¿Es la velocidad el verdadero problema?

Los datos presentados por la Dirección General de Tráfico son escalofriantes: en 2004, 4.741 personas perdieron la vida en las carreteras, mientras que un total de 1.550 han fallecido durante el primer semestre de 2005. Son cifras más bajas que las registradas en 2003, pero no mejores. Los accidentes siguen sesgando muchas vidas y la política de “mano dura" en los controles de velocidad parece no dar los resultados esperados.

La primera fase de la “Operación salida” finaliza con 48 muertos
La primera fase de la “Operación salida” finaliza con 48 muertos

Pere Navarro, director general de Tráfico, ha comentado con frustración las cifras de muertes registradas en la carretera durante 2004 (4.741, 688 menos que durante el ejercicio anterior) y a lo largo del primer semestre de 2005 (1.550 fallecidos, frente a los 1.650 del mismo período de 2004). El balance no es positivo, ya que las cantidades son demasiado elevadas y amenazan con empeorar tras la campaña vacacional: durante el segundo fin de semana de julio, 43 personas han perdido la vida en accidente de tráfico, 3 más que durante el mismo fin de semana de 2004. Navarro ha pedido a todo el mundo “que sea amable y generoso en la carretera, a ver si hay más suerte" a lo largo del verano. Sin embargo, el máximo responsable de Tráfico sabe que no se puede apelar únicamente al destino. La campaña para aumentar los controles de velocidad en las vías no ha sido clave en la reducción de siniestros, como pensaba el máximo responsable de la DGT. Los resultados registrados por los 37 nuevos radares que la DGT implantó a finales de junio en las carreteras españolas se conocerán en breve, pero Navarro ya ha querido destacar que varios de estos cinemómetros han “cazado" a conductores que circulaban por encima de los 200 km/h. El director general de Tráfico sigue pensando que el camino es la reducción de la velocidad y apenas ataca otros temas (la enseñanza “para aprobar"; los exámenes psicotécnicos que cualquiera puede superar; las distracciones al volante; el alcohol; el poco uso del cinturón de seguridad…) o los ataca, comparativamente, con mucho menos “fervor".De esa cruzada contra la velocidad participa también Montserrat Tura, consejera de Interior en Cataluña, tras analizar los datos registrados por 24 radares y 168 sensores distribuidos por las vías de la región. Según este estudio, elaborado por el Servicio Catalán de Tráfico, la velocidad en las carreteras catalanas ha disminuido en tres kilómetros por hora desde 2003. Sin embargo, un 15 por ciento de los conductores supera los 150 km/h en las autopistas, mientras que un 10 por ciento de los automovilistas circula por las vías del área metropolitana “a velocidad temeraria".Tura ha indicado que la comparación entre los datos recogidos ahora y los registrados en 2003 “tiene que cogerse por los pelos", ya que hace dos años no se disponía del mismo sistema. Así, habrá que esperar a posteriores ejercicios para disponer de análisis con valor científico.El objetivo de Tura es que la velocidad baje 5 km/h desde ahora y hasta 2010. La media española supera la de los países del norte y del centro de Europa, ha recordado Tura, quien también ha señalado que una disminución en 9 km/h de la velocidad media permitiría reducir a la mitad el número de fallecidos en un accidente de tráfico, según los estudios elaborados por la Unión Europea. Es evidente que las medidas para controlar la velocidad han sido las que más atención han recibido últimamente, pero las autoridades de tráfico reconocen en sus comentarios que existen otros factores igual de peligrosos a la hora de ponerse al volante. Por ello, varias fuerzas de seguridad iniciaron, la semana pasada, una campaña de controles de alcoholemia. En tres días se realizaron 43.000 tests y se registraron 100 resultados positivos diarios.Al conjunto coche-alcohol suele sumarse un tercer factor: la juventud. El segmento de población entre los 25 y los 34 años es el más afectado por los accidentes de tráfico y a este colectivo se ha dirigido el plan piloto que se desarrolla en Cataluña desde hace siete meses. Este proyecto, que pretende profundizar en los hábitos más peligrosos al volante, aplica un test para detectar droga a los conductores que dan negativo en la prueba de la alcoholemia. Los resultados son demoledores: tres de cada cinco jóvenes sometidos al “drogotest" habían consumido alguna sustancia estupefaciente.Desde enero, los Mossos d’Esquadra han realizado -durante los fines de semana- 359 pruebas, de las que 211 fueron positivas. La cocaína es la sustancia más consumida, seguida por las metanfetaminas, las anfetaminas y el cannabis.Los resultados de estos tests se comprueban en un laboratorio y muy pocas veces los resultados son distintos. A pesar de ello, el Servicio Catalán de Tráfico sabe que estas pruebas no suelen servir en un juicio, ya que no hay un método eficaz que determine cómo afectan las drogas a la conducción.El tema de los tribunales es muy espinoso: según Carlos Jiménez Villarejo, ex-fiscal general del Estado, rara vez se imponen las penas que establece el Código Penal para los culpables de un accidente de circulación.Tráfico tiene muchas asignaturas pendientes y entre ellas también está el sistema empleado para renovar el carné de conducir. El sábado, un hombre de 78 años condujo en sentido contrario desde la M-30, a la altura del nudo de Costa Rica, hasta el kilómetro 15 de la carretera de Burgos. El anciano, con el carné de conducir en regla, sufría problemas de enajenación mental y se encontraba bajo un fuerte tratamiento médico. ¿Es la velocidad la única culpable de los accidentes? ¿Se destinan demasiados recursos a controlar si se respetan o no los límites? ¿Debería hacerse el mismo hincapié otros factores, como el alcohol o el uso del móvil al volante?
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