Mazda MX-5

El nuevo MX-5 se renueva por completo por primera vez desde hace 16 años. Todo nuevo con un objetivo: mantener la pureza de sensaciones y conducción que le han hecho ser el biplaza descapotable más vendido de la historia.

Mazda MX-5
Mazda MX-5

Como en la generación anterior, se ofrecerá con dos motores, ambos derivados de los empleados en el Mazda6, aunque retocados y adaptados para montarse en posición longitudinal. El básico es ahora un 1.8 de 126 CV y el alto de gama, un 2.0 de 160 CV, ambos con distribución variable con mando por cadena. En la presentación sólo estaba disponible el 2.0 con la caja de seis velocidades, aunque la de cinco estará disponible y es obligatoria en la versión básica, al menos de momento.Su manejo sigue siendo delicioso, como lo fue siempre, pidiendo ser manejada más de lo necesario, y eso que para sacar partido al motor hay que recurrir al cambio. El dos litros no es un ejemplo de fuerza ni resulta explosivo a ningún régimen, pero a base de estirar las marchas se le saca suficiente partido. Echamos de menos un sonido más entusiasta. Llega demasiado ruido del motor, con resonancias poco depuradas, y poco del escape, cuando la tendencia general es hacer precisamente lo contrario porque se puede conseguir un sonido casi a la carta.Tantos años en el mercado generan experiencia y sabiduría. Lo primero fue solucionar el problema de espacio del habitáculo. Ahora se sienta uno desahogado, con muchos huecos que antes faltaban, y con una enorme ganancia en anchura. Continúa sin reglaje en altura del asiento y sin el de profundidad de volante, pero la postura se consigue sin dificultad, incluso para los altos, que antes sencillamente no cabían.Siguen fieles a la sencillez de la capota manual, ahora con pliegue en Z. Hasta que aparezca dentro de un año la versión con techo duro escamoteable, se seguirá ofreciendo el duro de toda la vida.De momento, la blanda se puede escoger en vinilo o tela, en varios colores. Ahora cuenta sólo con un anclaje central y al plegarse se queda sujeta por un enganche. Basta con dejarla caer para que, con su peso, se ancle sola. Para ponerla se tira de una pequeña palanca entre los asientos que sirve para soltar el resorte y que se asome por encima del cortavientos. Con una mano se coge y se lleva hacia delante. Rápido y fácil.El lanzamiento está previsto para finales de año, con unos precios que estimamos estarán en torno a los 24.000 euros para la versión 1.8 y unos 28.000 euros para la 2.0.Como en la generación anterior, se ofrecerá con dos motores, ambos derivados de los empleados en el Mazda6, aunque retocados y adaptados para montarse en posición longitudinal. El básico es ahora un 1.8 de 126 CV y el alto de gama, un 2.0 de 160 CV, ambos con distribución variable con mando por cadena. En la presentación sólo estaba disponible el 2.0 con la caja de seis velocidades, aunque la de cinco estará disponible y es obligatoria en la versión básica, al menos de momento.Su manejo sigue siendo delicioso, como lo fue siempre, pidiendo ser manejada más de lo necesario, y eso que para sacar partido al motor hay que recurrir al cambio. El dos litros no es un ejemplo de fuerza ni resulta explosivo a ningún régimen, pero a base de estirar las marchas se le saca suficiente partido. Echamos de menos un sonido más entusiasta. Llega demasiado ruido del motor, con resonancias poco depuradas, y poco del escape, cuando la tendencia general es hacer precisamente lo contrario porque se puede conseguir un sonido casi a la carta.Tantos años en el mercado generan experiencia y sabiduría. Lo primero fue solucionar el problema de espacio del habitáculo. Ahora se sienta uno desahogado, con muchos huecos que antes faltaban, y con una enorme ganancia en anchura. Continúa sin reglaje en altura del asiento y sin el de profundidad de volante, pero la postura se consigue sin dificultad, incluso para los altos, que antes sencillamente no cabían.Siguen fieles a la sencillez de la capota manual, ahora con pliegue en Z. Hasta que aparezca dentro de un año la versión con techo duro escamoteable, se seguirá ofreciendo el duro de toda la vida.De momento, la blanda se puede escoger en vinilo o tela, en varios colores. Ahora cuenta sólo con un anclaje central y al plegarse se queda sujeta por un enganche. Basta con dejarla caer para que, con su peso, se ancle sola. Para ponerla se tira de una pequeña palanca entre los asientos que sirve para soltar el resorte y que se asome por encima del cortavientos. Con una mano se coge y se lleva hacia delante. Rápido y fácil.El lanzamiento está previsto para finales de año, con unos precios que estimamos estarán en torno a los 24.000 euros para la versión 1.8 y unos 28.000 euros para la 2.0.