Porsche Cayman GT4: prueba de manejo

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Por Gilberto Samperio  Fotos: Carlos Quevedo

 

Ciertamente, el furor por la modificación de especialistas aftermarket, popularmente mediatizado como tuning, ha disminuido considerablemente en los tiempos recientes. Pero no ha fenecido del todo en algunos amantes de los automóviles, porque todavía existen clientes que gustan de pagar extra por una versión distinta sobre un modelo que desean o admiran. Siendo honestos, el tuning o preparación posproducción más socorrido apela mayormente por la estética, lo que alcanza rines, pintura, aditamentos aerodinámicos, y si el presupuesto lo concede, unos interiores a juego tanto en el tema de color como en la siempre anhelada ambientación de carreras. La mecánica resulta algo más complicada y costosa, porque requiere experiencia y habilidades que no presume cualquiera, pero siempre hay emprendedores y artesanos capaces de cosas sorprendentes con menos de lo esperado.

 

 

Porsche es una marca que siempre ha contado con preparaciones especiales en su oferta, aunque la mayoría apunta por su orientación deportiva formal -véase GT3, RS, GTS-, o nostálgica, en remembranza a los viejos héroes de la pista, el asfalto y la tierra.

 

No obstante, siempre hay oportunidades o propuestas entre sus fieles fanáticos. Y esa atención a la voz de sus clientes confirma su carácter abierto e innovador, pese a la persistencia en el mítico bóxer colgado por detrás -léase 911– pero que abre las puertas a nuevas ofertas y productos -Cayenne=éxito–, incluso si provienen de un área considerada para pequeños volúmenes y caprichosos automovilistas.

 

Quizás esta apertura de la casa alemana da pauta al concepto del GT4, que parte de la conocida base del Cayman para crear un automóvil muy interesante desde varios ángulos.

 

 

Vestido de un deslumbrante e indiscreto amarillo, el GT4 también se acompaña de etiquetas negras con su marca a los costados –Porsche– y una banda negra que corre al centro, ese aire de carreras tan gustado en los entusiastas de las altas prestaciones. Vale mencionar los aparatosos aditamentos de origen aeronáutico: al frente un enorme spoiler y su fino labio negro consiguen la exención de flotación en el primer eje, mientras el tremendo alerón en la trasera asegura una mejor carga aerodinámica al eje encargado de la propulsión.

 

 

Por dentro, el color chillón repite en cinturones, costuras y en las bandas de cinta que sustituyen las manijas que abren las puertas. Acompañan perfectamente los asientos de cubeta en CFRP (fibra de carbono y resinas plásticas) y los textiles de alcántara por casi toda la cabina. Eso sí, no puede faltar el portavasos ni el completo equipo de infotenimiento con navegador GPS incluido.

 

 

Como esta “preparación” o modificación corre por cuenta del autoconstructor teutón, el tren motor no podía ser menos. El bóxer de 3.8 litros proviene del 911, gana unos 60 HP respecto al Cayman S y unos 40 por encima de la vertiente GTS: 385 HP según norma DIN. Y el par queda en unos saludables 420 Nm (309 lb-pie), 20 por debajo del 911 S. Todo administrado por una transmisión manual -todavía, afortunadamente- de seis relaciones con un escalonamiento corto. Le acompaña una suspensión más firme, al punto de que copia casi todo lo que discurre debajo de las ruedas; posee una zona de relativa comodidad, por lo que no resulta tan cansado tras un par de horas en vías rápidas. Eso sí, en calles de no tan buenos asfaltados se sufre un poco.

 

 

Los frenos recurren a enormes discos ventilados y barrenados en las cuatro esquinas. Combinados con los neumáticos de TW 80, las cortas distancias al frenado a fondo están más que garantizadas. Claro, al unísono de una adherencia notable en pista y asfalto común.

