Lexus GS 300 y 430

Puede que Lexus no sea la marca de lujo más conocida del mercado, pero se ha propuesto ser la más original. Esa que elegiría un comprador de cuarenta y pocos, amante de la tecnología, interesado por el diseño, de mente abierta y con el poder adquisitivo necesario para hacer realidad sus deseos de exclusividad.

Lexus GS 300 y 430
Lexus GS 300 y 430

El escenario para esta toma de contacto con el nuevo Lexus GS han sido los alrededores de la ciudad francesa de Niza, con tramos de autovía, carreteras secundarias con y sin curvas y montones de travesías por pequeñas poblaciones con sus correspondientes rotondas. Hemos conducido tanto la versión 300 como la 430 e intercambiado impresiones con otros colegas durante la presentación internacional organizada por la marca japonesa. Tras la impresión de belleza física que deja el primer acercamiento, meramente visual, a este nuevo modelo, su manejo no se hace esperar. La calidad del sonido –desde fuera, al cerrar el maletero tras dejar dentro el equipaje y, desde dentro, al sentarnos y cerrar la puerta- es ya una promesa de buen augurio. La experiencia de conducción es más que satisfactoria. El puesto de conducción, con sus múltiples reglajes eléctricos, permite lograr la postura idónea al volante, posición desde la que el control es total. Buena visibilidad en todas direcciones, el espacio es holgado a los lados y sobre nuestra cabeza. La climatización permite individualizar la temperatura en los puestos del conductor y del acompañante y el arranque se efectúa pulsando un simple botón, sin necesidad de llave, que permanece en el bolsillo. La palanca del cambio automático se mueve con precisión a la posición D y… comienza la prueba. El GS se mueve con agilidad a pesar de lo que podría parecer por sus dimensiones. La aceleración es suave y progresiva, sin apenas ruido, y aprovecha la inercia que le confiere su más de tonelada y media en orden de marcha. Llama la atención la suavidad de su desplazamiento y el increíble silencio a bordo: se mantiene una conversación sin ninguna dificultad y ni siquiera el viento de lado que –aunque suave- sopla en ocasiones transmite ningún ruido aerodinámico al interior. El trayecto se desarrolla sin nada especial, porque cualquier incidencia de la conducción queda “normalizada" por los múltiples sistemas de ayuda a la conducción que hemos ido citando en estas páginas. Sobre trazados revirados y con el modo Sport, la carrocería no se inclina y mantiene un aplomo que transmite, además de placer de manejar semejante máquina, una gran sensación de control y seguridad. Eso sí, el conductor no es consciente de esas “correcciones" que aplica el propio vehículo que lleva entre manos y eso siempre es un arma de doble filo. Al conductor medio le parecerá que de pronto ha adquirido la pericia de un piloto al enlazar curvas, al superar trazados difíciles, al dominar el arte de la conducción; al conductor experimentado le parecerá que el coche no le “cuenta" lo que está pasando bajo las ruedas, que no le obedece del todo, que no es él quien domina la máquina, sino la máquina quien lo domina a él. Si eso es un "más" o un "menos", sólo cada potencial cliente deberá decidirlo y actuar en consecuencia.El escenario para esta toma de contacto con el nuevo Lexus GS han sido los alrededores de la ciudad francesa de Niza, con tramos de autovía, carreteras secundarias con y sin curvas y montones de travesías por pequeñas poblaciones con sus correspondientes rotondas. Hemos conducido tanto la versión 300 como la 430 e intercambiado impresiones con otros colegas durante la presentación internacional organizada por la marca japonesa. Tras la impresión de belleza física que deja el primer acercamiento, meramente visual, a este nuevo modelo, su manejo no se hace esperar. La calidad del sonido –desde fuera, al cerrar el maletero tras dejar dentro el equipaje y, desde dentro, al sentarnos y cerrar la puerta- es ya una promesa de buen augurio. La experiencia de conducción es más que satisfactoria. El puesto de conducción, con sus múltiples reglajes eléctricos, permite lograr la postura idónea al volante, posición desde la que el control es total. Buena visibilidad en todas direcciones, el espacio es holgado a los lados y sobre nuestra cabeza. La climatización permite individualizar la temperatura en los puestos del conductor y del acompañante y