Los accionistas de GM acosan a Wagoner

La situación de General Motors es delicada, pero más lo es la de su presidente Rick Wagoner. Si su plan de salvación no comienza a dar resultados, los accionistas, que están de uñas, podrían provocar su salida de la dirección.

Los accionistas están muy descontentos con la gestión del presidente de GM, Rick Wagoner. Un grupo de inversores, denominados General Watch, y que se autocalifican de disidentes, usan términos como “corrupción" o “ineptitud" para definir lo que ha hecho el actual máximo responsable de la compañía.La indignación de algunos de ellos tocó techo cuando, en la junta anual de accionistas, Wagoner afirmó que uno de los principales culpable de la crisis era “el repentino empeoramiento en nuestro rendimiento en Norteamérica". “¿Repentino?", se preguntaban y se quejaban de que Wagoner, que ha sido durante cinco años director ejecutivo y anteriormente director financiero, debía haber visto venir los malos tiempos gracias a su privilegiada posición. Bien es cierto que la evolución en los resultados de GM no puede ser más desastrosa. Hace 10 años empleaba a algo más de 235.000 empleados, ahora, antes del anunciado recorte de 25.000 empleos, suma 111.000 en sus plantas norteamericanas. Hace 15 años, vendía 5 millones de vehículos anuales en EE.UU. y Canadá, mientras que en 2004, a pesar del crecimiento del mercado, sus entregas han descendido en 400.000 unidades. Esto ha tenido su reflejo en la cuota de mercado, pues ha perdido 10 puntos porcentuales en 15 años. Los beneficios, al mismo tiempo, han caído vertiginosamente en un año: de 1.280 millones de dólares de beneficio a 1.100 millones de pérdidas. Este grupo de accionistas esperará a ver cómo funcionan las medidas de reestructuración. Si los resultados no son positivos, no descartan incluso una revuelta para lograr el cese de Wagoner. Para justificar este cambio, los periódicos norteamericanos han recordado que Wagoner llegó al puesto precisamente porque los malos resultados de la empresa en los años 90 obligaron al Consejo a despedir sin miramientos a los anteriores gestores.Al mismo tiempo, Canadá podría dejar sin ayudas públicas a las plantas de GM en Ontario si la compañía estadounidense recorta más de 4.000 empleos tras su plan de reestructuración. Según un acuerdo firmado en marzo entre GM y las autoridades federales canadienses para la inversión de 2.000 millones de dólares en las fábricas de dicho país, se establece que el fabricante automovilístico no puede reducir su fuerza de trabajo un 20 por ciento o 4.000 empleos en los próximos nueve años. Si lo hace, perderá el dinero.Durante los últimos días, distintos medios de comunicación canadienses han señalado que las factorías de Windsor (1.600 empleados) y St. Catharines (1.750 empleados) son las que más posibilidades tienen de ser cerradas por GM.Por otra parte, Ford ha anunciado el nombramiento de Frederik Arp como nuevo presidente y director ejecutivo de Volvo en sustitución de Hans-Olov Olsson, quien se convertirá en presidente del consejo de administración de Ford Motor.