Los fabricantes estadounidenses optan por las llamadas a revisión "silenciosas"

Las reacciones de las marcas ante las llamadas a revisión en los Estados Unidos no son homogéneas. Algunas se enzarzan en batallas legales para salvaguardar el honor de sus productos, mientras que otras optan por efectuar la reparación necesaria, evitándose futuras responsabilidades y ganando el apoyo de los usuarios.

Muchos estadounidenses han seguido y siguen con expectación las batallas legal que algunas automovilísticas mantienen con el fin de evitar las llamadas a revisión de alguno de sus productos.

Otras compañías, sin embargo, prefieren hacer las cosas con algo más de discreción y procuran reparar los posibles desperfectos o mínimos fallos de sus vehículos con prontitud y extremando el servicio al cliente con el fin de atenuar el efecto negativo que tiene el revisar los propios modelos.

En Estados Unidos, cientos de modelos se ven envueltos en llamadas a revisión anualmente. Según datos de la Agencia Federal para la Seguridad en el Transporte en Carretera (NHTSA), cerca de 18 millones de unidades pasaron por el taller el año pasado para recibir alguna reparación por parte del propio fabricante.

El proceso que se sigue es el siguiente: primero, la NHTSA, basándose en denuncias de los consumidores o tests propios, solicita a determinada marca que realice una llamada a revisión de determinado modelo a causa de cierto problema. Si la automovilística no acepta efectuar esta revisión de forma voluntaria, la NHTSA puede abrir una investigación y ordenar la llamada a revisión. Ante esto, el fabricante puede apelar la decisión y posponerla durante años.

Sin embargo, últimamente, el miedo a reconocer los propios errores ha decrecido entre los fabricantes y éstos se muestran más solícitos a la hora de resolverlos, con lo que se ahorran mala publicidad y consiguen una imagen de mayor eficacia. Este cambio de actitud se demuestra con las llamadas a revisión que han pasado desapercibidas durante este pasado 2001.

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