el arranque se efectúa pulsando un simple botón, sin necesidad de llave, que permanece en el bolsillo. La palanca del cambio automático se mueve con precisión a la posición D y… comienza la prueba. El GS se mueve con agilidad a pesar de lo que podría parecer por sus dimensiones. La aceleración es suave y progresiva, sin apenas ruido, y aprovecha la inercia que le confiere su más de tonelada y media en orden de marcha. Llama la atención la suavidad de su desplazamiento y el increíble silencio a bordo: se mantiene una conversación sin ninguna dificultad y ni siquiera el viento de lado que –aunque suave- sopla en ocasiones transmite ningún ruido aerodinámico al interior. El trayecto se desarrolla sin nada especial, porque cualquier incidencia de la conducción queda “normalizada" por los múltiples sistemas de ayuda a la conducción que hemos ido citando en estas páginas. Sobre trazados revirados y con el modo Sport, la carrocería no se inclina y mantiene un aplomo que transmite, además de placer de manejar semejante máquina, una gran sensación de control y seguridad. Eso sí, el conductor no es consciente de esas “correcciones" que aplica el propio vehículo que lleva entre manos y eso siempre es un arma de doble filo. Al conductor medio le parecerá que de pronto ha adquirido la pericia de un piloto al enlazar curvas, al superar trazados difíciles, al dominar el arte de la conducción; al conductor experimentado le parecerá que el coche no le “cuenta" lo que está pasando bajo las ruedas, que no le obedece del todo, que no es él quien domina la máquina, sino la máquina quien lo domina a él. Si eso es un "más" o un "menos", sólo cada potencial cliente deberá decidirlo y actuar en consecuencia.El escenario para esta toma de contacto con el nuevo Lexus GS han sido los alrededores de la ciudad francesa de Niza, con tramos de autovía, carreteras secundarias con y sin curvas y montones de travesías por pequeñas poblaciones con sus correspondientes rotondas. Hemos conducido tanto la versión 300 como la 430 e intercambiado impresiones con otros colegas durante la presentación internacional organizada por la marca japonesa. Tras la impresión de belleza física que deja el primer acercamiento, meramente visual, a este nuevo modelo, su manejo no se hace esperar. La calidad del sonido –desde fuera, al cerrar el maletero tras dejar dentro el equipaje y, desde dentro, al sentarnos y cerrar la puerta- es ya una promesa de buen augurio. La experiencia de conducción es más que satisfactoria. El puesto de conducción, con sus múltiples reglajes eléctricos, permite lograr la postura idónea al volante, posición desde la que el control es total. Buena visibilidad en todas direcciones, el espacio es holgado a los lados y sobre nuestra cabeza. La climatización permite individualizar la temperatura en los puestos del conductor y del acompañante y el arranque se efectúa pulsando un simple botón, sin necesidad de llave, que permanece en el bolsillo. La palanca del cambio automático se mueve con precisión a la posición D y… comienza la prueba. El GS se mueve con agilidad a pesar de lo que podría parecer por sus dimensiones. La aceleración es suave y progresiva, sin apenas ruido, y aprovecha la inercia que le confiere su más de tonelada y media en orden de marcha. Llama la atención la suavidad de su desplazamiento y el increíble silencio a bordo: se mantiene una conversación sin ninguna dificultad y ni siquiera el viento de lado que –aunque suave- sopla en ocasiones transmite ningún ruido aerodinámico al interior. El trayecto se desarrolla sin nada especial, porque cualquier incidencia de la conducción queda “normalizada" por los múltiples sistemas de ayuda a la conducción que hemos ido citando en estas páginas. Sobre trazados revirados y con el modo Sport, la carrocería no se inclina y mantiene un aplomo que transmite, además de placer de manejar semejante máquina, una gran sensación de control y seguridad. Eso sí, el conductor no es consciente de esas “correcciones" que aplica el propio vehículo que lleva entre manos y eso siempre es un arma de doble filo. Al conductor medio le parecerá que de pronto ha adquirido la pericia de un piloto al enlazar curvas, al superar trazados difíciles, al dominar el arte de la conducción; al conductor experimentado le parecerá que el coche no le “cuenta" lo que está pasando bajo las ruedas, que no le obedece del