"Hidrocarburos para mucho tiempo"

Durante los días 30 y 31 de julio y 1 de agosto, y con el patrocinio de la Fundación Barreiros y de Caja de Madrid, se está llevando a cabo un curso de cerano en El Escorial bajo el título "El automóvil y la calidad del aire". Numerosos expertos en el tema se dan cita en la sierra madrileña, para tratar de combustibles, motores y contaminación.

Un total de 800 millones de automóviles circulando por la Tierra es una cifra más que suficiente para "justificar" los más de cuatro mil millones de toneladas de dióxido de carbono que se expulsan a la atmósfera. Con estas cifras tan escalofriantes, el director del Curso de Verano de la Universidad Complutense "El automóvil y la calidad del aire", Jesús Casanova Kindelán, ha inaugurado la jornada de hoy, 30 de julio.

Para Casanova Kindelán, ha habido dos etapas bien diferenciadas en referencia a la energía en relación con el automóvil. Entre comienzos del pasado siglo y 1970 se pensaba que la energía no tenía límites y que la atmósfera podría absorber toda la contaminación procedente de la combustión de dicha energía. Las crisis del petróleo y las diferentes guerras en el Golfo Pérsico, como resultado de la pugna por el oro negro, bastaron para cambiar de parecer.

La segunda concepción de la energía es la que se tiene desde 1973 aproximadamente. La energía es finita, "aunque nos quedan hidrocarburos para mucho tiempo", según Casanova, y la atmósfera, limitada. Esta segunda tendencia está reforzada por la influencia negativa de la contaminación en el cambio climático.

Esta contaminación, según el director del curso y primer ponente de estas jornadas que durarán hasta el próximo 1 de agosto, tiene diversos niveles: local, zonal, regional, transfronterizo y planetario. En cada uno de estos niveles son más importantes unos elementos contaminantes que otros. En el nivel regional, que afecta a un 75 por ciento de la población, porque se desarrolla en las urbes grandes y medianas, los contaminantes más importantes son el ozono troposférico, las partículas y los óxidos de nitrógeno, que componen, en cierta forma, la llamada "lluvia ácida". Ésta tiene consecuencias directas sobre la flora y la fauna de determinadas zonas del planeta en directa relación con el ph más ácido o más básico de dichos lugares. Pero ha querido dejar claro que el nivel de ph no está siempre provocado por la contaminación, sino que hay muchos más factores que lo causan (combustiones dentro de los volcanes, por ejemplo).

Por todo ello, ha aclarado que el transporte por carretera no es el sector que más contaminación produce, por ejemplo, en Europa. No obstante, es cierto que dicho transporte es culpable de la mayoría de las emisiones de monóxido de carbono (que se transforma con rapidez en dióxido de carbono) y de los óxidos de nitrógeno.

La reducción de estos componentes en la industria del automóvil no es una tarea fácil. Reducir los óxidos de nitrógeno puede conllevar una pérdida de la potencia en los motores, algo que los fabricantes no están dispuestos a consentir. En cuanto al monóxido de carbono, la tarea es más sencilla, prueba de ello es que la reducción llevada a cabo en los últimos años es, cuanto menos, espectacular. Por último, la reducción de azufre en las gasolinas es algo más sencillo, puesto que se trata de no añadirlo a la mezcla.