Alfa 159 SW 1.9 y Citroën C5 T 2.0 HDi S

Son las dos caras de la moneda del segmento de las berlinas familiares Diesel, dos coches con planteamientos casi opuestos, pero con rasgos comunes en cuanto a practicidad y versatilidad.
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Alfa 159 SW 1.9 y Citroën C5 T 2.0 HDi S
Alfa 159 SW 1.9 y Citroën C5 T 2.0 HDi S

El primer Alfa Sportwagon revolucionó en su momento el diseño de los modelos familiares añadiendo a este segmento una fuerte dosis de personalidad. Desde entonces estas carrocerías han sufrido una notable evolución y ya no son apreciadas únicamente por sus cualidades prácticas, sino también, en muchos casos, por su estética. Respecto a una berlina convencional todo o casi todo son ventajas, por lo que representan una alternativa muy interesante.

En esta ocasión hemos querido enfrentar a dos modelos que bien podrían ser las dos caras de una misma moneda, por una parte el recién llegado Citroën C5 Tourer y por otra, el consolidado Alfa 159 Sportwagon, ambos con motorizaciones turbodiesel de cuatro cilindros, de 136 y 150 CV, respectivamente, cuyos rendimientos, tanto en la práctica como en nuestro banco de potencia, han resultado bastante equiparables. El Citroën C5 ha demostrado ser uno de los más cómodos de su clase, aunque en este caso hay que olvidarse de la suspensión neumática que equipan sus hermanos de gama más potentes, un lujo tecnológico que aporta un refinamiento sin igual y que eleva el confort hasta cotas dignas de segmentos superiores, no sólo por el aislamiento que proporciona, sino también porque elimina en gran medida el balanceo de la carrocería, cosa de la que no puede presumir el Citroën C5 con suspensión estándar de esta prueba.

El Alfa Sportwagon, por su parte, es unos centímetros más pequeño, tanto en anchura como en longitud, lo que repercute en un maletero menor y en unas dimensiones interiores algo menos holgadas. A cambio, es más ligero y su conducción resulta más dinámica y gratificante, con ese toque de deportividad característica de Alfa Romeo. A comienzos de año ha recibido una puesta al día en la que se ha rebajado el peso 45 kg, aunque según nuestras mediciones, con el acabado Selective y equipado hasta los dientes sólo ha adelgazado 10 kg. Eso sí, el reparto entre ejes es más equilibrado y ahora el tren delantero soporta el 59,2% del peso, en lugar del 60,7%. También se ha incluido de serie un sistema electrónico que simula un diferencial autoblocante delantero y que aporta un plus de seguridad, ya que mejora la tracción. Con asfalto seco no hemos notado una mejora significativa, pero seguramente aporte una mayor eficacia en condiciones de baja adherencia, tanto en arrancadas bruscas como acelerando a la salida de las curvas.

El comportamiento define de manera más notoria la personalidad de cada modelo. En cualquier caso estamos ante bastidores muy bien elaborados, pero con aspiraciones casi opuestas que se notan nada más arrancar. Por un lado, el Citroën C5 Tourer se caracteriza por unos mandos más blandos que en el Alfa 159, tanto palanca del cambio, como pedales y dirección. Da la sensación de que el Citroën C5 Tourer pretende aislarnos de la carretera, para lo que también emplea unas suspensiones en las que prima el confort por encima de todo, con unos tarados bastante suaves que permiten amplias oscilaciones de la carrocería y una dirección muy asistida que no llega a informar de lo que pasa bajo las ruedas. Por este motivo, circulando por zonas viradas a ritmo alegre no siempre es fácil apreciar cuándo estamos próximos al límite de adherencia de los neumáticos, lo que resta algo de confianza y obliga a confiar “ciegamente” en un comportamiento sano y siempre supervisado por un eficaz control de estabilidad que no se puede desconectar por encima de 50 km/h.

El Citroën C5 Tourer se apoya bastante en la electrónica para no desviarse ni un milímetro de la trayectoria marcada con el volante, de hecho, es frecuente ver parpadear el testigo del ESP en el cuadro de instrumentos, aunque no lleguemos a percibir su funcionamiento. Sí que se nota, en cambio, en caso de cometer algún error de conducción importante, como puede ser un exceso de optimismo al abordar una curva, situación en la que llega incluso a frenar varias ruedas al mismo tiempo, en el momento justo, para reducir la velocidad y encarrilar el morro del coche en la trazada.

