Alfa Romeo Giulietta 2.0 JTDm-170

Relación hombre máquina, dinámica aplicada, clase, estilo... Cien años de historia a los que el Giulietta pretende hacer justicia. Puede enamorar en sensaciones y comportamiento, ofrece tecnología y motores de altura, aunque descuida la parte funcional como para convertirse en el compacto global que pretende ser.
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Alfa Romeo Giulietta 2.0 JTDm-170
Alfa Romeo Giulietta 2.0 JTDm-170

Una eternidad. Se podría decir que esto es el tiempo que Alfa ha tardado en dar relevo al ya veterano —y mucho— 147, otro de esos coches que han marcado un antes y un después en Alfa. El Giulietta del siglo XXI —es una denominación ya empleada el siglo pasado— seguro que puede volver a hacerlo. La espera bien ha merecido la pena. Su plataforma absolutamente nueva es, por ejemplo, el punto de partida para futuros Alfa —con el Giulia, sustituto del 159—, del mismo modo que la nueva filosofía de marca queda claramente impresa en este nuevo compacto al que, como nos reconocen la gran mayoría de quienes ya lo han visto en vivo, no le hace justicia el material gráfico. Se ha experimentado un ligero avance en calidad real y percibida, un paso obligado para jugar en igualdad de condiciones en la liga de los grandes donde se mueven, modelos de reputada calidad. Se nota, pero A3 o Golf aún tienen el listón muy por encima. Aunque uno de los principales retos de la marca ha sido dotar al Giulietta de un buen equilibrio entre dinámica, confort y agrado de conducción. Un Alfa para todos los días y para todos los públicos capaz de estimular cuando se sale «a conducir» y de agradar en el día a día ¿Hasta dónde ha llegado?

Nos vinimos con excelentes sensaciones de Balocco, donde condujimos el Giulietta por primera vez. Pero ahora es como si hubiera sufrido una evolución más en cuestión de meses. Ha sido el gran esperado para entrar a analizar la categoría de compactos con nuestro habitual formato de supercomparativa, y sin adelantar acontecimientos, ha demostrado disponer de uno de los chasis a batir a partir de ahora. Peso, calidad de componentes, geometrías de suspensión y el habitual toque de la marca. Son los parámetros de partida a la hora de definir este nuevo Alfa. Se siente rígido como una roca, un claro beneficio por activa y por pasiva. Si bien, la báscula desmiente en cierto modo la supuesta ligereza de los Giulietta, y eso que no estamos ante una versión especialmente equipada de opciones: 1.450 kilos, con una saturación de ellos sobre el eje delantero, pero sin una clara repercusión negativa sobre la actitud dicho tren. Sus elaboradas suspensiones cuentan con aluminio allí donde realmente se puede invertir en material ligero sin revertir en altísimos costes de producción, un beneficio más que parece haber dado sus frutos. Todo ello combinado con un conjunto muelles/amortiguador capaz de ofrecer buen confort, control de rebote, cabeceo y balanceo. Un binomio que, si bien no sintoniza confort y límite de adherencia con la exquisitez del Golf, al menos se acerca bastante al punto de equilibrio.

Como mejora, proponemos afinar el aislamiento general para lograr el nivel exigible en su liga. Porque, si bien es cierto que resuelve el paso por el bache aislado con eficacia —¡qué bien sabe ese «trunk» seco de fondo, que denota esmero y calidad de componentes!—, curiosamente, al rodar por asfalto rugoso y mal pavimentado se percibe demasiado el efecto de rodadura, que interfiere en el habitáculo e impide alcanzar el refinamiento e los «clase premium en su categoría. La sonoridad no ha sido especialmente baja, aunque es justo reconocer que ni el motor es molesto ni la aerodinámica genera fuente de ruido que no sea el propio rozamiento del viento. A esa falta de aislamiento —en especial, en el eje posterior— citada se pueden deber los altos valores que ha registrado el sonómetro a partir de velocidades medias y altas.

