Guiados, no maniatados

Controles de crucero, limitadores, avisadores... La terminología de este tipo de dispositivos es amplia y muchos no saben en qué consiste cada sistema. Lo único claro es que todos quieren poner coto a la velocidad.

Guiados, no maniatados
Guiados, no maniatados

Las marcas automovilísticas no parecen tener ningún problema en introducir en sus modelos los limitadores de velocidad. Así lo señaló el presidente de Renault, Louis Schweitzer, que, en una entrevista, afirmó que “si la decisión se toma a nivel europeo, nosotros no tenemos nada en contra", pero matiza que “esto sólo funcionará si el conductor decide fijarse él mismo los límites, por lo que no serviría para nada forzar a la gente a tenerlo".En contra, se han posicionado las principales asociaciones de automovilistas y gran parte la de los expertos del mundo del motor. Estas fuentes afirman que se está criminalizando la velocidad y que ésta no tiene una incidencia tan grande en la siniestralidad como denuncian algunos organismos. Una posición intermedia sostienen quienes afirman que estos sistemas de regulación sí podrían tener una gran utilidad para determinados grupos sociales, como son los conductores noveles o aquellos infractores reincidentes. El debate, nos tememos, no perderá actualidad en los próximos años y más de un país terminará por aceptar que sea la máquina la que marque la velocidad del coche sin que el conductor "pinche ni corte", quitando parte del atractivo de conducir en favor de una discutible mayor seguridad. ¿Y tú que opinas?, participa en nuestros foros y comparte tu parecer con nosotros. En los últimos tiempos se ha discutido la utilidad y la seguridad de los controles de crucero. La verdad es que otorgan una comodidad extra al conductor y le alivian de tener que estar siempre pisando el pedal del acelerador. Sin embargo, cuentan con un efecto pernicioso: disminuyen la atención que el conductor presta a la circulación y pueden llegar a provocar un exceso relajación e, incluso, somnolencia.Existen dos tipos de limitadores de velocidad, los que llamaremos voluntarios y los que son ajenos al conductor. En los primeros, el usuario define una velocidad máxima que no se debe superar sea cual sea la posición de su pie sobre el acelerador. La única manera de "desembarazarse" de este corsé es acelerando a fondo para superar el punto duro del pedal. El otro sistema es el más temido por los defensores de la libertad al volante, ya que otorga a la tecnología la capacidad por sí misma de establecer límites de velocidad. Dentro de estos últimos, el más común es el denominado "Intelligent Speed Adaptation" (ISA). Este sistema permite controlar la velocidad mediante el GPS de los vehículos. Su funcionamiento es sencillo: una serie de emisores situados en los laterales de las carreteras envían información sobre la velocidad máxima de cada tramo de la vía a una serie de receptores que están alojados en el interior de los vehículos. Si el conductor supera la velocidad máxima fijada, se enciende un piloto rojo en el salpicadero, se escucha una señal acústica y el pedal del acelerador se bloquea impidiendo su utilización hasta que el vehículo vuelva a la velocidad máxima establecida en esa carretera. Suecia lo convertirá en obligatorio a partir de 2010 y hará que los coches que se fabriquen en su país (Volvo y Saab) los incorporen.El actual Gobierno socialista, en su programa electoral de las pasadas elecciones, hacía una decidida apuesta por la introducción de este tipo de elementos en los turismos “de forma gradual, voluntaria e incentivada para una posterior generalización". A pesar de esta promesa, desde la toma de posesión del nuevo Ejecutivo no se ha barajado aún esta hipótesis, aunque sí se han lanzado avisos de que los límites de velocidad establecidos podrían descender en nuestro país.Sí que han existido peticiones individuales, como la de José Javier Rodilla García, un ciudadano particular que presentó un escrito ante las Cortes en el que solicitaba que se incorporara de forma obligatoria dispositivos limitadores de la velocidad máxima permitida en España (120km/h) para todos los automóviles. Según argumentaba, los actuales vehículos contravenían diversos artículos de la Constitución Española, de la Ley de Seguridad Vial y del Código Penal. Muy parecida ha sido la solicitud de organizaciones como la Asociación para Prohibición de los Vehículos Inútilmente Rápidos (APIVIR) que, en Francia, ha tenido la curiosa ocurrencia de solicitar que se prohiban los coches cuya velocidad sea superior a la máxima permitida, algo que se podría evitar con la colocación obligatoria de limitadores de velocidad en los vehículos. Según APIVIR, el Estado galo “no asegura el respeto del código de circulación" y provoca que “se aumente claramente el riesgo de accidentes y pone, así, en peligro la vida de los usuarios de las carreteras". La respuesta del Gobierno francés, muy proclive a este tipo de iniciativas, no ha sido, sin embargo, la deseada por APIVIR. El ministro de Transportes, Gilles de Robien, pidió a los fabricantes que doten a los vehículos nuevos de limitadores de velocidad, aunque ha considerado inútil obligarlos a ello por ley, ya que esta medida sólo podría se tomada “ a nivel europeo", pues “nada impediría a un conductor cruzar las fronteras para comprar su vehículo en otro país". En España, la consejera de interior de la Generalitat de Cataluña, Monserrat Tura, envió una carta a los fabricantes de automóviles para que estudiaran la posibilidad de instalar sistemas de limitación de velocidad en los vehículos que fabrican.