Mercedes S 63 AMG

‘Die Rote Sau’, el Cerdo Rojo, así apodaron sus propios creadores a aquel Mercedes 300 SEL de competición que confirmó a AMG como el preparador estrella de la marca alemana. Ahora Mercedes le rinde un emotivo homenaje decorando un Clase S 63 AMG tal cual salió a pista el 300 SEL en 1971 que esconde bajo su capó el primer motor desarrollado íntegramente en la factoría de Affalterbach.
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Mercedes S 63 AMG
Mercedes S 63 AMG

Se le conoce internamente como M157, pero seguro que te da más pistas su denominación comercial: 63 AMG. No obstante, no te fíes, porque no tiene nada que ver con el 63 AMG en vigor, con aspiración natural y 6.208 cm3, motor cuya máxima optimización está en mano del Mercedes SLS, el ultradeportivo desarrollado también en solitario por AMG. Y es que, este nuevo 63 AMG que en septiembre de 2010 estrenará el Clase S —también sustituyendo motor 6.2— esconde un bloque con 5.461 cm3 —tampoco deriva del 55 Kompressor—, inyección directa de gasolina —absoluta novedad para AMG, que no para Mercedes— y dos turbocompresores. Se servirá en dos posibles versiones: una ‘normal’ y otra con el denominado ‘Paquete Performance’. ¿Datos? 544 CV y 81,6 mkg de par o 571 CV y 91,8 mkg, respectivamente.

Es curioso que la cifra de potencia máxima coincida con la del 6.2 V8 atmosférico del SLS, aunque todo huele a una concesión de privilegios al máximo exponente en la marca. La única diferenta entre ambas versiones, según AMG, es la presión de sobrealimentación: 1,0 bares —relativos— y 1,3 bares para el más potente. El primero se sirve con limitador electrónico de velocidad a 250 km/h mientras que el segundo lo hace a 300 km/h —el 300 CE 5.6 AMG con 360 CV de 1987 fue el primer AMG que rompió es mítica barrera—. Sobre un Clase S, anuncian unas aceleraciones de 4,5 y 4,4 segundos, respectivamente, mientras que el consumo medio provisional anunciado es de 10,5 l/100 km.

Y es que no todo son prestaciones. AMG proyecta con este nuevo motor una nueva era que supone futuros desarrollos hasta 2015 totalmente implicados con la reducción de consumos y emisiones contaminantes. Hasta un 28,5 por ciento menos de emisiones se han recortado en este motor respecto al 63 AMG al que viene a sustituir. Además de la aplicación de la inyección directa de gasolina, en este motor AMG también estrena por primera vez un dispositivo Stop/Start, de serie con el cambio automático —única combinación posible con este motor—, un alternador inteligente con recuperación de energía en frenada o retención o bombas auxiliares que trabajan a demanda.

El motor pesa 204 kg. Sus dos turbocompresores están integrados en la carcasa de cada colector de escape y giran a 185.000 revoluciones por minuto para insuflar 1.750 kilos de aire a la hora en el interior de los cilindros, previo paso de un entramado de intercambiadores térmicos aire/agua. Los árboles de levas de admisión y escape de cada bancada tienen un sistema de variador de fase electromagnético que permite decalar la distribución en un rango de 40 grados. Tiene una compresión de 10:1, cumple Euro V.

Durante su desarrollo, según cita AMG, ha sido torturado durante 17.000 horas en el bando de pruebas y atesora más de 700.000 kilómetros de tortura sobre diferentes vehículos en las más duras condiciones de trabajo. Viene asociado al cambio AMG SpeedShift de 7 marchas estrenado en el SL 63 AMG Roadster, esto es, la misma caja automática de trenes epicicloidales de Mercedes cuya unión con el motor se efectúa mediante un conglomerado de embragues húmedos. Con menos intercambio térmico que el convertidor, de aquí se deriva un importante ahorro en combustible, a lo que hay que añadir el dispositivo Stop/Start, activo en el modo de conducción ‘Controlled Efficiency’ . Sport y Manual están específicamente desarrollados para sacar la quintaesencia de es este nuevo motorazo que, en no mucho tiempo, será el alma del todos los modelos AMG.

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