Los concesionarios estadounidenses, felices con el año 2001

En un congreso " a la búlgara", 1.200 representantes de los concesionarios estadounidenses aplaudieron a GM, Ford y Chrysler por "regalarles" un año tan lucrativo como 2001.

La ovación que recibió Jim O'Connor, presidente de la división comercial de Ford, es buen síntoma de lo contentos que están los vendedores. Hace un año, Ford era vilipendiada por las malas relaciones que mantenía con sus concesionarios, ahora, todo es un camino de rosas.

Y es que no hay nada como un año récord en ventas, como 2001, el segundo con más matriculaciones en la historia de Estados Unidos. El resultado de los planes de financiación a cero por ciento de interés ha sido espectacular y se ha logrado un fin de año eufórico.
Después del 11 de septiembre, todo el mundo esperaba una recesión en las matriculaciones, que, gracias a esos planes de venta sin interés, se evitó plenamente.

En la convención, celebrada en Nueva Orleans, Ford explicó que había vendido sus operaciones de comercialización y que busca compradores para sus negocios de reciclado y servicio el servicio Kwik-Fi, centros de atención, que tiene en Europa.

Así, Ford alegró a los vendedores al explicar que se centrará sólo en construir y vender buenos coches. Justo lo que los concesionarios quieren oír: nada de intrusismo en su área.

Por su parte, los encargados de vender los coches de General Motors se mostraron encantados con los nuevos modelos que lanza la compañía. También se interesaron por los futuros planes de márketing. Su única preocupación tenía que ver con Oldsmobile, una firma que vive sus últimos años. Nadie sabe muy bien qué pasará con sus concesionarios.

Uno de los representantes de General Motors presentó una moción para pedir a Bob Lutz, el director para Norteamérica de la firma, que siga alargue su contrato más allá de los tres años que están firmados. Lutz ha devuelto el vigor y la confianza a GM y los concesionarios lo saben y lo premian.

Entre los que distribuyen coches de DaimlerChrysler, la única sombra la presentan los vehículos que llegan a Estados Unidos desde México y Canadá. Estos "intrusos" se venden gracias a la diferencia de impuestos y son cada día más.

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