 

Fiel a su ingeniería, la dirección más que directa califica de intuitiva; es rápida y transfiere todo lo que las ruedas directrices absorben y también transmiten nuestras intenciones al menor giro de muñecas. Una delicia.

 

 

Tras enumerar todas las mejoras u optimizaciones del GT4, resta platicar de sus cualidades dinámicas. Lo que sobresale es la docilidad para llevarlo en la ciudad, salvo los tramos maltratados donde debemos estar atentos a la corrección por la reacción tan dura de la amortiguación. Ello no le resta agilidad en las vías rápidas, donde su liviandad y prontitud nos otorgan una respuesta inmediata a todas nuestras solicitudes. No solo roba miradas, también quita el aliento de aquellos que pretenden ser deportivos únicamente por una estética agresiva.

 

 

Durante la valoración en carretera, el GT4 siempre dispone de suficiente par en los rebases. Si deseamos exprimir lo mejor del boxer, conviene mantenerlo por arriba de las 4,000 rpm –redline en 7,600; corte a las 7,800 rpm–. No solo tenemos el mayor empuje sino que el canto que emite bloquea cualquier intento de prudencia y el espíritu nos grita: ¡acelera! Resulta muy fácil alcanzar los 200 km/h, siempre bajo control y con un coro metálico -casi un bramido- detrás nuestro que nos lanza a ese Nirvana tan buscado en la conducción deportiva. Por cierto, en una milla a fondo roza los 240 km/h. ¡Sensacional!

 

 

Pese a las relativas comodidades, este GT4 cumple muy bien en la pista. Las habilidades naturales del chasís son exaltadas al máximo, donde la acometida de curvas es casi neutral y la maniobra punta-tacón resulta casi natural -en ocasiones, la computadora aplica un poco más de gas para lograr el empate correcto de los engranajes- y los frenos son inmediatos y consistentes. Los asientos son específicos para instalar el arco contra volcaduras y pueden montarse los arneses de cinco puntos (un paquete extra llamada Clubsport). Todo conjunta para lograr una conducción más que purista, divertida y muy eficaz, merced de un bastidor sólido y una experiencia deportiva bien trasladada a este concepto más cercano al tuning que a las carreras.

 

 

Por una etiqueta que rondará el millón y medio de pesos, este Cayman no sólo puede dedicarse para el campeonato de fin de semana, sino que se puede presumir en los días de pista -Track Days en el argot entusiasta- y gozarse en las reuniones con amigos y conocidos que disfruten la conducción de alta velocidad y exigencia técnica. Si bien no resulta tan recomendable para el día a día -demasiado llamativo y los asientos de cubeta son complicados de abordar-, el GT4 puede ser ese juguete tan capaz en lo dinámico como atractivo en lo visual que en la vida real sólo verá la luz diurna en los días de pista. Un capricho hecho juguete.

 

Unidad probada

 1,499,000 pesos (a fecha de la prueba)

 

NOS GUSTA

-      Estética extrovertida

-      Energía del motor

-      Posibilidad racing

 

NOS GUSTARÍA

-      Modo de Launch Control

-      Más altura al piso

-      Mejor insonorización

 

 

Resumen técnico

MOTOR

Tipo/cilindrada: H6, 3.8 l

Potencia máxima: 385 hp a 7,400 rpm

Par máximo: 420 Nm entre 4,750 y 6,000 rpm

TRANSMISIÓN

Caja: Manual, seis velocidades

Tracción: Trasera

DIMENSIONES

Largo x ancho x alto: 443 x 181 x 126 cm

Distancia entre ejes: 248 cm

Cajuela: 425 litros (combinados delante y detrás)

Tanque de combustible: 54 litros

Peso vacío: 1,430 kg

PRUEBAS AUTOMÓVIL (a 2,240 msnm)

0 a 400 metros: 14.24 s

Rebase 80 a 120 km/h: 6.65 s

Frenado de 100 a 0 km/h: 35.5 m

Consumo medio: 8.2 km/l

 

 

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