todo, que no es él quien domina la máquina, sino la máquina quien lo domina a él. Si eso es un "más" o un "menos", sólo cada potencial cliente deberá decidirlo y actuar en consecuencia.El escenario para esta toma de contacto con el nuevo Lexus GS han sido los alrededores de la ciudad francesa de Niza, con tramos de autovía, carreteras secundarias con y sin curvas y montones de travesías por pequeñas poblaciones con sus correspondientes rotondas. Hemos conducido tanto la versión 300 como la 430 e intercambiado impresiones con otros colegas durante la presentación internacional organizada por la marca japonesa. Tras la impresión de belleza física que deja el primer acercamiento, meramente visual, a este nuevo modelo, su manejo no se hace esperar. La calidad del sonido –desde fuera, al cerrar el maletero tras dejar dentro el equipaje y, desde dentro, al sentarnos y cerrar la puerta- es ya una promesa de buen augurio. La experiencia de conducción es más que satisfactoria. El puesto de conducción, con sus múltiples reglajes eléctricos, permite lograr la postura idónea al volante, posición desde la que el control es total. Buena visibilidad en todas direcciones, el espacio es holgado a los lados y sobre nuestra cabeza. La climatización permite individualizar la temperatura en los puestos del conductor y del acompañante y el arranque se efectúa pulsando un simple botón, sin necesidad de llave, que permanece en el bolsillo. La palanca del cambio automático se mueve con precisión a la posición D y… comienza la prueba. El GS se mueve con agilidad a pesar de lo que podría parecer por sus dimensiones. La aceleración es suave y progresiva, sin apenas ruido, y aprovecha la inercia que le confiere su más de tonelada y media en orden de marcha. Llama la atención la suavidad de su desplazamiento y el increíble silencio a bordo: se mantiene una conversación sin ninguna dificultad y ni siquiera el viento de lado que –aunque suave- sopla en ocasiones transmite ningún ruido aerodinámico al interior. El trayecto se desarrolla sin nada especial, porque cualquier incidencia de la conducción queda “normalizada" por los múltiples sistemas de ayuda a la conducción que hemos ido citando en estas páginas. Sobre trazados revirados y con el modo Sport, la carrocería no se inclina y mantiene un aplomo que transmite, además de placer de manejar semejante máquina, una gran sensación de control y seguridad. Eso sí, el conductor no es consciente de esas “correcciones" que aplica el propio vehículo que lleva entre manos y eso siempre es un arma de doble filo. Al conductor medio le parecerá que de pronto ha adquirido la pericia de un piloto al enlazar curvas, al superar trazados difíciles, al dominar el arte de la conducción; al conductor experimentado le parecerá que el coche no le “cuenta" lo que está pasando bajo las ruedas, que no le obedece del todo, que no es él quien domina la máquina, sino la máquina quien lo domina a él. Si eso es un "más" o un "menos", sólo cada potencial cliente deberá decidirlo y actuar en consecuencia.El escenario para esta toma de contacto con el nuevo Lexus GS han sido los alrededores de la ciudad francesa de Niza, con tramos de autovía, carreteras secundarias con y sin curvas y montones de travesías por pequeñas poblaciones con sus correspondientes rotondas. Hemos conducido tanto la versión 300 como la 430 e intercambiado impresiones con otros colegas durante la presentación internacional organizada por la marca japonesa. Tras la impresión de belleza física que deja el primer acercamiento, meramente visual, a este nuevo modelo, su manejo no se hace esperar. La calidad del sonido –desde fuera, al cerrar el maletero tras dejar dentro el equipaje y, desde dentro, al sentarnos y cerrar la puerta- es ya una promesa de buen augurio. La experiencia de conducción es más que satisfactoria. El puesto de conducción, con sus múltiples reglajes eléctricos, permite lograr la postura idónea al volante, posición desde la que el control es total. Buena visibilidad en todas direcciones, el espacio es holgado a los lados y sobre nuestra cabeza. La climatización permite individualizar la temperatura en los puestos del conductor y del acompañante y el arranque se efectúa pulsando un simple botón, sin necesidad de llave, que permanece en el bolsillo. La palanca del cambio automático se mueve con precisión a la posición D y… comienza