Mitsubishi: los diamantes brillan de nuevo

Casi dos años después de la gran crisis que hundió las ventas de Mitsubishi en Japón y acabó con la confianza de su clientela, la marca de los tres diamantes empieza a levantar cabeza. Aún está en pérdidas, pero su apuesta es clara: nuevos modelos y toda la carne en el asador para recuperar a sus compradores. Ese impulso también ha llegado a España, su quinto mercado dentro de Europa.

Mitsubishi: los diamantes brillan de nuevo
Mitsubishi: los diamantes brillan de nuevo

Acaba de llegar a la luz pública: DaimlerChrysler ha vendido la participación que aún le quedaba en el accionariado de Mitsubishi Motors Company, un 12,4 por ciento que ha ido a parar a la sociedad de inversión Goldman Sachs. Para el público no iniciado en los derroteros económicos, el verdadero significado de esta noticia ha pasado inadvertido. Y, sin embargo, éste es el fin de un culebrón con todos los ingredientes de un auténtico best-seller: encuentros y desencuentros, dinero, poder, vida y muerte… El escenario, el país del sol naciente, Japón. El momento, las últimas dos décadas.La historia tiene su punto de partida en 1999, cuando Mitsubishi empezó a ser consciente de que las reclamaciones que le llegaban de los compradores de sus turismos en Japón respondían a una razón justificada, defectos en la fabricación.
Al año siguiente, 2000, otro informe revela que problemas aún más graves aquejan a sus camiones Fuso, su filial de vehículos industriales. Se trataba de fallos en los embragues y en los ejes de las ruedas, que la empresa decidió reparar en secreto sin notificarlo a las autoridades, sin hacer ninguna declaración pública ni ninguna llamada a revisión.
Entre 1992 y 2002 se calcula que se produjeron más de una treintena de accidentes y, al menos en uno de ellos –como se pudo demostrar más tarde-, una mujer resultó muerta, al ser golpeada por una rueda que salió despedida de un trailer, hiriendo además a sus dos hijos. Tras aquel siniestro, ocurrido en 2002, la investigación oficial de Mitsubishi concluyó que la causa había sido el deficiente mantenimiento del vehículo y así lo informó al Ministerio de Transportes, a pesar de que, durante el peritaje, sus expertos habían encontrado serios defectos en los ejes.
Mitsubishi inicia así una huida hacia delante –perseguida por muchas otras reclamaciones de usuarios- que acabó en 2004, cuando todos los problemas y su encubrimiento salen a la luz, la cúpula dirigente es detenida y acusada de negligencia profesional, el mercado castiga a la marca negándose a comprar sus vehículos y llegan la falta de liquidez, el abandono de los socios, el cierre de plantas y la supresión de 7.600 empleos.En el año 2000, Jürgen Schrempp, presidente de DaimlerChrysler (DC) buscaba alianzas para extender su negocio a los mercados de la región Asia-Pacífico. Poco antes, la estrategia de Renault de aliarse con una maltrecha Nissan, reflotándola y relanzando su negocio, se había revelado certera y Carlos Ghosn, su artífice, bebía las mieles del triunfo. ¿Por qué no calcarla? Lo intentaron con la coreana Hyundai, pero la cosa no salió bien, así que, cuando Mitsubishi se puso a tiro (ya tenía entonces problemas de calidad, pero no eran del dominio público), no lo dudaron: adquirieron el 37 por ciento de sus acciones, convirtiéndose así en el socio mayoritario, y pusieron al frente de la nueva empresa al alemán Rolf Eckrodt. Adquirieron también el 65 por ciento de Mitsubishi Fuso. Cuando la crisis estalló y los problemas financieros se hicieron acuciantes, se planteó la posibilidad de que DC ampliara su capital, pero desde Alemania el Consejo dijo no y, muy al contrario, decidió su abandono progresivo. Estamos en primavera de 2004. En ayuda de Mitsubishi Motors llegaron, con una ampliación de capital, varias hermanas del gran consorcio japonés y, en especial, tres de ellas: Mitsubishi Heavy Industries (13,56 por ciento), Mitsubishi Corporation (13,33 por ciento) y The Bank of Tokyo Mitsubishi (4,76 por ciento). Al renunciar DC a inyectar más dinero, su participación se redujo del 37 al 12,8 por ciento. Eckrodt dimitió y fue sustituido por Yoichiro Okazaki, hasta entonces alto ejecutivo de Mitsubishi Heavy Industries. Él es el artífice del Plan de Revitalización de la compañía que aún está en marcha.
Cerrando el círculo y volviendo al principio de nuestra historia, DC acaba de vender, hace apenas una semana, su restante 12,8 por ciento de acciones al banco de inversión Goldman Sachs, embolsándose en esta maniobra 500 millones de euros. Toda esta operación conlleva un significado especial para las dos empresas. Para el gigante germano-estadounidense, el abandono de su inversión en Mitsubishi –el año pasado también vendió su participación en Hyundai- supone la renuncia a estar presente como fabricante en los tres grandes mercados mundiales (Estados Unidos, Europa y Asia) y volver a la reflexión en sus cuarteles de invierno. Aun así, mantiene su presencia en Japón a través de los camiones Fuso, que sigue controlando, tiene un acuerdo con Tata en la India para fabricar camionetas con el ADN de Mercedes y desarolla con Mitsubishi motores para los smart.En cuanto a Mitsubishi, ya está definitivamente claro que su futuro está en manos de su propia corporación y del consorcio de empresas que controla, que incluye desde bancos a industria pesada y explotación de fuentes de energía pasando por fábricas de cerveza, de material fotográfico (Nikon les pertenece), industria aeroespacial… todo un peso pesado inserto en una economía tan febril como la japonesa. Una vez conseguida la mayoría en la mesa del poder ejecutivo, a los dirigentes de Mitsubishi les será más fácil culminar con éxito la gran estrategia de recuperación que ya está empezando a dar sus frutos.