En el caso del Alfa 159 Sportwagon la filosofía es muy diferente. Siendo prácticamente igual de cómodo que el Citroën C5 Tourer, lo primero que se nota es una dirección muy directa y de tacto más deportivo, así como una suspensión tirando a firme que consigue un agarre en curva superior al de su rival, con mucho menos balanceo de la carrocería. El tren delantero es incisivo y los cambios de apoyo resultan bastante inmediatos, siempre con mucho aplomo y precisión. Es un coche que comunica muy bien sus límites y que invita a buscarlos, ya que transmite mucha sensación de seguridad en todo momento y en cualquier tipo de carretera. Sus reacciones son muy neutras y predecibles, con un buen equilibrio entre eficacia y facilidad de conducción, y con un control de estabilidad nada intrusivo que sólo actúa cuando realmente es necesario, dejando al conductor un generoso margen de actuación para disfrutar las bondades del chasis.

En autopista es donde el Citroën C5 Tourer puede sacar algo más de ventaja y resultar más placentero, ya que es más silencioso y la dirección filtra cualquier tipo de irregularidades en el asfalto sin que lleguen movimientos parásitos al volante, algo que sí puede llegar a ocurrir en el Alfa 159 Sportwagon, cuyos neumáticos “leen” más la carretera, aunque para notarlo hay que fijarse, pues no es demasiado perceptible ni llega a ser molesto.

Curiosamente, la sensación de empuje que transmite cada uno de nuestros protagonistas no se corresponde con las cifras reales de prestaciones obtenidas en las mediciones que hemos realizado, que han resultado ser bastante parejas a pesar de que el Alfa 159 Sportwagon es más ligero y un poco más potente. El italiano da la falsa impresión de correr bastante más, quizá porque la entrada del turbo es algo más brusca. Sin embargo, también tiene una respuesta menos inmediata, sobre todo a pocas vueltas, lo que se deja notar cada vez que cambiamos a una marcha superior a modo de cierta pereza hasta que el turbo vuelve a recuperar su presión máxima de soplado. Por el contrario, la suavidad en la entrega del Citroën y su regularidad en toda la banda de revoluciones hace que pensemos que tiene menos fuerza de la que realmente ofrece. Tiene menos carácter, pero resulta igualmente eficaz gracias a que desde pocas vueltas hay más par disponible. Son dos formas diferentes de llegar a un mismo fin. En cuanto a consumos, es el Citroën C5 Tourer el que consigue una sensible ventaja que, aunque sea prácticamente testimonial, dice mucho a su favor teniendo en cuenta el superior peso del conjunto.

Versatilidad de uso

El primer Alfa Sportwagon revolucionó en su momento el diseño de los modelos familiares añadiendo a este segmento una fuerte dosis de personalidad. Desde entonces estas carrocerías han sufrido una notable evolución y ya no son apreciadas únicamente por sus cualidades prácticas, sino también, en muchos casos, por su estética. Respecto a una berlina convencional todo o casi todo son ventajas, por lo que representan una alternativa muy interesante.

En esta ocasión hemos querido enfrentar a dos modelos que bien podrían ser las dos caras de una misma moneda, por una parte el recién llegado Citroën C5 Tourer y por otra, el consolidado Alfa 159 Sportwagon, ambos con motorizaciones turbodiesel de cuatro cilindros, de 136 y 150 CV, respectivamente, cuyos rendimientos, tanto en la práctica como en nuestro banco de potencia, han resultado bastante equiparables. El Citroën C5 ha demostrado ser uno de los más cómodos de su clase, aunque en este caso hay que olvidarse de la suspensión neumática que equipan sus hermanos de gama más potentes, un lujo tecnológico que aporta un refinamiento sin igual y que eleva el confort hasta cotas dignas de segmentos superiores, no sólo por el aislamiento que proporciona, sino también porque elimina en gran medida el balanceo de la carrocería, cosa de la que no puede presumir el Citroën C5 con suspensión estándar de esta prueba.

El Alfa Sportwagon, por su parte, es unos centímetros más pequeño, tanto en anchura como en longitud, lo que repercute en un maletero menor y en unas dimensiones interiores algo menos holgadas. A cambio, es más ligero y su conducción resulta más dinámica y gratificante, con ese toque de deportividad característica de Alfa Romeo. A comienzos de año ha recibido una puesta al día en la que se ha rebajado el peso 45 kg, aunque según nuestras mediciones, con el acabado Selective y equipado hasta los dientes sólo ha adelgazado 10 kg. Eso sí, el reparto entre ejes es más equilibrado y ahora el tren delantero soporta el 59,2% del peso, en lugar del 60,7%. También se ha incluido de serie un sistema electrónico que simula un diferencial autoblocante delantero y que aporta un plus de seguridad, ya que mejora la tracción. Con asfalto seco no hemos notado una mejora significativa, pero seguramente aporte una mayor eficacia en condiciones de baja adherencia, tanto en arrancadas bruscas como acelerando a la salida de las curvas.

