GM y Ford se protegen contra el "virus Chrysler"

"Cuando Chrysler estornuda, General Motors y Ford se resfrían". Este viejo dicho de la industria estadounidense está estos días muy de moda. Los analistas tratan de vaticinar si los otros dos grandes sufrirán los mismos males que padece Chrysler.

A medida que se ponen de acuerdo en las causas reales del estrepitoso hundimiento de Chrysler en Estados Unidos, los observadores buscan esos síntomas en las demás compañías.
Se han determinado varios males fundamentales. Los problemas ya venían de antes de su fusión con Daimler. Chrysler había perdido mucho dinero en costes laborales, provocados sobre todo por una plantilla sobredimensionada con más de 30.000 empleados "de cuello blanco", gente apartada de la producción directa.
Además, se equivocaron en su política comercial. Mantuvieron a la venta viejos modelos que se solaparon con los lanzamientos de los nuevos, con lo que la compañía tuvo que venderlos a precio de saldo. Para colmo, no supo calcular el formidable tirón de ventas que le reportaría el PT Cruiser y ahora no es capaz de fabricar todos los que puede vender.
Ni su última estrategia de vender a bajo coste, ni su terrible recorte de gastos, con 26.000 despidos y seis fábricas cerradas conseguirán a corto plazo reflotar la compañía. Sin embargo, sus responsables creen que todo esto servirá para alcanzar el punto de retorno.
En las otras dos grandes compañías, Ford y General Motors, han puesto sus barbas a remojo. Al igual que Chrysler, han registrado descensos en las ventas de enero, pero su situación no parece tan grave.
Los analistas se afanan en buscarles vías de agua, pero las dos multinacionales se han curado en salud.
Sobre todo Ford, que es la compañía que más beneficio saca de cada coche que vende. La marca del óvalo, para lo expertos, tiene una dirección estable, sus líneas de producto son muy firmes y las ventas conservan gran parte de su fortaleza. Para un observador de Burnham Securities, Ford es la empresa que mejor sobreviviría a una larga crisis entre las tres grandes. Esto se debe a los bajos costes de producción que tiene.
Sus directivos acertaron a recortar la plantilla y los costes en más de un billón de pesetas durante los años de vacas gordas, entre 1997 y 1999, con lo que la tormenta les ha cogido a resguardo.
Jac Nasser, el presidente de la compañía, se muestra satisfecho con el blindaje de su firma, pero asegura que "en este mundo no hay garantías".
Por su parte, General Motors no ha sido tan previsora, pero parece haber cortado la enfermedad por lo sano. En enero anunció que cerraba Oldsmobile, una división deficitaria, y el recorte de 14.000 puestos de trabajo en Europa y Estados Unidos. También sacará del mercado 16 de sus 80 modelos. El director de mercado de la compañía, Paul Ballew, cree que la firma se mantendrá dentro de la zona de beneficios durante este año y prevé un "aterrizaje suave" para salir de la crisis.