Las ventas estadounidenses van hacia cifras récord

Los analistas estadounidenses andan con el paso cambiado. No acaban de explicarse a las claras por qué en plena recesión económica las ventas de coches están a punto de alcanzar un hito histórico. Este 2001 puede registrar el segundo número de matriculaciones más alto de la historia.

Las ventas estadounidenses van hacia cifras récord
Las ventas estadounidenses van hacia cifras récord

Sólo hay una razón clara para explicar por qué una economía que se ha declarado ya en recesión compra 1,3 millones de coches durante el mes de noviembre, un ocho por ciento más que en noviembre de 2000. Esa explicación es la política de las grandes marcas de vender coches con interés cero.

De no ser por este motivo, nadie se explica por qué los consumidores americanos siguen aumentando su demanda. Y mucho menos después de los terribles atentados del 11 de septiembre, que arrumbaron la confianza de los ahorradores en el país norteamericano.

En concreto, durante noviembre las ventas de coches crecieron en aquel país un siete por ciento, llegando a 1,3 millones de unidades. Está por debajo del sorprendente récord de octubre, cuando se llegó a 1,73 millones de unidades, pero, si se mantiene el nivel, el año 2001 cerrará como el segundo más vendedor de la historia. Se vaticina un nivel de ventas de 16,9 millones de unidades, cerca del tope absoluto marcado en 2000, cuando se vendieron 17,35 millones.

Por marcas, General Motors lidera el mercado con 356.752 coches vendidos, un 12,9 por ciento más que en el mismo mes de 2000. Destaca sobre todo el aumento de su división de todo terrenos y camiones ligeros, que subió un 36 por ciento. En cambio, el apartado de turismos cayó un 11 por ciento.

En Ford, las ventas han subido un 4,9 por ciento y se han situado en 298.791 unidades, impulsadas sobre todo por el 6,5 por ciento que han crecido las matriculaciones de todo terrenos (en estas cifras no se incluyen las de Land Rover, Volvo y Jaguar, marcas propiedad de Ford).

Por su parte, Chrysler sufre un tropiezo en su proceso de recuperación y ve cómo caen sus ventas en un 5,8 por ciento, quedándose en 173.361 unidades. Destaca sobre todo el hundimiento de su división de turismos, que cae un 24 por ciento. Los muebles los salva una vez más el departamento de todo terreno y camiones.

Los extranjeros se fortalecen
Al calor de las subidas, las marcas extranjeras también ganan terreno. Toyota se consolida como el tercer gran nombre y amenaza seriamente el escalón del podio que ocupa Chrysler. En concreto, la firma japonesa vendió en noviembre 138.183 vehículos, un 9,7 por ciento de subida.

Nissan sube hasta los 50.123 coches ( 4,8 por ciento); Mitsubishi llega a 33.060, el mejor mes de su historia en Estados Unidos, Hyundai consigue vender 27.299 unidades y Honda, BMW y Volkswagen también logran aumentos. Además, hay que señalar la buena entrada de modelos como el X-Type, con más de 5.000 coches vendidos y los Land Rover, con algo más de 2.600.

Previsiones oscuras
Pese a tan buena marcha, los analistas no quieren ser demasiado optimistas. Avisan que 2002 puede traer un efecto de caída brutal. La economía seguirá cayendo y los créditos sin interés desaparecerán. Esta combinación de factores puede hacer que se hunda la demanda hacia la mitad de 2002. De hecho, algunos observadores sitúan las ventas totales del año próximo en 15,5 millones de unidades.

Ante lo que puede ser un panorama desolador, las marcas llevan tiempo preparándose. Ford ya ha programado un descenso del nueve por ciento en su producción para el primer trimestre de 2002, con lo que sólo fabricará 980.000 unidades.

General Motors también cuidará sus excedentes y cerrará una docena de factorías durante ocho días para no acumular demasiados coches. Aun así, en las últimas semanas han tenido que acelerar las máquinas para mantener la gran demanda de octubre y noviembre.

En medio de esta política de preparación para lo que venga se enmarcan los últimos programas de despidos y recortes de gastos. Los últimos son los que ha anunciado Ford, que prescindirá de 600 trabajadores en su fábrica de Edison, además de incrementar notablemente los incentivos para que sus directivos y administrativos abandonen voluntariamente la empresa.