El comportamiento define de manera más notoria la personalidad de cada modelo. En cualquier caso estamos ante bastidores muy bien elaborados, pero con aspiraciones casi opuestas que se notan nada más arrancar. Por un lado, el Citroën C5 Tourer se caracteriza por unos mandos más blandos que en el Alfa 159, tanto palanca del cambio, como pedales y dirección. Da la sensación de que el Citroën C5 Tourer pretende aislarnos de la carretera, para lo que también emplea unas suspensiones en las que prima el confort por encima de todo, con unos tarados bastante suaves que permiten amplias oscilaciones de la carrocería y una dirección muy asistida que no llega a informar de lo que pasa bajo las ruedas. Por este motivo, circulando por zonas viradas a ritmo alegre no siempre es fácil apreciar cuándo estamos próximos al límite de adherencia de los neumáticos, lo que resta algo de confianza y obliga a confiar “ciegamente” en un comportamiento sano y siempre supervisado por un eficaz control de estabilidad que no se puede desconectar por encima de 50 km/h.

El Citroën C5 Tourer se apoya bastante en la electrónica para no desviarse ni un milímetro de la trayectoria marcada con el volante, de hecho, es frecuente ver parpadear el testigo del ESP en el cuadro de instrumentos, aunque no lleguemos a percibir su funcionamiento. Sí que se nota, en cambio, en caso de cometer algún error de conducción importante, como puede ser un exceso de optimismo al abordar una curva, situación en la que llega incluso a frenar varias ruedas al mismo tiempo, en el momento justo, para reducir la velocidad y encarrilar el morro del coche en la trazada.

En el caso del Alfa 159 Sportwagon la filosofía es muy diferente. Siendo prácticamente igual de cómodo que el Citroën C5 Tourer, lo primero que se nota es una dirección muy directa y de tacto más deportivo, así como una suspensión tirando a firme que consigue un agarre en curva superior al de su rival, con mucho menos balanceo de la carrocería. El tren delantero es incisivo y los cambios de apoyo resultan bastante inmediatos, siempre con mucho aplomo y precisión. Es un coche que comunica muy bien sus límites y que invita a buscarlos, ya que transmite mucha sensación de seguridad en todo momento y en cualquier tipo de carretera. Sus reacciones son muy neutras y predecibles, con un buen equilibrio entre eficacia y facilidad de conducción, y con un control de estabilidad nada intrusivo que sólo actúa cuando realmente es necesario, dejando al conductor un generoso margen de actuación para disfrutar las bondades del chasis.

En autopista es donde el Citroën C5 Tourer puede sacar algo más de ventaja y resultar más placentero, ya que es más silencioso y la dirección filtra cualquier tipo de irregularidades en el asfalto sin que lleguen movimientos parásitos al volante, algo que sí puede llegar a ocurrir en el Alfa 159 Sportwagon, cuyos neumáticos “leen” más la carretera, aunque para notarlo hay que fijarse, pues no es demasiado perceptible ni llega a ser molesto.

Curiosamente, la sensación de empuje que transmite cada uno de nuestros protagonistas no se corresponde con las cifras reales de prestaciones obtenidas en las mediciones que hemos realizado, que han resultado ser bastante parejas a pesar de que el Alfa 159 Sportwagon es más ligero y un poco más potente. El italiano da la falsa impresión de correr bastante más, quizá porque la entrada del turbo es algo más brusca. Sin embargo, también tiene una respuesta menos inmediata, sobre todo a pocas vueltas, lo que se deja notar cada vez que cambiamos a una marcha superior a modo de cierta pereza hasta que el turbo vuelve a recuperar su presión máxima de soplado. Por el contrario, la suavidad en la entrega del Citroën y su regularidad en toda la banda de revoluciones hace que pensemos que tiene menos fuerza de la que realmente ofrece. Tiene menos carácter, pero resulta igualmente eficaz gracias a que desde pocas vueltas hay más par disponible. Son dos formas diferentes de llegar a un mismo fin. En cuanto a consumos, es el Citroën C5 Tourer el que consigue una sensible ventaja que, aunque sea prácticamente testimonial, dice mucho a su favor teniendo en cuenta el superior peso del conjunto.

