidad. En definitiva, un SUV manejable y sofisticado que se adapta a cualquier entorno y situación.

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