Nuevos delitos, ¿misma impunidad?

Más mano dura. Si conduces, no puedes obviar los cambios que trae el Código Penal. Habrá penas de cárcel para conductores ebrios. Y mucho más: se abre la puerta al achatarramiento de vehículos sin seguro, se intenta frenar el robo de vehículos o se mostrarán menos compasivos con aquellos que provocan un accidente y se dan a la fuga. Al menos, ésa es la teoría.

Nuevos delitos, ¿misma impunidad?
Nuevos delitos, ¿misma impunidad?

En su lugar, se contemplan los trabajos en beneficio de la comunidad, aunque no se especifica cómo ni dónde se tendrán que realizar. En Valencia, ya estudian que esos conductores cambien sus penas por visitas a los heridos en los hospitales. Esta medida no gusta demasiado a los familiares de las víctimas de accidentes de tráfico. De hecho, en Stop Accidentes dan un no rotundo (salvo que exista autorización expresa de los afectados): “Las consecuencias son de sobra conocidas; no son un circo, ni monos de feria; está su derecho al honor y a la propia imagen. A reflexionar, al arcén, a quitar mierda o a prisión", nos comentan. Además, según se preguntan desde el Comisariado Europeo del Automóvil (CEA), “¿pedirá un condenado realizar trabajos en beneficio de la comunidad para no cumplir una pena privativa de libertad, que probablemente tampoco cumplirá?". ¿Se cumplen estas penas?
Es cierto que se contemplan más castigos de cárcel. Sin embargo, continúa la posibilidad de que las alcoholemias se sancionen con multas económicas (entre 550 y 110.000 euros). Será el juez quien determine los casos que se castiguen con prisión. “Normalmente, si no hay antecedentes penales y no se ha puesto en peligro a nadie, no se irá a prisión", nos explica Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados (AEA). Así, no sería raro que se reprodujeran sentencias contradictorias. Algunas, como las que te resumimos, casi increíbles. No hay que olvidar que más del 50 por ciento de los casos que llegan a los tribunales están relacionados con delitos de tráfico. A pesar de esta cifra, no hay una jurisprudencia única, pues, para incidentes similares, existen sentencias muy diferentes. Julio 2004: el Tribunal Supremo dictamina que, si la tasa de impregnación alcohólica no supera el cuádruple del límite máximo establecido, existe “la duda razonable" de que afecte a la conducción. Según esto, un conductor tiene que dar un miligramo por litro de sangre para que los jueces tengan claro que conducía ebrio.
Junio 2004: un hombre está implicado en un accidente. Según los testigos, tenía movimientos oscilantes y necesitaba apoyarse en la pared. Se niega a realizar el control de alcoholemia, se va corriendo del furgón policial y tienen que seguirle durante 100 metros. Sin embargo, la Sección Quinta de la Audiencia de Barcelona asegura que no hay pruebas suficentes de que el acusado estuviera bajo los efectos del alcohol: “El olor al alcohol no significa influencia, sino meramente que se ha consumido esta sustancia", aseguran. Además, continúa la argumentación, “tener un accidente de circulación, por sí mismo, no es significativo de tal influencia".
Mayo 2004: un hombre llama a los Mossos d"Esquadra para denunciar que le habían robado el coche. Los agentes lo localizaron cerca de una discoteca, donde su propietario lo había aparcado horas antes. Las llaves no aparecían, ya que el dueño del automóvil se las había olvidado en un cajero automático. Cuando las encontró, los Mossos le aconsejan que no se ponga al volante, ya que ha bebido. Éste no hizo caso y cogió el coche, que acabó estrellando contra un árbol a 100 Km/h. En el accidente, su acompañante perdió la vida y el resultó herido, por lo que fue trasladado al hospital. Allí le practicaron un análisis que reveló que quintuplicaba la tasa de alcohol permitida en sangre. El caso no llegó ni a juicio, porque se acordó un pacto: 15 meses sin carné y 12 meses de prisión (es decir, no irá a la cárcel por no tener antecedentes penales). ¿Se acabará con las alcoholemias?
Ésta es la gran pregunta. Desde CEA, recuerdan que el anterior endurecimiento de las penas (en 1995) no significó un descenso de este tipo de delito: “La experiencia de estos años ha demostrado que, no sólo no han descendido el número de accidentes por estas causas sino que, incluso, con la entrada en vigor de la citada reforma, se incrementaron notablemente los procesos judiciales por alcoholemia", explican. En AEA, también dudan de la eficacia de las nuevas penas. “Echamos en falta más políticas rehabilitadoras, programas sanitarios para las personas que tengan problemas de adicción. Además, tendrían que prohibirles que cojan el coche hasta que no demuestren que han superado sus adicciones. Así, se evitarían muchos casos de reincidencia", aseguran.

No sólo trata materias de tráfico, pero el nuevo Código Penal se ha puesto muy duro con las infracciones cometidas en carretera. Más penas de cárcel, más multas, más delitos... Sin embargo, su articulado nace con polémicas interpretaciones. Muchos dudan que sea efectivo, otros lamentan que se haya perdido una oportunidad de oro para acabar con la inseguridad vial y muchos creen –erróneamente- que se trata de una caza de brujas contra los que excedan los límites de velocidad. Hemos pedido su opinión sobre la reforma del Código a asociaciones de conductores, a expertos juristas, a familiares de víctimas de tráfico, a las aseguradoras... Además, te explicamos cada uno de los artículos modificados y cómo y cuándo un conductor puede acabar en la cárcel.

La reforma del Código Penal trae seis importantes cambios para los conductores:

1.- Más penas para los que conduzcan bajo los efectos del alcohol.
2.- La “temerarios" se enfrentarán a la cárcel.
3.- Las retiradas de carné afectarán a todas las licencias de conducción.
4.- Conducir coches robados será delito.
5.- No llevar seguro se despenaliza, pero se multará con más dinero.
6.- El atropello y la fuga serán castigados más severamente.
Si algo caracteriza al nuevo Código Penal, es la mano dura con los conductores ebrios. Se aumentan considerablemente las penas por conducir bajo los efectos de las drogas o de bebidas alcohólicas. Antes la pena consistía en arresto de ocho a doce fines de semana, o una multa de tres a ocho meses, y se quitaba el permiso de conducir de uno a cuatro años. Con la reforma, se penará con cárcel de tres a seis meses o multa de seis a doce meses o bien con trabajos para la comunidad de 31 a 90 días. Además, estas personas (sean castigadas de la manera que sea) no podrán conducir vehículos a motor y ciclomotores durante un plazo de uno a cuatro años (artículo 379).¿Por qué estos cambios? En primer lugar, porque los arrestos de fines de semana eran una utopía. En el saturado sistema penitenciaro español, los jueces se preguntaban dónde podían meter a los conductores ebrios. Por eso, como nos explican en Automovilistas Europeos Asociados, estos castigos rara vez se cumplían, ya que era impensable que estas personas acabaran en la misma cárcel que reos por otros delitos.

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