Norman Foster “reinventa el coche”

Las ciudades del futuro serán limpias, superconectadas y acogerán a coches más eficientes, ecológicos y silenciosos. El transporte público será infinitamente mejor y la superficie de las calles será territorio exclusivo del peatón. Este idílico panorama fue pintado ayer por el prestigioso arquitecto Norman Foster.

Norman Foster “reinventa el coche”
Norman Foster “reinventa el coche”

Foster, uno de los más conocidos, afamados y acaudalados arquitectos del mundo, vino a Madrid para tomar parte en la inauguración de la III Conferencia Internacional sobre Automoción y Urbanismo, organizada una vez más por la Fundación Barreiros.
Foster, que estuvo acompañado por el arquitecto español Rafael Moneo, disertó sobre cómo deben ser las ciudades del futuro para reconciliar dos conceptos tan divergentes como automóvil y urbanismo “humanizado".

El arquitecto británico hizo una rápida y deslumbrante descripción de cómo sería su ciudad ideal, un lugar de encuentros y realizaciones personales. Cree que todo aquello que contribuya a mejorar las conexiones, a llevarnos más rápido de un lugar a otro, tiene que ser una “buena noticia". En este sentido, vaticina la aparición de grandes ciudades llenas de subterráneos por los que se mueva el tráfico sin problemas de una parte a otra. Cree que las galerías bajo tierra son la solución a las dificultades de aparcamiento, servicio, etc. Considera Foster que la superficie debe reservarse para el uso humano, para los peatones y, en todo caso, para los vehículos de emergencias y los de las persona incapacitadas. Aunque advierte que las zonas exclusivamente peatonales no han resultado ser un éxito total, así que deben realizarse los cambios con cuidado. Rafael Moneo, más pesimista, alabó la propuesta de Foster, pero recordó lo apegada que está nuestra sociedad al coche, un objeto que, además de ser un medio de transporte, se ha transformado en un símbolo de libertad individual, de realización personal. Moneo no ve un futuro sin coches, por lo que apuesta por una movilidad más sostenible, por trabajar desde la arquitectura para tratar mejor al automóvil. El creador español exhorta a sus colegas arquitectos a recuperar las ideas de Le Corbusier, que siempre luchó por incluir al coche en sus edificios y por tratarlo respetuosamente. También reconoce que tendrá que haber “otro tipo de coches".

Quizá espoleado por el planteamiento de Moneo, Foster recordó que él es un amante del automóvil y señaló que su propuesta de ciudad ideal no deja de ser un sueño. Entonces, adoptando un tono más realista, Foster habló de ciudades en las que el transporte público tenga la mayor preponderancia posible y en las que se anime a los ciudadanos y a las autoridades a replantearse su relación con el coche desde una óptica más ecológica, a “reinventar el coche". Cree que, por ejemplo, es preciso animar a la gente a utilizar vehículos eléctricos: “sería mejor que, en lugar de parquímetros, hubiera enchufes para recargar las baterías". Desde esta posición más apegada al terreno, Foster analizó entonces los grandes retos de la ciudad del futuro. Para el inglés, el modelo de ciudad poco densa, muy extendida, la típica “ciudad jardín" estadounidense es insostenible. Las grandes extensiones suburbiales, una conquista lograda gracias a los coches, son mucho menos eficientes en términos energéticos que las ciudades más densas.
Como ejemplo, Foster explicó que dos ciudades de población similar, como Copenhague y Detroit, tienen comportamientos absolutamente distintos. Mientras la capital danesa es un modelo de ciudad densa, la industriosa ciudad norteamericana lo es de baja densidad y gran extensión de suburbios burgueses. La diferencia es toda una brecha: Detroit consume 10 veces más energía que Copenhague. “Ir y venir al trabajo desde una zona residencial extramuros supone un mayor coste de energía que vivir y trabajar en el propio núcleo urbano.

Foster apunta que, en menos de 20 años, habrá al menos 23 megaciudades, gigantescas urbes de más de 10 millones de habitantes cada una. Al menos 17 de ellas estarán en países en vías de desarrollo. Estos colosos urbanos plantan retos muy fuertes para los arquitectos. Foster, especializado en los rascacielos, apuesta por técnicas constructivas que ahorren toda la energía posible. De esa forma, los grandes núcleos urbanos dejarán de ser consumidores para convertirse en ahorradores de energía. Esa será su gran capacidad y su gran dificultad: mejorar las conexiones, hacer más rápidos los movimientos y, al tiempo, ahorrar gasolina, electricidad, gas…

Foster está inmerso en esta lucha y, además, pelea por llevar al corazón de sus ciudades ideales pedazos de naturaleza: parques, jardines colgantes, vegetación que rodea la vertical de los edificios… A la conferencia organizada por la Fundación Barreiros acudirá estos días la flor y nata de la intelectualidad española y, además, reconocidos artistas, escritores y pensadores de todo el mundo. El objetivo es plantear soluciones a la cada vez más complicada relación entre los coches y las ciudades.

En la inauguración del encuentro tomaron parte también Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre, alcalde de la ciudad y presidenta de la Comunidad de Madrid respectivamente.
Gallardón hizo en su discurso una encendida defensa del modelo de ciudad que propone para Madrid, una ciudad que ha superado las tensiones entre vehículos y personas apostando por estas últimas. Cree Gallardón que la capital dispone ya de una movilidad más eficaz y equilibrada, sustentada por unas cada vez mejores redes de transporte público y un acotamiento progresivo del acceso rodado al centro urbano.
Sin embargo, cree que sigue haciendo falta reflexión en todos los niveles, el intelectual, el de las autoridades y el de los ciudadanos para suavizar poco a poco los rozamientos que se producen en esta complicada convivencia. Por esta razón, el alcalde de Madrid agradeció a la Fundación Barreiros su labor de catalizador de inteligencias y recordó que nuestra generación no es propietaria de la ciudad, sino que lo es la próxima generación, aquella que deberá heredar una ciudad lo mejor posible. La Fundación Eduardo Barreiros fue constituida en Madrid en 1997 para divulgar la historia del diseño industrial como parte del patrimonio cultural, para promover la investigación tecnológica y la innovación del automóvil, y para colaborar al sostenimiento de investigadores y entidades vinculados a esos objetivos y alentar sus trabajos.
La fundación dedica especial atención a establecer puntos de contacto entre los ámbitos de la cultura y el automóvil, y a defender y a promover la figura del emprendedor, de los empresarios -hombres y mujeres que han partido de muy poco y han logrado crear grandes empresas-, para que su ejemplo sirva de estímulo a las nuevas generaciones. Desarrolla también en el ámbito académico acuerdos con universidades a través de las cátedras y becas, y colabora con instituciones sociales tan relevantes como la Organización Nacional de Ciegos de España.

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