GM confía a Robert Lutz su próxima generación de vehículos

Robert Lutz es el nuevo jefe de Desarrollo de Productos de General Motors. A sus 69 primaveras, este veterano lleva 38 años enredando en los entresijos de la industria más poderosa del mundo de la automoción. Asume ahora el timón de las cadenas de montaje del primer fabricante del mundo con la difícil misión de modificar su imagen pública y ganarse al cliente joven.

GM confía a Robert Lutz su próxima generación de vehículos
GM confía a Robert Lutz su próxima generación de vehículos

General Motors es un dinosaurio. Una maquinaria colosal con tentáculos en todo el mundo pero muy lenta de reacciones. En los últimos años, su cuota de mercado en Estados Unidos se ha reducido drásticamente hasta un 28 por ciento y, lo que es peor, su clientela ha envejecido considerablemente.

A estos males se han unido las fuertes pérdidas de su división europea, sobre todo el apartado de Opel, que han obligado a reestructurar la producción en este continente, llevándose por delante miles de puestos de trabajo. En total, los últimos resultados presentados por este gigante arrojan un retroceso del 74 por ciento en los beneficios.

Para dar un golpe de timón a esta nave que zozobra, Richard Wagoner, todopoderoso presidente de GM, ha llamado a Robert Lutz, una especie de gurú de la automoción que tiene su hoja de servicios llena de menciones de honor.

Llega con el cargo de jefe de Desarrollo de Productos, 69 años y una moral desbordante. Nada más aterrizar ya ha dejado claro que va a por el público joven y que piensa ganárselo a fuerza de coches nuevos, fabricados con efectividad de costes.

Lutz asegura que trabajará directamente con los diseñadores y los ingenieros para presentar en un año lo que considera "un nuevo concepto de automóvil". Su larga experiencia le permitirá aconsejar a los técnicos y sugerir soluciones, modificaciones y correcciones en el diseño de los vehículos de GM, que, según la crítica, llevan 20 años estancados.

"Un adolescente"
A sus 69 años, este suizo asegura que se siente como un adolescente: "Dicen que 69, en centígrados, son sólo 18", bromea.

Lutz lleva toda una vida dedicado al mundo del motor. Antes de sentarse en su despacho de GM, ha sido presidente de la empresa de baterías Exide Tchnologies, en Nueva Jersey. Antes, entre 1963 y 1971, ya había pertenecido a General Motors. Después, desde 1986 y hasta 1998, rigió los destinos de Chrysler como vicepresidente. Entre los 80 y los primeros 90, sacó a la empresa de una gran crisis y la guió por una serie de éxitos que acabaron en la fusión con Daimler. Salió de allí tras discrepar con Lee Iacocca, antiguo presidente, sobre la conveniencia de aliarse con Fiat. Mucho antes, en sus inicios, Lutz había pasado por BMW y Ford.

"No me habría unido a GM si no creyera que se mueve en la buena dirección", asegura el flamante directivo. Cree Lutz que la marca de Detroit ha hecho impresionantes progresos en los últimos años y señala a los modelos Bravada, Avalanche y Trailblazer como exponentes de este resurgir.

Richard Wagoner ha depositado toda su confianza en Lutz. El presidente de la primera compañía automovilística del mundo sabe que, si Lutz brilla, él brillará. Sabe también que habrá muchos cambios en GM bajo el gobierno del suizo y que las primeras transformaciones importantes no llegarán hasta dentro de un año o año y medio, cuando se lancen los primeros concept-cars de esta nueva etapa.

En GM esperan que la imaginación de Lutz siga siendo fecunda y anhelan un golpe de suerte como el que vive Chrysler con el PT Cruiser, un proyecto criado a los pechos del nuevo vicepresidente de productos de GM.