El nuevo presidente de VW se enfrenta al bache económico

Bernd Pischetsrieder es ya nuevo presidente del Grupo Volkswagen. El sueño de este bávaro de 54 años se ha cumplido, pero el destino ha elegido que no sea la mejor época económicamente hablando para hacerse cargo de una automovilística.

El debut de Pischetsrieder no vino cargado de buenas noticias, aunque sí de esperanzadoras palabras. El nuevo presidente del consorcio alemán anunció un descenso en las ventas durante el primer trimestre del 6,8 por ciento hasta los 1,18 millones de vehículos.

Las previsiones de negocio en el mercado automovilístico europeo para este año no invitan tampoco al optimismo: la demanda va a disminuir, ya lo está haciendo, con motivo del menor crecimiento económico.

Sin embargo, Pischetsrieder apostó en su primer discurso como presidente de VW por la confianza en mantener los buenos resultados que han adornado a la alemana en los últimos tiempos. "A pesar de las duras condiciones del mercado, estamos confiados en que alcanzaremos los resultados del año pasado", cuando VW ganó 4.000 millones de euros (665.544 millones de pesetas).

La estrategia que va a seguir con su nuevo mandato la resumió en tres palabras: "productos, productos y productos". Ejemplo de ello son nuevos modelos como el recién salido nuevo Ibiza, el Volkswagen Phaeton, la nueva generación del Golf (prevista para 2003) y una nueva familia de monovolúmenes y deportivos. Con ellos, VW quiere cubrir el 85 por ciento de todos los segmentos con su propia oferta de modelos. La inversión prevista para este titánico objetivo es de 31.000 millones de euros (5,1 billones de pesetas) entre 2002 y 2006.

Otro de los grandes objetivos de Pischetsrieder es el de evitar el canibalismo en cuestión de ventas que se da entre las marcas del consorcio. Así, ya se han dividido las mismas en dos grandes divisiones: una clásica, que incorpora a Volkswagen, Skoda, Bentley y Bugatti; y una deportiva, en la que estarían Audi, Seat y Lamborghini.