El reino de los autohumanoides

Nos vamos a Aichi, a la primera Expo del Siglo XXI. En la tierra donde los trenes van sobre imanes y los autobuses se mueven con hidrógeno, los coches no podían ser vehículos normales y corrientes. Ha llegado una auténtica invasión de autohumanoides. No te pierdas este reportaje: el futuro ya está aquí.

El reino de los autohumanoides
El reino de los autohumanoides

Suroeste de Japón, vamos rumbo a Aichi. Allí se celebra la primera Exposición Universal del siglo XXI y, precisamente allí, llegó hace bastantes generaciones una familia de hilanderos cuyo nombre te sonará: los Toyoda.Hace ya casi 100 años que los Toyoda abandonaron las máquinas de tejer, se cambiaron el apellido por Toyota y se centraron en los automóviles. A partir de ahí, su historia es conocida, sobre todo en esta región, donde existe desde 1950 una localidad que lleva su nombre: la Ciudad Toyota. Por tanto, no nos extraña que Toyota sea uno de los principales patrocinadores de este certamen ni que sea la responsable del transporte dentro del recinto de la Expo. Vamos a su stand, un edificio completamente reciclable que se alimenta de energía eólica. Nos recibe una pequeña banda de robots humanoides. No es la primera vez que empresas automovilísticas se lanzan a la fabricación de robots. El Asimo de Honda –capaz de bailar, subir escaleras y de obeder órdenes- ya es un viejo conocido. También Sony se ha atrevido con un perro mecánico. Pero los “hombrecillos" de Toyota van más allá: tienen pulmones –literalmente-; eso sí, neumáticos. Así, pueden ofrecer un concierto y tocar ellos mismos la trompeta. Los robots de Toyota eran tan sólo un anticipo de lo que se nos venía encima; a Aichi ha llegado una auténtica invasión de “autohumanoides". No se nos ocurre otra manera de describirlos. Juzga tú mismo, porque te los presentamos. No es una silla de ruedas, aunque lo parece. Su nombre es un juego de palabras, algo así como “unidad para mí". Estamos ante un vehículo monoplaza que se adapta a nuestro cuerpo, pesa apenas 180 kilos, su carrocería es cien por cien reciclable y se mueve gracias a dos motores eléctricos –cada uno en una rueda- alimentados por una batería de litio-ión, como las que usan los ordenadores portátiles. El conductor puede manejarlo mediante una especie de joystick y el coche le avisará mediante vibraciones y luces si se acerca demasiado a otros vehículos. Incluso reconoce los gustos musicales del pasajero. Pero no queda ahí la cosa: el i-Unit representa la movilidad a la carta. Permite variar su carrocería, ya que la distancia entre sus ejes es regulable. Si elegimos “Low Position" –ideal para circular a baja velocidad- se hará más corto y más alto, así se adaptará al tráfico urbano (su longitud será de 1.100 mm y su altura, de 1.800 mm). En la “High Position", el coche entiende que vamos a rodar más rápido, por lo que nos permitirá ir casi tumbados: se alargará (hasta los 1.800 mm) y reducirá su altura (a 1.250 mm).


La relación entre humanos y coches da un gran paso –y nunca mejor dicho- con el I-Foot.

Su forma es una especie de gran huevo con piernas.

Toyota confía que este invento pronto reemplace a las tradicionales sillas de ruedas: los usuarios pueden utilizar las “piernas" del vehículo a voluntad.

Incluso permite subir escaleras.
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