La Fórmula 1 llega a la patria de Villeneuve

Uno de los circuitos más exigente para las mecánicas, Montreal, presenta sus mejores galas para acoger la octava prueba del Mundial de Fórmula 1, que puede comenzar a aclarar muchas cosas sobre el futuro del campeonato. Schumacher parte como gran favorito, en busca de su quinto triunfo sobre este trazado, con un Coulthard dispuesto a darle caza y un Hakkinen desahuciado, pero con ganas de dar puntos a su escudería. Los españoles, una incógnita.

El circo rodante de la Fórmula 1, tras cuatro pruebas consecutivas en Europa, cruza el charco y se desplaza nuevamente al continente americano, tras la tercera carrera en Brasil. En esta ocasión, se va más al norte, a las heladas y vastas tierras canadienses, que por unos días tornará su gélido clima en el calor abrasivo del asfalto y del clamor de un público volcado con la celebración.
La cosmopolita metrópoli de Montreal acoge, desde hoy jueves y por vigesimotercera ocasión consecutiva, las evoluciones de los 22 pilotos que buscarán la gloria, que para unos consiste en ganar la carrera y para otros, simplemente, significa terminarla.
La capital de Quebec, la parte francófona de Canadá, es siempre un lugar que atrae a todos los miembros de la Fórmula 1 y cuyo gran premio siempre es esperado con ansiedad, por el ambiente que se respira en una ciudad que sueña de día y de noche con los monoplazas.

Ubicado en la isla de Notre Dame, en el curso del río San Lorenzo, el renombrado circuito Gilles Villeneuve, en honor al famoso piloto local fallecido en 1982, padre de Jacques Villeneuve, es un trazado semiurbano con dos partes diferenciadas. La primera, donde se ubican la recta de meta, la zona de boxes y la torre de control responde a los cánones de un circuito cerrado. La segunda, en medio de la zona urbana y con las barreras a pocos centímetros de la pista, retrotrae la mente del espectador a las calles de Montecarlo.
Su característica más notable es la sucesión de rectas rotas abruptamente por "chicanes" y curvas lentas que, si bien no obligan a una especial pericia al volante, sí desgastan bastante los motores y los frenos.

Las mecánicas sufrirán
Posiblemente sea el trazado del Mundial en el que las mecánicas sufren más. Recuerda a los circuitos más rápidos, como Hockenheim o Indianápolis, por su alta velocidad de media obtenida alrededor de los 200 km/h y por la larga recta que conduce al Casino, en el que se llega a los 320 km/h de punta en séptima marcha. Pero también obliga a los "frenazos" bruscos y profundos, pasando de sextas a primeras velocidades en un santiamén. Es por tanto un trazado en el que la tracción, la potencia de los motores y la resistencia del sistema de frenado jugarán un papel fundamental.
Por esta razón, por sus curvas lentas y rectas largas, para la mayoría de los conductores es un circuito sencillo y de fácil pilotaje, en el que la controvertida carga aerodinámica pasa a un segundo plano. Sin embargo, en el Gran Premio de 1999, tres campeones del mundo, Mika Hakkinen, Ralf Schumacher y el ídolo de la afición canadiense, Jacques Villeneuve, no pudieron acabar la carrera, porque todos ellos se salieron de pista en la curva 15 y fueron a dar con sus chasis en un muro. Ese es el principal problema de Montreal: la falta de escapatorias, especialmente, en su mitad urbana.
Otra reputación de la pista, que a menudo es refutada por las circunstancias meteorológicas, es que cuenta con un asfalto poco degradante, dado que sólo se utiliza en una ocasión a lo largo del año. No obstante, las altas temperaturas, poco probables en esta temporada del año, y el viento que arrastra impurezas y detritos desde el lecho del río San Lorenzo podrían jugar una mala pasada a las escuderías, que suelen planear una estrategia de carrera a una sola parada en boxes y con neumáticos blandos.

Favoritos: los de siempre
La posición del Gran Premio de Montreal en el calendario del Mundial, es la octava prueba del campeonato, le otorga una importancia adicional. Está situado en el ecuador de la competición y, aunque todavía quedan muchas carreras, el trazado canadiense podría clarificar mucho las cosas, especialmente para Michael Schumacher, que, de repetir el "doblete" de Mónaco y de la pasada edición, daría un paso de gigante para la consecución de su cuarto título.
Estadísticamente, la carrera favorece al germano, quien ha triunfado aquí en otras cuatro ocasiones. Aunque él mismo asegura que no es su trazado favorito y que no se adecua a sus características de pilotaje, sí que es cierto que siente una especial predilección por ganar en este país, sobre el que ha asegurado, en repetidas ocasiones, que le parece un sitio estupendo para vivir.

Además, su principal rival por el título, David Coulthard, sufrió mucho el pasado año en una carrera pasada por agua. Al igual que en Montecarlo, hace dos semanas, se le caló el coche en la salida y fue luego penalizado con un "stop-and-go" por la salida a pista de sus mecánicos para arrancar el coche. A la postre finalizó séptimo. De todos modos, el escocés se la juega en esta carrera y a buen seguro que saldrá a por todas, puesto que un resultado negativo podría situar la ventaja de Schumacher en torno a los veinte puntos.
En cuanto a Hakkinen, descentrado y relegado de la lucha por el título, con sólo cuatro puntos y tras cuatro abandonos, no parece que pueda "dar el do pecho" en Canadá y arrebatar la victoria a Ferrari o a su compañero de equipo. El único acicate para el finlandés, aparte de una actuación decorosa, es el título de escuderías, en el que Ferrari mantiene una insultante ventaja para las siete carreras disputadas.

La tercera en discordia es la escudería Williams, que, después de sus impresionantes ensayos en Magny Cours, ha subido enteros. Los dos primeros días de entrenamientos, Ralf Schumacher batió el récord de vuelta en el trazado francés, a bordo de un coche pensado más para el próximo Gran Premio de Francia que para la carrera canadiense. Pero, en la última jornada, el español Marc Gené sorprendió a propios y extraños superando el tiempo de su jefe de filas. Paralelamente, Montoya se desplazó a Monza para desarrollar, esta vez sí, un modelo con reglajes similares a los dispuestos para Montreal.

El trazado de Fisichella
El resto de equipos buscará repetir actuaciones pasadas en el Mundial, como Sauber o Arrows, o continuar con rachas iniciadas en Montercarlo, tal es el caso de Jaguar o Prost.
Especial mención merece Fisichella, quien, con cuatro podios consecutivos en esta prueba, parece el mejor piloto en el circuito semiurbano de Montreal. Sin embargo, la desastrosa actuación de Benetton en la presente campaña aconseja a no apostar por él.

Acabar la carrera
En cuanto a los españoles, De la Rosa tratará de conseguir, primero, acabar una carrera y, segundo, una posición honrosa. Crédito tiene. Su coche ha funcionado en Magny Cours y el trazado se adecua a su pilotaje. Así, el pasado año logró la novena posición en la parrilla de salida, la mejor jamás alcanzada por un piloto español. Al final se vio obligado al abandono, debido a problemas mecánicos y a un choque con Diniz, después de circular en la quinta posición, en las primeras vueltas de la carrera.
Fernando Alonso, como siempre, deberá seguir aprendiendo y, aunque tiene pocas posibilidades de terminar la carrera, dado lo exigente que es el trazado para las mecánicas, podría, si no fuerza su humilde maquinaria, aprovecharse del efecto contrario, es decir, de los abandonos de sus competidores, y colarse entre los diez primeros.

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