El mercado petrolífero, fuera de control

Si la Opep no da un golpe de mano en su reunión de mañana en Beirut, el mercado mundial del petróleo puede estar abocado a una crisis tan grave como la que en 1973 puso patas arriba la economía mundial. Ayer fue un día negro en los mercados y la gasolina aumenta de precio por momentos.

Durante la mañana de ayer parecía que los operadores de los mercados eran capaces de controlar los efectos de los atentados del fin de semana en Arabia Saudí, donde fueron atacados empleados e instalaciones de compañías petrolíferas. Sin embargo, cuando a primera hora de la tarde abrió la bolsa de Nueva York, estalló la locura. La fecha de ayer será largamente recordada como uno de los días más oscuros del mercado energético mundial.El barril de crudo cerró ayer en Nueva York a 42,33 dólares, el precio más alto jamás alcanzado por esta materia prima. Nunca, ni en los momentos más duros de las crisis de 1973 o de 1979, ni siquiera durante la Guerra del Golfo de 1991 el petróleo había costado tanto en Estados Unidos. La subida de ayer fue del 6,1 por ciento, lo que quiere decir que se encareció 2,45 dólares en un solo día. La situación ha sido descrita por algunos analistas como “una barbaridad".

En Europa vamos por un camino similar. El barril de Brent, la referencia para nuestro continente, cerró a 39,08 dólares, un 6,8 por ciento más caro que el lunes y el nivel más alto registrado desde octubre de 1990.

Al final, tal y como se barruntaba durante el fin de semana, los atentados sufridos por compañías petroleras en Arabia Saudí han pasado su factura de miedo y tensión. La inquietud ante la grave situación que se vive en Oriente Medio dispara los nervios de los operadores y, con ellos, una formidable ola de especulación que tiene a los precios en esta especie de tormenta. Desde los órganos de Gobierno de la Unión Europea se asiste con preocupación al desarrollo de esta crisis, pero también con inquietud. Sus responsables económicos han explicado estos días que la zona Euro puede sostener su crecimiento con un barril sobre los 40 dólares, pero piden a los países exportadores que hagan algo para calmar los ánimos. Anoche, Loyola de Palacio, comisaria de Energía de la Unión, pedía, una vez más, calma a consumidores, productores e intermediarios. Sin embargo, por primera vez, De Palacio utilizó la expresión “ruptura del mercado", que hace referencia a un escenario en el que no haya suficiente petróleo y, por tanto, los precios se coloquen en límites imposibles de asumir. Ante una hipótesis como esta, Loyola de Palacio recordó que todos los países disponen de reservas estratégicas de petróleo que servirían para mantener abastecida la demanda interna sin tener que acudir a los mercados internacionales. En concreto, la Unión Europea acumula reservas equivalentes al consumo de 118 días.

Con un panorama tan oscuro en lontananza, los analistas echan cuentas y ven cómo el aumento de las tarifas del petróleo pone en serio riesgo la recuperación económica de Europa y Estados Unidos. Crecimiento e inflación están en grave peligro.
Por si fuera poco, las bolsas de valores, aterrorizadas por el incremento de costes que supone un petróleo tan caro, han iniciado una caída generalizada en todo el mundo. Y, lo peor, parece que hay un acuerdo general para vaticinar que no el barril no volverá a bajar de los 30 dólares. Con esta situación, la Opep celebra mañana una de las reuniones más importantes de los últimos años. En Beirut, Líbano, los ministros del Petróleo de los principales productores del mundo tendrán en sus manos el destino de las economías occidentales durante los próximos meses, quizá años.

En los últimos días, algunos dirigentes petroleros comentaban la posibilidad de permitir que cada uno de los socios del cártel exporte tanto crudo como quiera, levantando, por un tiempo, el mecanismo de cuotas que asigna a cada país un máximo de producción y venta diario. Sea por este método, sea por otro, todos los observadores están de acuerdo en que mañana la Opep tendrá que anunciar que bombea más petróleo al mercado. Es la única manera de tranquilizar los ánimos y de que el barril se mantenga en unos límites que puedan ser asumidos por los compradores.

A la Opep le interesa que el bidón de crudo sea caro, porque es la principal fuente de ingresos de estos países. Pero no le interesa que sea tan caro como para que los clientes no puedan comprarlos, porque, entonces, la demanda se desviará hacia productores ajenos a la organización, como México o Rusia.

De momento, ya se ha sabido que Emiratos Arabes Unidos, el único país miembro de la OPEP con capacidad disponible para incrementar su producción de crudo junto con Arabia Saudí, elevará su suministro en 400.000 barriles diarios en junio. Se espera que Arabia imite a sus vecinos en una proporción todavía mayor, quizá de 700.000 barriles más cada día.
Aun así, puede ser poco: "En las actuales circunstancias, creo que el incremento debe ser por encima de los dos millones de barriles diarios para que sea efectivo, pero estas cuestiones serán discutidas cuando nos reunamos en Beirut", dice Obaid al-Nasseri, ministro del Petróleo de los Emiratos Árabes.

El anuncio del pequeño país del Golfo es muy significativo, porque deja claro que el ánimo del Opep es el de incrementar la producción para atenuar los precios con una mayor oferta. Sin embargo, otros líderes del cártel insisten en señalar que todo el problema que tiene el mercado es el miedo. Aseguran que hay suficiente crudo circulando y que, de no ser por el temor al terrorismo o los conflictos bélicos, el barril costaría una cuarta parte menos. Mientras tanto, en España, la Unión de Consumidores de España, UCE, busca estrategias alternativas para abaratar el repostaje. Insisten en que los consumidores presionen a las petroleras para que cobren menos cuando las gasolineras funcionan en autoservicio, porque creen que no debe ser igual de caro servirse uno mismo que ser atendido por un empleado.

Además, transportistas y ganaderos han mostrado su descontento ante la decisión del Gobierno de no tomar medidas concretas para paliar la carestía de los carburantes. El ministro de Economía, Pedro Solbes, aseguraba hace un par de días que no habrá recorte de impuestos para los combustibles, una demanda planteada por los profesionales del transporte. Desde la organización agraria ASAJA se ha tildado esta actitud de “insolidaria y desafortunada".