Pero todo ello no deja de ser una mera anécdota en el global del Giulietta, claramente distanciado de su homólogo de Fiat. La dirección totalmente eléctrica pasaría por una «hidráulica » por su tacto. La tecnología también se deja ver aquí y la doble motorización permite ofrecer un tacto y respuesta loable, dejando sentir a la perfección el tren delantero. Es, como siempre, rápida y directa, aunque en los más exigentes ejercicios de laboratorio tiende a endurecerse más de lo debido. Con el DNA en modo Dynamic ofrece una mayor resistencia —o deportividad—, pero en cualquiera de sus tres posibles modos ofrece una excelente vía de «comunicación » entre el hombre y la máquina.

Valdría decir que el límite del Giulietta es altísimo. Pero es justo reconocer otro gran valor: su facilidad de conducción. A costa, tal vez, de renunciar a unas altísimas cotas de deportividad, al tren trasero no hay que prestarle la más mínima atención: su máxima colaboración es seguir fidedignamente el camino marcado, aunque reaccione cuando el bache se afronta en fuerte apoyo con amplios movimientos verticales. Porque en el Giulietta manda un tren delantero que se aferra al asfalto hasta extraer la última gota de adherencia de sus neumáticos, momento en el que inicia un progresivo y leve subviraje que tiende a abrir la trazada y que se corrige aplicando la más básica de las reglas: «cargando» nuevamente peso sobre el tren delantero. El Q2, activo en el modo Dynamic, sería el encargado de hacerlo, pero una vez más se comprueba que los autoblocantes electrónicos tienen muy limitadas sus funciones. La excelente capacidad de frenada —lo tiene todo, mordiente, tacto y resistencia— también colabora a sentir esa integridad total del chasis de este Alfa, cuyas ayudas a la conducción siempre activas suman seguridad sin entrometerse de forma demasiado perceptible en la conducción.

El 2.0 JTDm, en su remozada versión de 170 CV, brinda prestaciones deportivas con contenidos consumos. No se abusa de largos desarrollos, algo que queda de manifiesto en su capacidad de recuperación, y a su frugalidad y rendimiento hay que añadir el aporte del Stop&Start en ciudad; algo lento en rearranque, nos lleva a soltar el embrague antes de que el coche esté en marcha, lo cual nos ha generado alguna que otra situación comprometida. Su entrega de par constante nos permite una respuesta llena y uniforme desde muy bajas vueltas, manifestando, eso sí, un vigoroso efecto turbo que, en cierto modo, difumina la elasticidad mecánica, aunque los «bajos» de este turbodiesel son, a diferencia del antiguo 1.9 JTD multiválvula, de plena confianza. El modo Dynamic aporta una sobrepresión de sobrealimentación que implica una curva de par idéntica a la registrada, pero con valores ligeramente superiores —lástima que la electrónica nos haya impedido corroborarlo—, y una respuesta más directa de acelerador que, en la práctica, llega a resultar hasta explosiva. Excelente. Corre, es ágil, gasta poco y sin ser el paradigma del refinamiento, no enturbia la calidad de vida. ¿Qué más se puede pedir y exigir?

Como poco, espacio, funcionalidad, equipamientos de nivel y acabados de altura. Y tal vez aquí es donde más flojo está el Giulietta. Nadie del equipo ha logrado encontrar una postura de su agrado. Yo tampoco en esta unidad, aunque sí en Balocco en recorridos cortos. Creemos que la carencia reside en la regulación de volante, que no se puede bajar para lograr una relación coherente con la posición más baja del asiento. Los vistosos acabados no llegan al nivel de ejecución de los mejores coches de su clase, léase el Golf —por citar a la referencia que la propia Alfa se ha impuesto—, aunque todo parece estar bien ajustado. Y la anchura en las plazas traseras limitada a 131 cm, la escasa cota vertical y los menos de 400 litros de maletero de alejan de las realizaciones más «familares» del segmento. ¿Precios? Alfa se la juega. El Golf ha sido su referencia en todo, incluyendo el posicionamiento económico… Usted tiene la última palabra.

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