Volkswagen se enfrenta a sus empleados y a la UE

La segunda ronda de negociaciones sobre el convenio colectivo de Volkswagen, que afectará a 103.000 empleados alemanes de la marca, se interrumpió ayer. Las posturas del fabricante y de los sindicatos aún están muy alejadas y, por el momento, no parece fácil encontrar una solución al conflicto: la brecha es cada vez mayor.

Las negociaciones sobre el convenio colectivo en Volkswagen han vuelto a llegar a un punto muerto. La primera ronda de contactos finalizó, sin resultados, a mediados de septiembre. Ayer, el segundo turno de reuniones fue interrumpido por la dirección de la compañía, debido a las protestas de un millar de trabajadores, que se agolpaban frente a la planta de Hannover en la que se celebraba el encuentro.La siguiente reunión entre la marca y el sindicato IG Metall (al que está afiliado el 97 por ciento de los empleados del consorcio) será el martes que viene, pero los últimos acontecimientos han dejado claro que será muy difícil que ambas partes acerquen sus posturas.Ayer mismo, las negociaciones se abrían con las declaraciones de Bernd Pischetsrieder, presidente del grupo, al diario germano “Berliner Zeitung". El máximo responsable de la marca afirmó que serían necesarias nuevas deslocalizaciones de puestos de trabajo, con el fin de garantizar los empleos en Alemania.Esta nueva medida se suma a las diseñadas por la compañía para reducir sus costes de producción un 30 por ciento hasta 2011. Todas ellas han sido motivo de enfrentamiento entre los sindicatos y la dirección de Volkswagen, que pretende que 103.000 de sus 176.000 empleados congelen sus salarios durante los próximos dos años. IG Metall ha contestado con la petición de un aumento del 4 por ciento en los sueldos, aunque ayer Hermut Meine, responsable de las negociaciones por parte del sindicato, anunció que, si el nuevo convenio garantizaba los puestos de trabajo en Alemania, estaba dispuesto a llegar a un compromiso en “otras cuestiones". Sin embargo, Volkswagen no quiere ceder ni un milímetro. Josef-Fidelis Senn, responsable de las conversaciones por parte de la empresa, ha amenazado con eliminar la producción de automóviles y componentes en las plantas alemanas si los representantes de los trabajadores no aceptan los cambios. “Todo está resultando peor de lo que esperábamos", reconocieron ayer fuentes sindicales, que no descartan ir a la huelga a finales de octubre, cuando venza el plazo legal para las negociaciones. La automovilística germana, que nunca se ha enfrentado a un paro masivo, se ha distinguido –hasta ahora- por una larga tradición logrando acuerdos entre la dirección y los sindicatos. El mismo Pischetsrieder cree que, finalmente, la solución llegará a tiempo y, a finales de mes, todo estará resuelto. Sin embargo, en esa fecha tendrá que ocuparse de un nuevo asunto: el Gobierno alemán y la Comisión Europea se han dado de plazo hasta el 31 de octubre (cuando finaliza el actual mandato de la ejecutiva europea) para concluir el expediente sobre la llamada “Ley Volkswagen". Curiosamente, éste es el único punto en el que la dirección de la compañía y los empleados están de acuerdo: ambas partes rechazan la supresión de una norma que limita los derechos de voto de los accionistas del grupo al 20 por ciento, independientemente de su nivel de participación en la empresa. Así, la disposición obliga a reunir el 80 por ciento de los votos para aprobar decisiones estratégicas sobre el futuro del consorcio.La situación que atraviesa la automovilística ha obligado a la renuncia al proyecto “C1", un modelo de lujo destinado a llenar el vacío entre el Passat y el Phaeton.

El consorcio ha afirmado que la producción de este vehículo no se realizará en esta década, aunque, inicialmente, estaba previsto que saliera al mercado en 2007. Sin embargo, los elevados costes de desarrollo, la falta de un concepto técnico y la posibilidad de que el “C1" fuera un competidor para el A6 de Audi (filial de Volkswagen) han hecho que la compañía desestime, por el momento, su fabricación.

A pesar de todo, el grupo sigue trabajando en la creación de un automóvil de lujo que se sitúe por debajo del Phaeton. “Creemos que esta decisión sigue siendo correcta", ha señalado Pischetsrieder al “Berliner Zeitung".La dirección de la factoría de Mercedes-Benz en Barcelona ha solicitado al grupo germano-estadounidense una mayor carga de trabajo. La planta catalana reclama la producción de recambios o la adjudicación de nuevos proyectos de embalaje o logística, con el fin de evitar un ajuste de plantilla el próximo año.

La fabricación de repuestos para los modelos Vito y Viano –fabricados en la planta de Vitoria- o para otros modelos (tanto del grupo como de su socio japonés Mitsubishi) permitiría emplear a 30 personas en la fábrica de Barcelona. Es el mismo número de trabajadores que se verían afectados por la finalización del expediente de regulación de empleo pactado en el pasado ejercicio.

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