Audi A4: prueba de manejo

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Por Gilberto Samperio (@gilsamperio)       Fotos: Carlos Quevedo.

 

 

Antes de que arribara el exitoso A3, el verdadero soporte comercial de la casa de los cuatro aros era el A4, un compacto que siempre ha rivalizado con sus paisanos teutones, ergo Clase C (Mercedes-Benz) y Serie 3 (BMW), tanto en los rubros de representatividad como de tecnología y desempeño dinámico.

 

 

Sin embargo, su posición en el portafolio de Audi le concede privilegios pues concentra lo mejor de los segmentos de entrada (precio, tamaño y motores ahorrativos) con los equipamientos de los hermanos mayores (infotenimiento de última hornada), sin dejar de lado la efectiva tecnología de conducción (sistema Quattro evolucionado). De hecho, es el verdadero escalón premium, tanto por su carga tecnológica como por su dinamismo de primer nivel.

 

 

Su silueta ha permanecido casi igual desde que llegara a nuestro país hace aproximadamente dos décadas. Un frontal bien definido, con una cintura robusta, ancha, enfatizada con nervaduras; la dominante afina su cuerpo. La parrilla exhibe formas rebuscadas, con pretensiones afiladas mas no tan agresivas; prevalece el trapecio invertido. Al costado, todavía sobreviven los cuarterones de cristal, ubicados justo antes del poste C. Y la tapa de la cajuela no es tan corta, como ocurre en otros competidores de igual nivel. Las calaveras le dan un aire nuevo, al día, acorde con el estilo corporativo de los Audi más recientes. Una figura conocida, fresca, de líneas casi tradicionales.

 

 

Sin embargo, el verdadero cambio aflora al interior. Si bien los asientos y la habitabilidad no cambian –de hecho, las vestiduras son menos audaces con sustitutos de piel y un estilo sencillo–, el tablero presume una simplicidad de líneas mejor avenidas. La presencia de una pantalla domina el centro y todos los sistemas de confort (sistema HVAC, Driver Select, ESP y otros botones), así como las ventilas de aireación, observan una disposición horizontal que armoniza mejor toda la visual del tablero. Apoyan plásticos de excelente calidad que simulan madera –poseen vetas casi naturales, muy convincentes– e insertos menores de símil de aluminio.

 

 

En cuanto a la cúpula, ya no dispone de relojes analógicos: todo es digital, proyectado en una pantalla de excelente resolución, al punto de que puede engañarnos la primera vez que abordamos el A4. Tanto el tacómetro como el velocímetro pueden ajustarse como dominantes o acompañantes de un despliegue central más grande, que exhibe información de cualquier otro de los sistemas que monta el Audi que, por cierto, en términos de seguridad activa se queda algo atrás de lo visto en sus hermanos europeos, que incluyen más elementos como radar, alertas de carril, de punto ciego, hasta mecanismos previos a la conducción autónoma. En este sentido, el A4 se queda corto frente al tema tecnológico de seguridad (puede ser que poco a poco vayan incorporando estos sistemas en nuestro país).

 

 

Otro de los cambios interesantes es la reubicación de la perilla del MMI (sistema de infotenimiento), ahora adelante de la palanca de velocidades cuya forma de T puede lucir tosca. Ésta ha perdido su carácter mecánico para dar espacio a un simple selector que deja escoger entre reversa, neutral o Drive, con su correspondiente opción de Sport a una pulsada o, si se desea, correrlo hacia la rejilla lateral para dejarlo en el modo Manual, también controlado desde el volante vía manetas. Claro, la T posee un botón que deja engranar la posición de estacionamiento o Parking de manera mucho más práctica.

 

 

Nuestra versión analizada monta el dos litros TFSI de 252 HP, evolución de lo que antes era considerado motor de acceso, ahora califica como el tope de gama natural, con excepción de las próximas versiones S. La energía de 370 Nm (273 libras-pie), la dosifica una transmisión de doble embrague de siete relaciones (S-Tronic) con cinco modos de operación: Efficiency (ahorrativo), Comfort, Auto, Dynamic e Individual. Sobra decir que el más interesante a ojos entusiastas es el Dynamic, que alcanza acelerador, caja y dirección.