Versatilidad de uso

El primer Alfa Sportwagon revolucionó en su momento el diseño de los modelos familiares añadiendo a este segmento una fuerte dosis de personalidad. Desde entonces estas carrocerías han sufrido una notable evolución y ya no son apreciadas únicamente por sus cualidades prácticas, sino también, en muchos casos, por su estética. Respecto a una berlina convencional todo o casi todo son ventajas, por lo que representan una alternativa muy interesante.

En esta ocasión hemos querido enfrentar a dos modelos que bien podrían ser las dos caras de una misma moneda, por una parte el recién llegado Citroën C5 Tourer y por otra, el consolidado Alfa 159 Sportwagon, ambos con motorizaciones turbodiesel de cuatro cilindros, de 136 y 150 CV, respectivamente, cuyos rendimientos, tanto en la práctica como en nuestro banco de potencia, han resultado bastante equiparables. El Citroën C5 ha demostrado ser uno de los más cómodos de su clase, aunque en este caso hay que olvidarse de la suspensión neumática que equipan sus hermanos de gama más potentes, un lujo tecnológico que aporta un refinamiento sin igual y que eleva el confort hasta cotas dignas de segmentos superiores, no sólo por el aislamiento que proporciona, sino también porque elimina en gran medida el balanceo de la carrocería, cosa de la que no puede presumir el Citroën C5 con suspensión estándar de esta prueba.

El Alfa Sportwagon, por su parte, es unos centímetros más pequeño, tanto en anchura como en longitud, lo que repercute en un maletero menor y en unas dimensiones interiores algo menos holgadas. A cambio, es más ligero y su conducción resulta más dinámica y gratificante, con ese toque de deportividad característica de Alfa Romeo. A comienzos de año ha recibido una puesta al día en la que se ha rebajado el peso 45 kg, aunque según nuestras mediciones, con el acabado Selective y equipado hasta los dientes sólo ha adelgazado 10 kg. Eso sí, el reparto entre ejes es más equilibrado y ahora el tren delantero soporta el 59,2% del peso, en lugar del 60,7%. También se ha incluido de serie un sistema electrónico que simula un diferencial autoblocante delantero y que aporta un plus de seguridad, ya que mejora la tracción. Con asfalto seco no hemos notado una mejora significativa, pero seguramente aporte una mayor eficacia en condiciones de baja adherencia, tanto en arrancadas bruscas como acelerando a la salida de las curvas.

El comportamiento define de manera más notoria la personalidad de cada modelo. En cualquier caso estamos ante bastidores muy bien elaborados, pero con aspiraciones casi opuestas que se notan nada más arrancar. Por un lado, el Citroën C5 Tourer se caracteriza por unos mandos más blandos que en el Alfa 159, tanto palanca del cambio, como pedales y dirección. Da la sensación de que el Citroën C5 Tourer pretende aislarnos de la carretera, para lo que también emplea unas suspensiones en las que prima el confort por encima de todo, con unos tarados bastante suaves que permiten amplias oscilaciones de la carrocería y una dirección muy asistida que no llega a informar de lo que pasa bajo las ruedas. Por este motivo, circulando por zonas viradas a ritmo alegre no siempre es fácil apreciar cuándo estamos próximos al límite de adherencia de los neumáticos, lo que resta algo de confianza y obliga a confiar “ciegamente” en un comportamiento sano y siempre supervisado por un eficaz control de estabilidad que no se puede desconectar por encima de 50 km/h.

El Citroën C5 Tourer se apoya bastante en la electrónica para no desviarse ni un milímetro de la trayectoria marcada con el volante, de hecho, es frecuente ver parpadear el testigo del ESP en el cuadro de instrumentos, aunque no lleguemos a percibir su funcionamiento. Sí que se nota, en cambio, en caso de cometer algún error de conducción importante, como puede ser un exceso de optimismo al abordar una curva, situación en la que llega incluso a frenar varias ruedas al mismo tiempo, en el momento justo, para reducir la velocidad y encarrilar el morro del coche en la trazada.

