La industria española de componentes, ante el reciclaje

La inauguración del Salón Internacional de Equipos y Componentes de la Automoción, Motortec, nos ha servido para asistir a una jornadas técnicas dedicadas al reciclado y la recuperación de residuos de automoción.

¿Qué hacer con los vehículos fuera de uso? ¿Qué costes van a ser inherentes al reciclaje de los mismos? Esas y más preguntas se están convirtiendo poco a poco en una obsesión para la industria automovilística. Una directiva de la Unión Europea, que se debe comenzar a aplicar en nuestro país en octubre de 2002, establece una serie de cuotas de reutilización y reciclaje para los vehículos y sus componentes.
Así, a partir del 1 de enero de 2006, al menos el 85 por ciento del vehículo debe ser recuperado y el 80 por ciento, reciclado. Estos porcentajes se elevan respectivamente hasta el 95 y el 85 por ciento el 1 de enero de 2015.
Werner Schultz, responsable de la Subcomisión de Reciclaje de la UE, ha analizado las consecuencias de esta normativa en los fabricantes de componentes. Estos deben en un principio preocuparse, que ya lo vienen haciendo, de fabricar piezas con ausencia de materiales contaminantes y de facilitar en la medida de lo posible el posterior desmontaje y reciclaje. Además, a partir del 1 de julio de 2003, los coches nuevos no deben incluir plomo, mercurio, cadmio y cromo. Schultz ha hecho hincapié en la importancia que va a tener la reutilización de componentes, aunque ha advertido del peligro que supondría para el usuario volver a emplear algunas de estas piezas, como las pertenecientes al sistema de frenos o al de dirección.
Los fabricantes de componentes, a priori, no deben hacerse cargo del automóvil al final de su vida útil, ya que en la directiva únicamente se alude a los productores de vehículos. Según José López Velasco, jefe de servicio de la Subdirección General de Calidad Ambiental, que esta medida afecte a los fabricantes de componentes es cuestión de tiempo. A quien no debe preocupar es al usuario, ya que la retirada se hará sin ningún coste para el mismo.
López Velasco ha hecho un llamamiento a la industria local para que desarrolle sistemas de gestión medioambiental como ya viene haciéndose en otros países europeos. Sus palabras fueron muy gráficas: "tenemos que espabilar para que lo que venga de fuera no nos coma terreno".
El director de la Consultoría Medioambiental de Price Waterhouse, Javier Perea, ha abogado por la importancia del reciclado en todos los niveles. Para el ponente resulta beneficioso económica y socialmente, además de ser positivo para el medio ambiente. Perea ha indicado que es muy importante fomentar el mercado del reciclaje y ha aportado una cifra concluyente: en España se producen 800.000 toneladas de residuos derivados del automóvil, que corresponden a un millón de vehículos.
Hay que tener en cuenta que gran parte de estos materiales de deshecho se crean en los talleres. Según datos aportados por Patricio Yarur, director general de Euroquality, un taller mecánico de tamaño mediano produce 7.790 kg de residuos al año, por lo que es importante que estos centros cumplan con las normativas, no sólo en su aspecto material (manipulación, zonas de almacenamiento, etc.) sino también en el formal: llevar un registro de los residuos generados, etiquetar los mismos y guardar los recibos de su entrega a centros especializados en su tratamiento puede evitar más de una multa.
Yarur realizó una clasificación de los materiales de deshecho en función del área del taller donde se producen (mecánica, chapa y pintura...). Asimismo recordó que no todos los productos que se incluyen en la CER (Clasificación Europea de Residuos) son considerados peligrosos, lo que influirá a la hora de su gestión y tratamiento.
Tanto Yarur como Jorge Hernansanz, director general de Industrias Serva, coincidieron en los aspectos beneficiosos del reciclado para cualquier empresa, ya que, además de mejorar el medio ambiente, tiene una influencia positiva en la imagen de la marca.
Hernansanz destacó que, con la aplicación de las leyes, habrá una mayor integración de los proveedores con los fabricantes y una nueva conexión entre los suministradores y los centros de diseño y producción del constructor, con el fin de que todos ellos desarrollen nuevos procesos y materiales no contaminantes. A este respecto destacó el caso de Ford, que en 1999 dio un plazo de dos años y medio a todos sus proveedores para conseguir la ISO 14000 (programa de gestión medioambiental).

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