Suelos sanos para combatir el cambio climático

Debajo de la vegetación, el suelo, la tierra que pisamos juega un papel esencial regulando la concentración de dióxido de carbono y por lo tanto el clima.

Mario Picazo

Diversos factores hacen que los suelos pierdan la capacidad de aborver dióxido de carbono al ritmo que lo hacían antes. Foto: Gabriel Jiménez.
Diversos factores hacen que los suelos pierdan la capacidad de aborver dióxido de carbono al ritmo que lo hacían antes. Foto: Gabriel Jiménez.

Hace tiempo que sabemos el incalculable valor que tienen nuestros bosques y árboles para regular el clima de la Tierra y proteger la biodiversidad. Reducen la cantidad de dióxido de carbono que los humanos inyectamos de manera frenética en la atmósfera, evitando así que el planeta se caliente más de lo que lo hace.

Actúa como un gran almacén de carbono, y de hecho contiene unas 3 veces más de lo que almacena la atmósfera, y cuatro veces más de lo que almacenan todas las plantas y árboles del planeta. En los primeros 30 centímetros de nuestros suelos hay una cantidad inimaginable de carbono almacenada, y es que después de los océanos son el principal sumidero de carbono que tenemos.

El problema, y cada vez mayor, es que a medida que la demanda de ciertos alimentos crece con el aumento de la población global, la transformación de zonas cubiertas de vegetación y su posterior sobre-explotación agrícola los va degradando. Tampoco ayuda el ritmo de deshielo en el Ártico, la deforestación que experimentan algunas regiones del mundo, o el creciente proceso de desertización que viven otras. Son todos factores que hacen que los suelos pierdan la capacidad de absorber dióxido de carbono al ritmo que lo hacían antes.

Después de los océanos, los suelos son el principal sumidero de carbono

Cada año, esos suelos, nos echan una mano secuestrando el 25 por ciento de los gases que emitimos al quemar combustibles fósiles. Una buena parte del carbono que retienen se queda como permafrost y turba en las regiones árticas. También actúan como grandes sumideros de carbono las regiones húmedas como los ecosistemas boreales del norte de Eurasia y América del Norte. Por regla general, los suelos en áreas cálidas o secas almacenan menos carbono.

De ahí la importancia de preservar el medio rural, evitar su abandono y gestionarlo de la manera más eficiente posible. Si no apostamos por esa preservación, puede acarrear serios problemas, no solo para la productividad de ciertos cultivos, sino también para el clima terrestre. Con el paso de los años, casi la mitad de la superficie terrestre que puede sustentar vida vegetal se ha transformado en tierra de cultivo. Consecuencia: los suelos han perdido entre un 50 y un 70 por ciento del carbono que en su día acumularon. Hoy siguen perdiendo carbono y frenarlo pasa por ser más eficientes con la explotación del suelo. Además, la ciencia ha demostrado recientemente que con una mejor gestión de las cosechas a nivel global, podríamos llegar a almacenar la misma cantidad de carbono que la que emite cada año el sector del transporte mundial.

Mimar nuestros suelos es una solución tan importante en la lucha contra el Cambio Climático como por ejemplo la de potenciar el uso de las energías renovables en todos los frentes, o transformar nuestro sistema de movilidad en uno mucho más eficiente y limpio. Las prácticas que pueden llevar a mejorar la calidad de nuestros suelos son varias. Hacer una rotación de cultivos ayuda, sobre todo si son de raíces profundas y resistentes. También suma el llamado pastoreo rotativo, es decir trasladar los rebaños a nuevos pastos para que los antiguos vuelvan a crecer. El estiércol y el compost derivados de ese pastoreo aumenta y mucho la productividad del suelo y la formación de un carbono más estable que permanece en el décadas. Conclusión: restaurar el suelo con compuestos orgánicos que contienen microbios de los buenos, mejora el crecimiento de las plantas. A mayor número de plantas y más sanas, mayor es la cantidad de carbono que consiguen extraer de la atmósfera reduciendo así el efecto invernadero y el calentamiento global.