Francia pacta con Mittal mantener activos los altos hornos de Florange

El primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, anunció hoy un acuerdo con el grupo siderúrgico Mittal para mantener la actividad de los altos hornos de Florange, en el noreste del país, a cambio de descartar la nacionalización provisional de los mismos.

En un discurso televisado, lo que muestra la importancia que el caso de Florange despierta en Francia, Ayrault indicó que ArcelorMittal se ha comprometido a invertir 180 millones de euros en los próximos cinco años en los altos hornos y a descartar despidos en la plantilla.

Además, el grupo siderúrgico se compromete a mantener la planta en el actual estado a la espera de conocer el destino de un proyecto de almacenamiento de dióxido de carbono al que opta Florange y que está pendiente de recibir financiación europea.

Sin embargo, reconoció que la actividad de acero pesado de la planta no comenzará de forma inmediata.

El primer ministro indicó que los acuerdos con Mittal, cuyo presidente se reunió el pasado martes con François Hollande, son 'incondicionales' y aseguró que el Estado 'vigilará que se cumplan escrupulosamente'.

'El Gobierno utilizará todos los medios necesarios en caso de no respeto' de los compromisos, señaló Ayrault.

Pero el primer ministro descartó que el Ejecutivo vaya a nacionalizar provisionalmente los altos hornos, una hipótesis que había sido lanzada por el ministro de Recuperación Productiva, Arnaud Montebourg, y por el propio Hollande.

Ayrault, que señaló que la expropiación es un medio posible en 'circunstancias históricas particulares', 'no es eficaz' en el caso de Florange.

El anuncio del primer ministro no convenció a los sindicatos, que esperaban que el Gobierno nacionalizara el grupo ya que no se fían de la palabra de Mittal, al que acusan de no haber cumplido los compromisos que adquirió en 2006, cuando se hizo con Arcelor.

Las negociaciones con ArcelorMittal, que emplea en Francia a unos 20.000 trabajadores, tenían que acabar antes de hoy, plazo dado por la empresa antes de confirmar el cierre de parte de las actividades de los altos hornos.

La siderúrgica, que anunció el cierre de parte de la planta, pretendía deshacerse de las actividades de acero bruto, pero conservar las de transformación, que sirven de aprovisionamiento de las cadenas de montaje de grupos automovilísticos como PSA Peugeot Citroen, Mercedes, Volkswagen, BMW u Opel.

El Gobierno quería mantener el conjunto de la actividad, por lo que buscó, sin éxito, un comprador para las actividades más pesadas.

Pero al no encontrarlo, pensó en la nacionalización de la planta, al considerar que, en conjunto, era más fácil venderla.

Hipótesis que finalmente ha descartado el Ejecutivo, que apuesta por una vía alternativa de relanzamiento de la actividad gracias al proyecto de almacenamiento de dióxido de carbono.