Las operaciones financieras salvan las pérdidas de las aseguradoras

Las aseguradoras del ramo del automóvil pagaron el año pasado por siniestros y gastos 130.000 millones de pesetas más de lo que percibieron por las pólizas. Es decir, de cada 100 pesetas que ingresaron, las entidades abonaron 107.

Los costes por siniestros de automóviles para las compañías aseguradoras ascendieron al 10 por ciento más del total de los ingresos por primas, que se situaron en 1,3 billones de pesetas (con un incremento del 16 por ciento respecto al ejercicio anterior), según explicó el presidente de la Agrupación del Automóvil de Unespa, Jaime Varela.
No obstante, el año 2000 ha tenido un resultado neutro para estas entidades, ya que compensaron los amplios costes con los ingresos netos de las inversiones, que supondrán un beneficio del 1,25 por ciento.
El sector escaparía así de las pérdidas sufridas en el pasado, cuya causa principal es, según Varela, la "guerra de precios" entre las distintas aseguradoras, que han aplicado bajadas "temerarias" de las cuotas en los últimos años. También añadió que la diferencia de precios debe modificarse según la situación individual de cada aseguradora, y no basarse sólo en la competencia.
El número de vehículos aumentó un 3,97 por ciento, así como el precio medio de la póliza, que creció un 12 por ciento, lo que representa el triple que la subida registrada por el IPC en 2000.
Las previsiones de Unespa contemplan una ralentización en el volumen de primas de seguros de coches este año, con un aumento de sólo un ocho por ciento. A pesar de ello, las compañías podrían verse beneficiadas por la entrada en funcionamiento del fichero de siniestralidad (SINCO), y por el cruce de datos con la Dirección General de Tráfico, que permitirá detectar aquellos vehículos que circulan sin seguro.
A este respecto hay que añadir que la tasa de siniestralidad se mantuvo inalterada durante el pasado año (un 88,02 por ciento), aunque Varela se mostró esperanzado con la posibilidad de que el enfriamiento de la economía provoque un descenso en la utilización del automóvil y, por tanto, una caída en este índice.

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