 

 

Como buen Quattro, la tracción integral ofrece muchas ventajas pese al incremento de peso. Utiliza un efectivo sistema de engranaje planetario y embrague multidisco (corona dentada), con el apoyo de las asistencias electrónicas sumados a una notable afinación de la suspensión, que vuelven muy atractivo el andar de este A4. Su marcha, gracias a una amortiguación bien calibrada para nuestras calles, resulta sedosa, con un excelente filtrado de irregularidades sin que por ello la información enviada al volante disminuya. Ello se traduce en una precisión e interacción a los mandos que facilita enormemente la conducción rápida, intuitiva; siempre sentimos al 100% el coche sin importar si es calle, autopista o carretera. Ayudan mucho sus esquemas de suspensión (multibrazo en ambos ejes), pues jamás pierde el paso, otorgando un aplomo decisivo para conducir con total confianza. Así, en las curvas su actitud califica de neutral, con apenas un asomo de balanceo o subviraje si atacamos con demasiada alegría el ápice de las curvas favoritas; el A4 rueda casi perfecto, sin queja.

 

 

La caja es una excelente comparsa tanto en modo S como en Dynamic. En el primero, luce proactiva, manteniendo el motor a regímenes medianos. Pero en el segundo nos obsequia cambios de relación instantáneos, ya sean desde la T o las manetas. Virtud del relocalizado doble embrague, que trabaja muy rápido, perfecto para esas escapadas a nuestra zona predilecta.

 

En cuanto a los frenos, poseen un tacto muy bueno y su mordiente no presenta titubeos, lo que facilita esa conducción expedita tan deseada por los amantes de la velocidad.

 

Mientras, el gasto de combustible resulta el esperado si rodamos con ansia velocista, pero si procuramos ritmos correctos o sosegados, el rendimiento de gasolina puede ser muy satisfactorio. Punto a favor.

 

 

Con un precio de casi 675 mil pesos, este sedán premium compacto presenta argumentos convincentes tanto a consumidores conservadores como a clientes inclinados por la conducción precisa, exacta en su retroalimentación. Si bien no todos los acabados enamoran –algunos detalles remiten a coches comunes– y su menor equipamiento de seguridad activa lo hace menos "completo" respecto a sus hermanos de Europa, su dinamismo y nivel de infotenimiento pueden ser los catalizadores de la compra. Su mayor ventaja radica en combinar una imagen sólida muy conocida, junto a un desempeño encomiable, ideal para los perfeccionistas de la conducción.

 

Sin duda alguna, BMW y Mercedes-Benz tienen un buen rival enfrente, que puede crecer en términos de seguridad activa en el corto plazo. Y es su paisano.

 

 

 

Unidad probada

 674,900 pesos (a fecha de la prueba)

 

 

 

NOS GUSTA

-      Desempeño dinámico

-      Respuesta tren motor

-      Nivel infotenimiento

 

NOS GUSTARÍA

-      Más seguridad activa

-      Menor gasto de combustible

-      Opción de caja manual

 

 

Resumen técnico

MOTOR

Tipo/cilindrada: L4, 2.0 l con turbocargador

Potencia máxima: 252 hp a 6,000 rpm

Par máximo: 370 Nm entre 1,600 y 4,500 rpm

TRANSMISIÓN

Caja: Manual robotizada, seis velocidades

Tracción: Integral permanente

DIMENSIONES

Largo x ancho x alto: 472 x 184 x 142 cm

Distancia entre ejes: 282 cm

Cajuela: 480 litros

Tanque de combustible: 58 litros

Peso vacío: 1,600 kg

PRUEBAS AUTOMÓVIL (a 2,240 msnm)

0 a 400 metros: 14.37 s

Rebase 80 a 120 km/h: 4.22 s

Frenado de 100 a 0 km/h: 36.4 m

Consumo medio: 12.7 km/l

 

 

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