UGT pide despidos negociados en Opel

La situación de 600 trabajadores de la factoría de Figueruelas de GM España peligra después de que la casa matriz anunciará serios recortes en la plantilla europea.

Las reacciones no se han hecho esperar después de que GM Europe anunciara la semana pasada un recorte en los puestos de trabajo de las factorías del Viejo Continente. Esta reducción afecta a una de las plantas que mejores cifras de producción tiene –el año pasado, récord, por ejemplo- y que ha sufrido ya un plan de saneamiento con éxito. Estamos hablando de la zaragozana de Figueruelas, donde se monta gran parte de la producción europea de los modelos Opel Meriva y Corsa.

Pues bien, el secretario general de UGT, Cándido Méndez, también ha opinado respecto a este tema. Para el representante de este sindicato, “si tiene que haber algún ajuste, en ningún caso, se puede producir por la vía de los despidos forzosos". Según Méndez, los problemas de esta empresa repercuten en Aragón y en el país entero y tienen su origen en un problema de gestión vinculado “al proceso de globalización de la economía".

En Alemania, el ministro de Economía, Wolfgang Clement, ha anunciado su intención de viajar a Estados Unidos y negociar allí el futuro de las factorías germanas de GM Europe. Los sindicatos están luchando por asegurar prejubilaciones y por reducir al máximo el número de despidos previstos. Si el ambiente ya estaba de por sí caldeado después del anuncio de GM Europe, ahora IG Metall, el principal sindicato del sector automovilístico, ha anunciado que podría paralizar la producción de Volkswagen.
Volkswagen se encuentra en la cuarta ronda de negociaciones de su convenio colectivo y por el momento no hay acuerdos importantes. Si la situación continua así, las plantas irán a la huelga a partir del próximo jueves 28 de octubre.
La compañía se ha comprometido a garantizar los empleos a cambio de congelar los salarios durante los próximos dos años. Los sindicatos, por su parte, piden un aumento del cuatro por ciento en las nóminas, porque las negociaciones, según reconocen en IG Metall, “no son una carta en blanco" a la compañía.

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