Magna Steyr: El titán del motor

Hemos acudido a Graz, en plena Austria, ciudad famosa, entre otras cosas, por ser la cuna del titán Arnold Schwarzenegger y por realizar pruebas no menos hercúleas a los automóviles. No en vano, allí se asienta una de las plantas de automoción más grandes del mundo, Magna Steyr.

Magna Steyr: El titán del motor
Magna Steyr: El titán del motor

Rompió esquemas. El Saab 9-3 Convertible no sólo fue el primer descapotable que consiguió la máxima puntuación –cinco estrellas- en las pruebas de choque EuroNCAP (privilegio que compartió con el Renault Mégane CC), sino que también fue diseñado para que aguantara las condiciones climáticas más extremas. ¿Cómo lo han conseguido? Para descubrirlo, acudimos a la fábrica donde se monta: Magna Steyr en Graz, Austria. ¿Por qué allí? A muchos les sonará el nombre de Magna. Esta corporación canadiense se encuentra entre los cinco proveedores de componentes para automóvil más importantes de todo el mundo. Por su parte, Steyr (ahora absorbido en el conglomerado Chrysler) es un fabricante centenario de automóviles; entre sus vitrinas, exhibe el coche más antiguo del mundo: el Puch, un vehículo que ya rodaba en 1904 por las carreteras inexistentes del Imperio Austrohúngaro. Sin embargo, cuando pensamos en las mecas de la automoción, sólo se nos vienen a la cabeza ciudades como Detroit, Wolfburg o Turín. Pocos citarían Graz, a pesar de que de sus líneas de montaje salen más de 1.000 vehículos cada día, da empleo a 9.500 personas y monta coches para Mercedes, Jeep, Chrysler, BMW y, desde hace un año, también para Saab. Magna Steyr sería como el “apaga fuegos" de las más importantes automovilísticas. A muchos gigantes de la automoción no les compensa ampliar sus líneas de montaje por un simple modelo. Los hay incluso como el americano Chrysler que ha decidido encargar sus vehículos a esta compañía antes de crear su propia planta en Europa. En otros casos, como le ha ocurrido a Saab, pesa más el factor proximidad: han estudiado dónde van a vender sus productos y han decidido producirlos lo más cerca posible. Y también está el criterio económico: en caso de “vacas flacas", cuando un coche no se vende como pensaban, es mejor que sean otros los que despidan a sus empleados.

En Magna Steyr no sólo se idean y se fabrican coches. Se los golpea, se los somete a auténticos diluvios, se los conduce al límite, se los “ausculta", se miden todo sus recovecos... En definitiva, desarrollan completamente los vehículos y los ponen a prueba. Entramos en las vastas instalaciones de Magna Steyr en Graz y no paramos de encontrarnos con empleados que van y vienen. Allí trabaja un auténtico ejército de 9.500 personas. El ajetreo de la factoría repercute en toda la ciudad. Sin embargo, los protagonistas son los impresionantes robots que ensamblan carrocerías, las máquinas que atornillan, los brazos mecánicos que sueldan, las pantallas de ordenador... Eso sí, según nos aseguran, muchas actividades son tan precisas que se hacen de forma manual: pura artesanía en grandes cadenas de montaje. Por ejemplo, Saab afirma que, en la fabricación de su 9-3 Cabrio, “la instalación de las ventanas laterales y su sellado son áreas donde no hay sustituto para el toque humano". Precisión y control: en Graz, la producción se controla al milímetro. Mediante potentes sistemas informáticos, se analiza cómo debe ser la rigidez del coche, cómo se debería montar el chasis, cuál es la mejor manera de almacenar piezas... Se mide incluso cuántos puntos de soldadura darán sus robots en las cadenas de montaje. Y las cuentas les han salido redondas. Si en 1994 apenas se montaban 30 coches al día, ahora, una década después, la producción supera el millar. Es todo un récord, que llama más la atención si tenemos en cuenta que allí se fabrican seis vehículos muy distintos para tres clientes no menos dispares: para Mercedes, los E 4-Matic y la Clase G; para BMW, el X3; para Jeep, el Grand Cherokee; para Chrysler, la Voyager y, para Saab, el 9-3 Convertible.