Alfa Spider 2.4 JTDm

¿Quién hubiera dicho que el mítico Spider de Alfa Romeo pudiera ser Diesel? Este pequeño sacrílego de nada menos que 200 CV nace para adaptarse a las demandas del mercado, aunque su sonido no le permitirá entrar en el edén de los deportivos.
Autopista -
Alfa Spider 2.4 JTDm
Alfa Spider 2.4 JTDm

¿Deportivos de gasóleo? Cada vez más, pero nunca llegarán a transmitir lo mismo que un buen motor de gasolina, por muy rápidos y eficaces que sean. Es posiblemente la mayor pega que se le puede poner a esta versión del Alfa Spider, que por todo lo demás es atractiva a más no poder. Cumple la futura normativa Euro 5, además no suelta humo negro al pisar a fondo y las salidas de escape están más limpias que en cualquier modelo de gasolina.

Esto es obra del filtro de partículas, que poco a poco se va incorporando en este tipo de motores y consigue que los Diesel modernos tengan mejor imagen. Salvado este punto, queda el inconveniente del mal olor de los gases y del ruido que se aprecia desde fuera del coche —punto más crítico en un descapotable—, algo que también ha mejorado mucho con el tiempo, pero que todavía puede representar un inconveniente. En este caso, sobre todo el sonido, es lo que más desentona, tanto a coche parado como en fase de aceleración, y más si vamos descapotados y pasamos por zonas con casas que nos devuelven el ruido. Al ralentí vibra un poco.

En cuanto a la forma de entregar la potencia, el cinco cilindros de este Spider carece de un empuje espectacular en baja, más bien va cobrando carácter a medida que gana revoluciones y no se acaba hasta la zona roja. No es el típico motor que pega la “patada” a 2.000 vueltas y después pierde garra, sino que tiene un medio y alto régimen muy aprovechables, lo que invita a estirar las marchas y a usar el cambio para sacar el máximo partido y lograr ritmos muy rápidos. Salvando las distancias, se conduce como un gasolina, aunque con el inconveniente de una respuesta del turbo algo lenta en ocasiones. Es un propuslsor muy refinado, pero se echa de menos el sonido del V6 de su hermano de gama y la sensación deportiva que transmite.

La caja de cambios es manual de seis marchas, precisa y de recorridos cortos, de tacto algo duro y con idénticas desmultiplicaciones que el 159 2.4 JTD, dejando para sus hermanos de gama la posibilidad de incorporar el sistema de embrague robotizado Selespeed —2.3 JTS— y automático convencional por convertidor de par —3.2 JTS V6 Q4—. La tracción es únicamente al tren delantero, que encauza bien la gran cantidad de par disponible. El control de estabilidad desconectable no es muy intrusivo y el comportamiento es excelente y divertido, si bien no es exageradamente ágil en curvas muy cerradas, en las que el morro muestra cierta tendencia a seguir recto si nos pasamos de optimistas. En zonas rápidas es donde mejor se desenvuelve, gracias a su gran nivel de aplomo y alto agarre.

¿Deportivos de gasóleo? Cada vez más, pero nunca llegarán a transmitir lo mismo que un buen motor de gasolina, por muy rápidos y eficaces que sean. Es posiblemente la mayor pega que se le puede poner a esta versión del Alfa Spider, que por todo lo demás es atractiva a más no poder. Cumple la futura normativa Euro 5, además no suelta humo negro al pisar a fondo y las salidas de escape están más limpias que en cualquier modelo de gasolina.

Esto es obra del filtro de partículas, que poco a poco se va incorporando en este tipo de motores y consigue que los Diesel modernos tengan mejor imagen. Salvado este punto, queda el inconveniente del mal olor de los gases y del ruido que se aprecia desde fuera del coche —punto más crítico en un descapotable—, algo que también ha mejorado mucho con el tiempo, pero que todavía puede representar un inconveniente. En este caso, sobre todo el sonido, es lo que más desentona, tanto a coche parado como en fase de aceleración, y más si vamos descapotados y pasamos por zonas con casas que nos devuelven el ruido. Al ralentí vibra un poco.

En cuanto a la forma de entregar la potencia, el cinco cilindros de este Spider carece de un empuje espectacular en baja, más bien va cobrando carácter a medida que gana revoluciones y no se acaba hasta la zona roja. No es el típico motor que pega la “patada” a 2.000 vueltas y después pierde garra, sino que tiene un medio y alto régimen muy aprovechables, lo que invita a estirar las marchas y a usar el cambio para sacar el máximo partido y lograr ritmos muy rápidos. Salvando las distancias, se conduce como un gasolina, aunque con el inconveniente de una respuesta del turbo algo lenta en ocasiones. Es un propuslsor muy refinado, pero se echa de menos el sonido del V6 de su hermano de gama y la sensación deportiva que transmite.

La caja de cambios es manual de seis marchas, precisa y de recorridos cortos, de tacto algo duro y con idénticas desmultiplicaciones que el 159 2.4 JTD, dejando para sus hermanos de gama la posibilidad de incorporar el sistema de embrague robotizado Selespeed —2.3 JTS— y automático convencional por convertidor de par —3.2 JTS V6 Q4—. La tracción es únicamente al tren delantero, que encauza bien la gran cantidad de par disponible. El control de estabilidad desconectable no es muy intrusivo y el comportamiento es excelente y divertido, si bien no es exageradamente ágil en curvas muy cerradas, en las que el morro muestra cierta tendencia a seguir recto si nos pasamos de optimistas. En zonas rápidas es donde mejor se desenvuelve, gracias a su gran nivel de aplomo y alto agarre.

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