En el caso del Alfa 159 Sportwagon la filosofía es muy diferente. Siendo prácticamente igual de cómodo que el Citroën C5 Tourer, lo primero que se nota es una dirección muy directa y de tacto más deportivo, así como una suspensión tirando a firme que consigue un agarre en curva superior al de su rival, con mucho menos balanceo de la carrocería. El tren delantero es incisivo y los cambios de apoyo resultan bastante inmediatos, siempre con mucho aplomo y precisión. Es un coche que comunica muy bien sus límites y que invita a buscarlos, ya que transmite mucha sensación de seguridad en todo momento y en cualquier tipo de carretera. Sus reacciones son muy neutras y predecibles, con un buen equilibrio entre eficacia y facilidad de conducción, y con un control de estabilidad nada intrusivo que sólo actúa cuando realmente es necesario, dejando al conductor un generoso margen de actuación para disfrutar las bondades del chasis.

En autopista es donde el Citroën C5 Tourer puede sacar algo más de ventaja y resultar más placentero, ya que es más silencioso y la dirección filtra cualquier tipo de irregularidades en el asfalto sin que lleguen movimientos parásitos al volante, algo que sí puede llegar a ocurrir en el Alfa 159 Sportwagon, cuyos neumáticos “leen” más la carretera, aunque para notarlo hay que fijarse, pues no es demasiado perceptible ni llega a ser molesto.

Curiosamente, la sensación de empuje que transmite cada uno de nuestros protagonistas no se corresponde con las cifras reales de prestaciones obtenidas en las mediciones que hemos realizado, que han resultado ser bastante parejas a pesar de que el Alfa 159 Sportwagon es más ligero y un poco más potente. El italiano da la falsa impresión de correr bastante más, quizá porque la entrada del turbo es algo más brusca. Sin embargo, también tiene una respuesta menos inmediata, sobre todo a pocas vueltas, lo que se deja notar cada vez que cambiamos a una marcha superior a modo de cierta pereza hasta que el turbo vuelve a recuperar su presión máxima de soplado. Por el contrario, la suavidad en la entrega del Citroën y su regularidad en toda la banda de revoluciones hace que pensemos que tiene menos fuerza de la que realmente ofrece. Tiene menos carácter, pero resulta igualmente eficaz gracias a que desde pocas vueltas hay más par disponible. Son dos formas diferentes de llegar a un mismo fin. En cuanto a consumos, es el Citroën C5 Tourer el que consigue una sensible ventaja que, aunque sea prácticamente testimonial, dice mucho a su favor teniendo en cuenta el superior peso del conjunto.

Versatilidad de uso

El primer Alfa Sportwagon revolucionó en su momento el diseño de los modelos familiares añadiendo a este segmento una fuerte dosis de personalidad. Desde entonces estas carrocerías han sufrido una notable evolución y ya no son apreciadas únicamente por sus cualidades prácticas, sino también, en muchos casos, por su estética. Respecto a una berlina convencional todo o casi todo son ventajas, por lo que representan una alternativa muy interesante.

En esta ocasión hemos querido enfrentar a dos modelos que bien podrían ser las dos caras de una misma moneda, por una parte el recién llegado Citroën C5 Tourer y por otra, el consolidado Alfa 159 Sportwagon, ambos con motorizaciones turbodiesel de cuatro cilindros, de 136 y 150 CV, respectivamente, cuyos rendimientos, tanto en la práctica como en nuestro banco de potencia, han resultado bastante equiparables. El Citroën C5 ha demostrado ser uno de los más cómodos de su clase, aunque en este caso hay que olvidarse de la suspensión neumática que equipan sus hermanos de gama más potentes, un lujo tecnológico que aporta un refinamiento sin igual y que eleva el confort hasta cotas dignas de segmentos superiores, no sólo por el aislamiento que proporciona, sino también porque elimina en gran medida el balanceo de la carrocería, cosa de la que no puede presumir el Citroën C5 con suspensión estándar de esta prueba.

El Alfa Sportwagon, por su parte, es unos centímetros más pequeño, tanto en anchura como en longitud, lo que repercute en un maletero menor y en unas dimensiones interiores algo menos holgadas. A cambio, es más ligero y su conducción resulta más dinámica y gratificante, con ese toque de deportividad característica de Alfa Romeo. A comienzos de año ha recibido una puesta al día en la que se ha rebajado el peso 45 kg, aunque según nuestras mediciones, con el acabado Selective y equipado hasta los dientes sólo ha adelgazado 10 kg. Eso sí, el reparto entre ejes es más equilibrado y ahora el tren delantero soporta el 59,2% del peso, en lugar del 60,7%. También se ha incluido de serie un sistema electrónico que simula un diferencial autoblocante delantero y que aporta un plus de seguridad, ya que mejora la tracción. Con asfalto seco no hemos notado una mejora significativa, pero seguramente aporte una mayor eficacia en condiciones de baja adherencia, tanto en arrancadas bruscas como acelerando a la salida de las curvas.

