El coche, peligroso para el corazón

Conducir es una actividad que aumenta el riesgo de sufrir un ataque al corazón. Al menos, así lo asegura una investigación publicada en Alemania. Dicen que la primera hora después de haber conducido es la peor.

La Vanguardia publica hoy un artículo en el que repasa los principales hallazgos de esta investigación del Centro Nacional de Investigación del Medio Ambiente y la Salud de Alemania. Según sus científicos, las partículas contaminantes emitidas por los tubos de escape de los coches son muy peligrosas para nuestra salud. Han comprobado que, respiradas, pasan a la sangre y dañan las arterias, actuando como vasoconstrictores y, por tanto, cerrándolas, con lo que se agudiza el riesgo de sufrir infartos.

Al parecer, además de las partículas contaminantes, el estrés también tiene mucho que ver a la hora de sufrir ataques directamente relacionados con la conducción. Annette Peters, una de las investigadoras que ha llevado a cabo el trabajo, explica que la contaminación se cuela dentro de los coches aun con las ventanas cerradas. Por eso, la solución está en construir vehículos más limpios y menos contaminantes. También apuesta por una mejor planificación urbanística que permita la rápida descongestión de las vías y, por tanto, la menor acumulación de contaminación. Para realizar su investigación, los científicos alemanes encuestaron a 691 pacientes de hospitales de la ciudad de Ausburgo, al sur de Alemania. Todos ellos habían sufrido infartos y, al ser preguntados por lo que habían hecho en los día previos al ataque, se demostró que la mayoría había conducido por zonas de tráfico denso. Es más, una cantidad significativa lo había hecho en la hora previa al infarto.Analizando estos datos, los científicos concluyeron que conducir, o, simplemente, caminar, por una zona de mucho tráfico multiplica por 2,92 el riesgo de sufrir un infarto. Es decir, casi el triple de posibilidades y, sobre todo, en la hora subsiguiente a la conducción.
La Vanguardia recuerda en su artículo que este trabajo alemán viene a subrayar los elaborados en Italia en 1994 y Bélgica en 2002. En el primero, se constató que los guardias urbanos expuestos a la fuerte contaminación de las ciudades italianas tenían mayor probabilidad de sufrir un infarto que el resto de los habitantes. En el experimento belga se concluyó que vivir cerca de autovías o calles muy concurridas duplica el riesgo de morir por enfermedades respiratorias o cardiovascualares.

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