Volkswagen Alemania es un polvorín

La tensión entre Volkswagen y el principal sindicato alemán, IG Metall, sigue creciendo. Las negociaciones sobre los nuevos convenios colectivos están lejos de alcanzar un acuerdo, algo que provocaría, si hacemos caso a las amenazas de ambas partes, huelgas, despidos y una situación de constante conflictividad laboral.

A Volkswagen se le acaba la “acción de oro”
A Volkswagen se le acaba la “acción de oro”

La compañía alemana se ha propuesto reducir los gastos de producción en un 30 por ciento hasta 2011, lo que supone unos 2.000 millones de euros. Para conseguirlo, propone una congelación salarial durante dos años, establecer un 30 por ciento del salario de la plantilla como variable y aumentar a 400 las horas extras anuales, cobrándose sólo cuando la jornada semanal haya sido superior a 40 horas. Por su parte, IG Metall ha establecido como condiciones el mantenimiento de la plantilla y un aumento del dos por ciento de los salarios (cifra que redujeron, pues antes exigían un cuatro por ciento). Los sindicatos consideran totalmente injusta la petición de la empresa de ajustarse el cinturón, pues creen que esta necesidad de ahorro es responsabilidad del presidente, Bernd Pischetsrieder, y su política de convertirse en una marca de lujo.De esta política es claro exponente el modelo Phaeton, que ha sido un completo fracaso y cuyas ventas en los Estados Unidos durante los primeros nueve meses del año sólo han alcanzado las 1.128 unidades. ¿Y qué pasa si no se llega a un acuerdo? Ambas partes han usado los medios de comunicación alemanes para lanzarse amenazas de diferente índole. IG Metall ha advertido que convocará huelgas en las plantas alemanas de Volkswagen a principios de noviembre si la compañía no cede ante sus demandas. VW ha respondido de forma tajante a través de su jefe de personal, Peter Hartz, que ha señalado que “si no podemos aplicar nuestro concepto de costes, reduciremos de manera drástica el volumen de personal en Alemania". Ante la posibilidad de paros, Hartz ha indicado que la empresa “deberá cambiar el destino de las inversiones".Volkswagen tiene a su favor el temor que existe entre sus trabajadores de que se produzca algo similar a lo que acaba de suceder en Opel, que ha anunciado que se deshará de 12.000 trabajadores.

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