Tráfico, la Justicia no funciona

Según un reciente estudio, casi tres cuartas partes de los conductores españoles consideran que el funcionamiento de la Justicia en materia de tráfico no es bueno. Lo ven lento y arbitrario: ni todos son infractores ni todos son víctimas. ¿O sí? He aquí la cuestión.

Tráfico, la Justicia no funciona
Tráfico, la Justicia no funciona

Se puede decir más alto pero no más claro: el 70 por ciento de los conductores de nuestro país piensa que el funcionamiento de la Justicia de tráfico no es bueno, aunque en líneas generales, la valoración de la Justicia en su conjunto tampoco es que sea muy positiva.Así lo ha reflejado un reciente estudio presentado hoy por Attitudes, la iniciativa social de la marca Audi. A partir de una muestra de 1.113 encuestados, este sondeo esconde una de las cuestiones fundamentales en materias de seguridad al volante: la percepción por parte de los conductores de la efectividad de la Justicia.Así, mientras que los encuestados tienen una opinión positiva sobre las normas de circulación -el 95 por ciento aprueba la eficacia de las leyes como medida para evitar los accidentes de tráfico-, aunque en la práctica no las cumplan en toda su extensión, sí las ven justas, adecuadas y bien planteadas. Sin embargo, son el resto de respuestas las que debieran dar la voz de alarma. Para empezar, el 77 por ciento de los consultados está bastante o completamente de acuerdo en que la finalidad de la supervisión policial es la de “pillar" a los infractores, y más de la mitad cree que los agentes no se sitúan en los lugares más peligrosos. Este dato, a juicio de Francisco Alonso, director de Investigación de Attitudes y profesor de Tráfico y Seguridad Vial en la Universidad de Valencia, revela la falta de sensación de protección entre los conductores y, por tanto, la poca predisposición a cumplir por seguridad las normas de tráfico.En cuanto a la actitud hacia las sanciones, casi tres cuartas partes opina que la finalidad es castigadora y recaudadora y preferirían que las multas se evaluaran en función de la peligrosidad de la infracción. Un 70 por ciento, pues, castigaría con prisión conducir después de haber ingerido bebidas alcohólicas y sobrepasar los límites de alcoholemia; un 40 por ciento “enviaría a galeras" a los conductores que excedan los límites de velocidad o circulen sin seguro; y un 30 por ciento haría lo mismo por transitar a una celeridad inadecuada, aunque se trate del delito que admiten cometer con mayor frecuencia.Además, entre un 85 y 96 por ciento condenarían esos mismos excesos con la retirada temporal o total del carné.El grado de dureza con la que los conductores sancionarían las conductas peligrosas queda, de esa manera, estrechamente relacionado con el riesgo percibido de accidente: conducir tras tomar alcohol, circular sin seguro, a velocidades excesivas o no mantener la distancia de seguridad.Por sexo y conductas, las mujeres cometen menos excesos de velocidad, beben menos alcohol cuando van a conducir y usan más el cinturón de seguridad. Por el contrario, ellos insultan y gritan más, les preocupan las multas de aparcamiento en mayor medida y sancionarían más, aunque sea algo que ven sólo como una fórmula recaudatoria. Por su parte, las mujeres, las ven como una efectiva medida de prevención.