El comportamiento define de manera más notoria la personalidad de cada modelo. En cualquier caso estamos ante bastidores muy bien elaborados, pero con aspiraciones casi opuestas que se notan nada más arrancar. Por un lado, el Citroën C5 Tourer se caracteriza por unos mandos más blandos que en el Alfa 159, tanto palanca del cambio, como pedales y dirección. Da la sensación de que el Citroën C5 Tourer pretende aislarnos de la carretera, para lo que también emplea unas suspensiones en las que prima el confort por encima de todo, con unos tarados bastante suaves que permiten amplias oscilaciones de la carrocería y una dirección muy asistida que no llega a informar de lo que pasa bajo las ruedas. Por este motivo, circulando por zonas viradas a ritmo alegre no siempre es fácil apreciar cuándo estamos próximos al límite de adherencia de los neumáticos, lo que resta algo de confianza y obliga a confiar “ciegamente” en un comportamiento sano y siempre supervisado por un eficaz control de estabilidad que no se puede desconectar por encima de 50 km/h.

El Citroën C5 Tourer se apoya bastante en la electrónica para no desviarse ni un milímetro de la trayectoria marcada con el volante, de hecho, es frecuente ver parpadear el testigo del ESP en el cuadro de instrumentos, aunque no lleguemos a percibir su funcionamiento. Sí que se nota, en cambio, en caso de cometer algún error de conducción importante, como puede ser un exceso de optimismo al abordar una curva, situación en la que llega incluso a frenar varias ruedas al mismo tiempo, en el momento justo, para reducir la velocidad y encarrilar el morro del coche en la trazada.

En el caso del Alfa 159 Sportwagon la filosofía es muy diferente. Siendo prácticamente igual de cómodo que el Citroën C5 Tourer, lo primero que se nota es una dirección muy directa y de tacto más deportivo, así como una suspensión tirando a firme que consigue un agarre en curva superior al de su rival, con mucho menos balanceo de la carrocería. El tren delantero es incisivo y los cambios de apoyo resultan bastante inmediatos, siempre con mucho aplomo y precisión. Es un coche que comunica muy bien sus límites y que invita a buscarlos, ya que transmite mucha sensación de seguridad en todo momento y en cualquier tipo de carretera. Sus reacciones son muy neutras y predecibles, con un buen equilibrio entre eficacia y facilidad de conducción, y con un control de estabilidad nada intrusivo que sólo actúa cuando realmente es necesario, dejando al conductor un generoso margen de actuación para disfrutar las bondades del chasis.

En autopista es donde el Citroën C5 Tourer puede sacar algo más de ventaja y resultar más placentero, ya que es más silencioso y la dirección filtra cualquier tipo de irregularidades en el asfalto sin que lleguen movimientos parásitos al volante, algo que sí puede llegar a ocurrir en el Alfa 159 Sportwagon, cuyos neumáticos “leen” más la carretera, aunque para notarlo hay que fijarse, pues no es demasiado perceptible ni llega a ser molesto.

Curiosamente, la sensación de empuje que transmite cada uno de nuestros protagonistas no se corresponde con las cifras reales de prestaciones obtenidas en las mediciones que hemos realizado, que han resultado ser bastante parejas a pesar de que el Alfa 159 Sportwagon es más ligero y un poco más potente. El italiano da la falsa impresión de correr bastante más, quizá porque la entrada del turbo es algo más brusca. Sin embargo, también tiene una respuesta menos inmediata, sobre todo a pocas vueltas, lo que se deja notar cada vez que cambiamos a una marcha superior a modo de cierta pereza hasta que el turbo vuelve a recuperar su presión máxima de soplado. Por el contrario, la suavidad en la entrega del Citroën y su regularidad en toda la banda de revoluciones hace que pensemos que tiene menos fuerza de la que realmente ofrece. Tiene menos carácter, pero resulta igualmente eficaz gracias a que desde pocas vueltas hay más par disponible. Son dos formas diferentes de llegar a un mismo fin. En cuanto a consumos, es el Citroën C5 Tourer el que consigue una sensible ventaja que, aunque sea prácticamente testimonial, dice mucho a su favor teniendo en cuenta el superior peso del conjunto.

Versatilidad de uso
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