la prueba. El GS se mueve con agilidad a pesar de lo que podría parecer por sus dimensiones. La aceleración es suave y progresiva, sin apenas ruido, y aprovecha la inercia que le confiere su más de tonelada y media en orden de marcha. Llama la atención la suavidad de su desplazamiento y el increíble silencio a bordo: se mantiene una conversación sin ninguna dificultad y ni siquiera el viento de lado que –aunque suave- sopla en ocasiones transmite ningún ruido aerodinámico al interior. El trayecto se desarrolla sin nada especial, porque cualquier incidencia de la conducción queda “normalizada" por los múltiples sistemas de ayuda a la conducción que hemos ido citando en estas páginas. Sobre trazados revirados y con el modo Sport, la carrocería no se inclina y mantiene un aplomo que transmite, además de placer de manejar semejante máquina, una gran sensación de control y seguridad. Eso sí, el conductor no es consciente de esas “correcciones" que aplica el propio vehículo que lleva entre manos y eso siempre es un arma de doble filo. Al conductor medio le parecerá que de pronto ha adquirido la pericia de un piloto al enlazar curvas, al superar trazados difíciles, al dominar el arte de la conducción; al conductor experimentado le parecerá que el coche no le “cuenta" lo que está pasando bajo las ruedas, que no le obedece del todo, que no es él quien domina la máquina, sino la máquina quien lo domina a él. Si eso es un "más" o un "menos", sólo cada potencial cliente deberá decidirlo y actuar en consecuencia.El escenario para esta toma de contacto con el nuevo Lexus GS han sido los alrededores de la ciudad francesa de Niza, con tramos de autovía, carreteras secundarias con y sin curvas y montones de travesías por pequeñas poblaciones con sus correspondientes rotondas. Hemos conducido tanto la versión 300 como la 430 e intercambiado impresiones con otros colegas durante la presentación internacional organizada por la marca japonesa. Tras la impresión de belleza física que deja el primer acercamiento, meramente visual, a este nuevo modelo, su manejo no se hace esperar. La calidad del sonido –desde fuera, al cerrar el maletero tras dejar dentro el equipaje y, desde dentro, al sentarnos y cerrar la puerta- es ya una promesa de buen augurio. La experiencia de conducción es más que satisfactoria. El puesto de conducción, con sus múltiples reglajes eléctricos, permite lograr la postura idónea al volante, posición desde la que el control es total. Buena visibilidad en todas direcciones, el espacio es holgado a los lados y sobre nuestra cabeza. La climatización permite individualizar la temperatura en los puestos del conductor y del acompañante y el arranque se efectúa pulsando un simple botón, sin necesidad de llave, que permanece en el bolsillo. La palanca del cambio automático se mueve con precisión a la posición D y… comienza la prueba. El GS se mueve con agilidad a pesar de lo que podría parecer por sus dimensiones. La aceleración es suave y progresiva, sin apenas ruido, y aprovecha la inercia que le confiere su más de tonelada y media en orden de marcha. Llama la atención la suavidad de su desplazamiento y el increíble silencio a bordo: se mantiene una conversación sin ninguna dificultad y ni siquiera el viento de lado que –aunque suave- sopla en ocasiones transmite ningún ruido aerodinámico al interior. El trayecto se desarrolla sin nada especial, porque cualquier incidencia de la conducción queda “normalizada" por los múltiples sistemas de ayuda a la conducción que hemos ido citando en estas páginas. Sobre trazados revirados y con el modo Sport, la carrocería no se inclina y mantiene un aplomo que transmite, además de placer de manejar semejante máquina, una gran sensación de control y seguridad. Eso sí, el conductor no es consciente de esas “correcciones" que aplica el propio vehículo que lleva entre manos y eso siempre es un arma de doble filo. Al conductor medio le parecerá que de pronto ha adquirido la pericia de un piloto al enlazar curvas, al superar trazados difíciles, al dominar el arte de la conducción; al conductor experimentado le parecerá que el coche no le “cuenta" lo que está pasando bajo las ruedas, que no le obedece del todo, que no es él quien domina la máquina, sino la máquina quien lo domina a él. Si eso es un "más" o un "menos", sólo cada potencial cliente deberá decidirlo y actuar en consecuencia.