Un vehículo sin conductor recorre 240 km

Los coches sin conductor ya no son ciencia ficción. Este fin de semana, en Estados Unidos, cuatro coches totalmente autónomos y sin tripulación recorrieron 240 kilómetros de durísimo desierto. Es la primera vez que algún vehículo logra terminar la exigente Darpa Challenge, la carrera de los coches-robot. El ganador ha sido un Volkswagen Touareg de la Universidad de Stanford, California.

La Darpa Challenge es una carrera que premia, ante todo, el talento. Convocada por el ministerio de Defensa de Estados Unidos, el Pentágono, la carrera concita a lo más florido de la investigación y el desarrollo de aquel país con un solo fin: desarrollar un coche que sea capaz de moverse solo y por cualquier terreno. No sirven los vehículos dirigidos, sino que el coche ha de ser autónomo, tomar sus propias decisiones, guiarse y defenderse en el asfalto y fuera de él.

El desafío ha atraído (esta es su segunda edición) a todo tipo de participantes, pero, sobre todo, a las universidades, verdaderos polos de la investigación en aquel país. El empeño que ponen en lograr el primer “coche-robot" hace que, además, la Darpa atrape la atención de empresas, medios de comunicación y amantes de la tecnología en general. Este año, por primera vez, cuatro coches han logrado completar el exigente recorrido de 240 km/h a través del árido desierto de Mojave, entre California y Nevada, al oeste de los Estados Unidos. El ganador de la prueba ha sido el equipo Stanford Racing Team, compuesto por estudiantes y profesores de la prestigiosa Universidad de Stanford, en California.Su coche, llamado "Stanley", es un Volkswagen Touareg modificado por los miembros del equipo para ser capaz de moverse de forma completamente autónoma. El Touareg recorrió los 240 kilómetros de desierto en 6 horas y 54 minutos, con lo que se convirtió en el ganador de la prueba, aventajando con mucho a los siguientes tres coches en llegar, que pasaron de las 7 horas y 14 minutos. Sin embargo, al margen de la clasificación, la gran noticia es que al fin hay coches capaces de terminar la prueba, algo que no sucedió en la primera edición, celebrada el año pasado. Aquella vez, no sólo no hubo coches en la meta, sino que la mayoría fue incapaz de avanzar de una forma coordinada. Incluso se produjeron varios accidentes.Pero esta vez se ha alcanzado el éxito y cuatro equipos han demostrado que tienen coches capaces de recorrer ellos solos el terreno más duro que pueda imaginarse. El premio valora la hazaña: dos millones de dólares.El coche ganador, el Touareg de Stanford, es un verdadero muestrario de tecnología punta. La base del prototipo es el Touareg R5, un coche animado por un motor Diesel de 2.5 litros y 174 CV y dotado de cambio automático.
Los técnicos han modificado la estética del coche, añadiendo un aparatoso parachoques delantero y varios refuerzos más.
Después, para controlar el coche, han desarrollado una serie de siete potentes ordenadores que controlan la navegación por satélite, la orografía del terreno que pisa el coche y la actuación mecánica del vehículo.
Para mover las ruedas y los frenos, el Touareg utiliza tecnología “by wire", es decir, por cable: el ordenador envía órdenes a pequeños motores que, situados en la dirección y los frenos, hacen girar o detenerse al coche. Una vez en marcha, el ordenador se guía por satélite, pero, claro, tiene que identificar los obstáculos que le rodean, sean fijos o móviles. Para ello, utiliza varios sensores láser, un sistema de radar y otro de vídeo.
Cuando se detecta un obstáculo, el ordenador decide la mejor forma de sortearlo y actúa sobre dirección, transmisión, motor y frenos para seguir avanzando. Esta extraña y sorprendente competición tiene un origen no menos raro. Fue ideada por el Darpa, que es el brazo de investigación y desarrollo del Pentágono. El plan era convocar un concurso de ideas para lograr un coche que fuera capaz de moverse por zonas de conflicto sin necesidad de arriesgar una tripulación para llevarlo de un lado a otro. En otras palabras, un transporte robotizado que pudiera, además, decidir en cada momento cuál es el mejor camino.

El año pasado se lanzó la primera edición, con gran respaldo por parte del mundo universitario, pero con poco éxito en los proyectos. Este año, en cambio, con más apoyo por parte de los fabricantes de coches y de marcas patrocinadoras, la carrera ha alcanzado su objetivo. Llega la era de los coches robot. Según ha informado el diario El Mundo, el equipo Ensco, que tomaba parte en la carrera, contaba con un español en sus filas. Se trataba de Xavier Giber Serra, de Tarrasa, en Barcelona. Este ingeniero era el especialista del equipo para el desarrollo del software de control de Dexter, el coche de su equipo. Su trabajo fue muy bueno, pues el vehículo lideró la carrera durante mucho tiempo, aunque tuvo que abandonar por un pinchazo.