Industria de motor y transportes secundan de forma masiva la huelga

La industria del motor ha sido, con diferencia, la que más ha respaldado la huelga general que tuvo lugar ayer en España. Ni un solo coche salió ayer de las cadenas de montaje de las fábricas españolas. Casi 80.000 trabajadores del sector secundaron el paro en una acción masiva que no ha sido negada ni por la patronal: más del 90 por ciento de seguimiento. Otros sectores relacionados, como la industria auxiliar, la postventa y los transportes apoyaron la huelga en diferente medida.

Industria de motor y transportes secundan de forma masiva la huelga
Industria de motor y transportes secundan de forma masiva la huelga

Los primeros datos ya se daban en la mañana de ayer, cuando los fabricantes instalados en España confirmaban que todas sus factorías estaban paradas. A lo largo del día, los 80.000 trabajadores que emplean las fábricas automovilísticas españolas se adhirieron a la convocatoria de UGT y CC.OO. para protestar contra la nueva ley que regula las prestaciones por desempleo.

Su "deserción" hizo que 12.000 coches dejaran de montarse, una cifra realmente importante. Los centros de trabajo no llegaron a cerrar, pues trabajaron los servicios mínimos, pero no hubo posibilidad de fabricar nada por falta de suministros.

Por marcas, quizá sean Seat y Renault las que registraron los paros más significativos. La compañía española vio detenida la producción en su planta de Martorell, donde 9.000 trabajadores hicieron huelga y 2.250 coches se quedaron sin montar.

La marca del rombo reconoció que sus dos centros de producción (Valladolid y Villamurriel de Cerrato, en Palencia) estaban parados, con lo que 3.500 motores y más de 1.400 vehículos se quedaron esperando para ser ensamblados.

Citroën también protagonizó un día de paro total, con la paralización de las plantas de Vigo y Villaverde (Madrid). La firma francesa contabiliza 2.600 vehículos menos y más de 14.000 trabajadores parados.

Ford dejó de montar 1.600 unidades de Focus, Fiesta y Ka, porque sus más de 7.000 obreros de Almussafes, Valencia, no trabajaron.

Nissan tampoco pudo aumentar sus existencias de coches montados, porque las factorías de Zona Franca y Montcada, en Barcelona, y la de Cuatro Vientos en Madrid respaldaron sin fisuras la huelga general. Otro tanto cabe decir de Iveco, cuyos centros de Madrid y Valladolid estuvieron cerrados.

El último de los grandes fabricantes que operan en España, Opel, tuvo que renunciar a los 1.850 coches que diariamente construyen los 8.800 operarios de Figueruelas, Zaragoza.

Con menos repercusión, pero con el mismo simbolismo, la fábrica de Santana en Linares secundó una huelga que pone broche a un año de protestas y tensiones en la complicada vida de esta empresa española.

Este respaldo masivo a la convocatoria de huelga es un síntoma claro del peso que tiene el movimiento sindical en la industria del motor.

Las empresas auxiliares (suministradores de componentes, transportistas de vehículos, etcétera) realizaron una huela algo menos compacta que los obreros de las fábricas. Sin embargo, algunas grandes firmas, como Valeo y Robert Bosch, sí registraron altos índices de paro, llegando al 100 por 100 en algunos centros de trabajo.

La postventa del automóvil no llegó a tanto. Muchos concesionarios y talleres permanecieron abiertos, mientras que las gasolineras cerraron en torno a un 25 por ciento. Grandes compañías del ramo, como Repsol, reconocen un descenso de actividad del 28 por ciento.

El transporte, bajo mínimos
El 20-J, como se conoce a esta jornada de protesta general, registró ciertos problemas circulatorios, pues, ante la falta de gran parte del transporte colectivo, los habitantes de las ciudades recurrieron más al coche privado para desplazarse. Esto produjo atascos y, sobre todo, un adelanto de la "hora punta" en lugares como Madrid y Barcelona. De todos modos, no se produjeron incidentes graves y sólo hubo cortes esporádicos de carreteras, uno de ellos en la autopista que une Sevilla y Huelva.

Los transportes de viajeros cumplieron a rajatabla los servicios mínimos impuestos por el Gobierno. Los autobuses urbanos funcionaron en todas las ciudades con un ritmo del 30 por ciento.

En algunos lugares hubo enfrentamientos entre conductores, piquetes y policías, como en Madrid, donde los autobuses de la EMT salieron de sus cocheras con protección policial. El Ayuntamiento de la capital informa de que 125 vehículos sufrieron agresiones y tuvieron que ser sustituidos.

El único lugar donde no se cumplieron los servicios mínimos fue Sevilla. En la capital hispalense, los piquetes se las ingeniaron para impedir que los autobuses pudieran salir de sus bases.