El mejor consejo: Navidades sin alcohol

Que el alcohol y la conducción son términos incompatibles ya lo sabíamos. MG lo ha demostrado durante una jornada en la que ha contado con la colaboración de una decena de jóvenes universitarios que, bajo los efectos del alcohol, han intentado conducir en un circuito cerrado. Terra Autopista ha estado allí. Te lo contamos.

El mejor consejo: Navidades sin alcohol
El mejor consejo: Navidades sin alcohol

Cada uno de los conductores "conejillos de Indias" iba acompañado de su correspondiente copiloto, que no prueba el alcohol y que, en caso de peligro, echa una mano a su compañero. Las reglas están claras. Primero realizan una vez todas y cada una de las pruebas en estado sobrio. Después, a beber. Los conductores tienen que elegir qué tipo de alcohol van a ingerir con una sola condición: deben mantener su elección toda la mañana. Los especialistas de la organización Alcohol y Sociedad preparan combinados a gusto de los consumidores: chupito de whisky, una cerveza, ginebra con limón... Inmediatamente después de la ingesta hay que someterse a una prueba de alcoholemia y, si el nivel de alcohol en aire espirado lo permite, luz verde y ¡a conducir!

En el primer test realizado con un alcoholímetro de precisión por un agente de la Guardia Civil, ninguno de los jóvenes da positivo. Sin embargo, esta afirmación es casi anecdótica: alguno de ellos ya empieza a mostrar evidentes síntomas de borrachera -risa floja, ligeros mareos-. Lo más importante está por llegar. Se trata de sus reacciones a los mandos del coche: muchos errores, conos pisados, tiempos de reacción muy largos... Comienza el desastre.

Pero el experimento acaba de iniciarse. Una vez que todos los jóvenes han pasado por las pruebas con una copita, vuelven a por la segunda. Repiten en sus peticiones y, de nuevo, control por un agente de Tráfico. Con esta segunda consumición se producen las primeras bajas. Algunos chicos han alcanzado la máxima tasa permitida de alcohol espirado y salen del circuito. El resto, a pesar de llevar un importante porcentaje de alcohol en sangre, continúan repitiendo los test a bordo de los coches.

Los resultados cada vez son peores. Se nota cómo se ralentizan los movimientos o cómo se aceleran sin aparente coordinación o motivo. La prueba de la bola sobre el capó nos sirve para ver cómo algunos de nuestros conductores, a pesar de no alcanzar la tasa de alcoholemia, ya no coordinan.

Todavía hay una tercera consumición en la que ya sólo dos personas han quedado por debajo de los límites legales. El resto ya no puede coger el volante. Todos se sienten mareados, indispuestos y reconocen que no podrían conducir en condiciones similares.

La Guardia Civil nos comenta sorprendidos que en muchos controles de alcoholemia las personas que se someten a ellos se enfrentan con la autoridad cuando ven los resultados. Las protestas se basan en que las tasas de alcoholemia que conocemos todos son las que se miden en gramos por litros de sangre. De esta forma, a cualquier persona que preguntemos por la calle sobre los límites nos dirán, con toda probabilidad: "Pues, 0,5 para los permisos A y B y 0,3 para los transportes especiales y conductores con menos de dos años de carné".
Aquí está el problema. El 0,5 ó el 0,3 se refiere a gramos por litro de sangre, pero los alcoholímetros registran miligramos por litro de aire espirado. Los datos que, por tanto, nos dará un alcoholímetro de la Guardia Civil son los que recogemos a continuación:
* Permisos A1, A y B: 0,25 mg/l en aire ó 0,5 g/l en sangre.
* Resto de permisos: 0,15 mg/l en aire ó 0,3 g/l en sangre.
* Noveles (menos de dos años de carné): 0,15 mg/l en aire ó 0,3 g/l en sangre.