Kia Carnival

Kia ha puesto más carne en el asador y ha mejorado notablemente su monovolumen Carnival, sin que el precio se haya visto aumentado en la misma relación. La segunda generación de este vehículo incorpora bastantes mejoras estéticas, de acabado, de equipamiento y, gracias al motor turbodiésel ahora con common rail o conducto común, también en cuanto a prestaciones se refiere.

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En materia de acabados, el nuevo Carnival ha experimentado una importante mejoría que se ve y se percibe. Estéticamente se coloca ahora en un buen escalón competitivo y no tiene nada que envidiar a modelos más populares de otras marcas. Los mandos funcionan correctamente, los acabados que no se ven están bien hechos, sin bordes cortantes o mal realizados, mientras que funcionalmente podemos encontrar una práctica guantera en la parte superior central del salpicadero, una correcta ubicación de mandos, como los de la calefacción –un tanto grandes, pero de muy buena utilización práctica, porque no dejan lugar a dudas y son fáciles de manipular– y un resultado visual bastante bien conseguido gracias a la utilización de plásticos de buen aspecto y la combinación de tonos oscuros y claros. El símil en madera en la consola central del salpicadero pone esa nota de ostentación a la que suelen acudir los modelos familiares como éste, aunque lo de símil se entiende porque difícilmente hace recordar a la madera de verdad, aunque el resultado general es bastante aceptable.

La regulación en altura del volante está bien, pero se echa en falta que también lo sea en profundidad, mientras que la palanca de cambios, situada en el salpicadero, es un poco corta a nuestro gusto, pero a cambio tiene un funcionamiento correcto y facilita un buen uso en conducción urbana o por carretera si se tiene que mover constantemente. Luego tiene detalles prácticos que se agradecen en un vehículo de corte familiar, como la mesilla plegable que hay entre los asientos delanteros y que puede albergar hasta cuatro latas de refrescos, los apoyabrazos abatibles de los asientos o el suelo plano, por ejemplo. A esto hay que sumar la modularidad típica, y mínima, en estos vehículos, como es que los asientos de en medio puedan girarse en el sentido opuesto a la marcha o que el acceso a las dos filas de asientos de atrás sea buena. Los defectos, como en cualquier monovolumen que no tenga opción de chasis alargado, son que, con la tercera fila de asientos colocada, el maletero queda bastante pequeño y prácticamente inutilizable si todos los pasajeros llevan una simple bolsa de viaje para el trayecto.

En materia de acabados, el nuevo Carnival ha experimentado una importante mejoría que se ve y se percibe. Estéticamente se coloca ahora en un buen escalón competitivo y no tiene nada que envidiar a modelos más populares de otras marcas. Los mandos funcionan correctamente, los acabados que no se ven están bien hechos, sin bordes cortantes o mal realizados, mientras que funcionalmente podemos encontrar una práctica guantera en la parte superior central del salpicadero, una correcta ubicación de mandos, como los de la calefacción –un tanto grandes, pero de muy buena utilización práctica, porque no dejan lugar a dudas y son fáciles de manipular– y un resultado visual bastante bien conseguido gracias a la utilización de plásticos de buen aspecto y la combinación de tonos oscuros y claros. El símil en madera en la consola central del salpicadero pone esa nota de ostentación a la que suelen acudir los modelos familiares como éste, aunque lo de símil se entiende porque difícilmente hace recordar a la madera de verdad, aunque el resultado general es bastante aceptable.

La regulación en altura del volante está bien, pero se echa en falta que también lo sea en profundidad, mientras que la palanca de cambios, situada en el salpicadero, es un poco corta a nuestro gusto, pero a cambio tiene un funcionamiento correcto y facilita un buen uso en conducción urbana o por carretera si se tiene que mover constantemente. Luego tiene detalles prácticos que se agradecen en un vehículo de corte familiar, como la mesilla plegable que hay entre los asientos delanteros y que puede albergar hasta cuatro latas de refrescos, los apoyabrazos abatibles de los asientos o el suelo plano, por ejemplo. A esto hay que sumar la modularidad típica, y mínima, en estos vehículos, como es que los asientos de en medio puedan girarse en el sentido opuesto a la marcha o que el acceso a las dos filas de asientos de atrás sea buena. Los defectos, como en cualquier monovolumen que no tenga opción de chasis alargado, son que, con la tercera fila de asientos colocada, el maletero queda bastante pequeño y prácticamente inutilizable si todos los pasajeros llevan una simple bolsa de viaje para el trayecto.

En materia de acabados, el nuevo Carnival ha experimentado una importante mejoría que se ve y se percibe. Estéticamente se coloca ahora en un buen escalón competitivo y no tiene nada que envidiar a modelos más populares de otras marcas. Los mandos funcionan correctamente, los acabados que no se ven están bien hechos, sin bordes cortantes o mal realizados, mientras que funcionalmente podemos encontrar una práctica guantera en la parte superior central del salpicadero, una correcta ubicación de mandos, como los de la calefacción –un tanto grandes, pero de muy buena utilización práctica, porque no dejan lugar a dudas y son fáciles de manipular– y un resultado visual bastante bien conseguido gracias a la utilización de plásticos de buen aspecto y la combinación de tonos oscuros y claros. El símil en madera en la consola central del salpicadero pone esa nota de ostentación a la que suelen acudir los modelos familiares como éste, aunque lo de símil se entiende porque difícilmente hace recordar a la madera de verdad, aunque el resultado general es bastante aceptable.

La regulación en altura del volante está bien, pero se echa en falta que también lo sea en profundidad, mientras que la palanca de cambios, situada en el salpicadero, es un poco corta a nuestro gusto, pero a cambio tiene un funcionamiento correcto y facilita un buen uso en conducción urbana o por carretera si se tiene que mover constantemente. Luego tiene detalles prácticos que se agradecen en un vehículo de corte familiar, como la mesilla plegable que hay entre los asientos delanteros y que puede albergar hasta cuatro latas de refrescos, los apoyabrazos abatibles de los asientos o el suelo plano, por ejemplo. A esto hay que sumar la modularidad típica, y mínima, en estos vehículos, como es que los asientos de en medio puedan girarse en el sentido opuesto a la marcha o que el acceso a las dos filas de asientos de atrás sea buena. Los defectos, como en cualquier monovolumen que no tenga opción de chasis alargado, son que, con la tercera fila de asientos colocada, el maletero queda bastante pequeño y prácticamente inutilizable si todos los pasajeros llevan una simple bolsa de viaje para el trayecto.