Cuéntame cómo arrancó

Para muchos españoles, los microcoches hoy sólo son vehículos de reducido tamaño, fáciles de aparcar y que no requieren carné. Sin embargo, hubo una época en la que la movilidad dependía de ellos. De madera, de tela, con tres ruedas o sin puertas…cualquier diseño era válido si resultaba barato. CosmoCaixa recupera ahora los ingeniosos coches que circularon por las desgastadas carreteras españolas de la Posguerra.

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Aunque ahora lo parezcan, los microcoches originales no eran vehículos de juguete. Es verdad que verlos hoy en día en el Museo de la Ciencia CosmoCaixa de Madrid puede resultar muy gracioso. De hecho, películas como “El milagro de P.Tinto" o personajes como el “pesado" Steve Urkel los han utilizado con tintes cómicos, casi degradantes. Sin embargo, en realidad, estos originales vehículos facilitaron el desplazamiento de la población española durante los duros años posteriores a la Guerra Civil. En ellos están basados los actuales microcoches, aquellos que se pueden conducir desde los 16 años y sin tener carné. No obstante, entre ambas generaciones existe una gran diferencia: ahora hay otro tipo de vehículos donde elegir; entonces, no.España, 1940. Fin de la Guerra Civil. El panorama de nuestra industria automovilística resulta totalmente desolador. Antes no era mucho más voyante, pero lo poco que había ya ni siquiera existe. De los 350.000 vehículos matriculados, sólo un 30 por ciento han sobrevivido al conflicto. Y lo que es peor: no hay combustible, las fábricas están destruidas y el estado de las carreteras es pésimo. En esa época de precariedad, el ingenio se presenta como la única alternativa posible para levantar el sector. Los coches de pequeño formato, conocidos posteriormente como microcoches, se plantean como la solución para que la población acceda otra vez a un medio de transporte. Eso sí, la misión no es sencilla. Estos automóviles deben combinar a la perfección peso, potencia y habitabilidad. No hay más opción.Las primeras iniciativas que surgen son claramente artesanales. Numerosas empresas se dedican a comprar restos de vehículos inutilizados durante la guerra para crear auténticas obras de ingeniería. Su éxito, obtenido gracias a su utilidad, propicia en pocos meses una verdadera producción industrial. Y, en este momento, surgen los cuatro consorcios que logran acaparar hasta el 95 por ciento de las ventas de microcoches: Auto Nacional S.A., Munguía Industrial, Automóviles Utilitarios S.A. e ISO Motor.El motor de dos tiempos se convierte pronto en el verdadero eje del proyecto de estos grandes grupos automovilísticos. Apoyado en un único cilindro, este propulsor (más propio de motocicletas que de coches) no sólo es el más simple de los motores de combustión interna y el que menos componentes mecánicos necesita para funcionar, sino que –además- es el que menos pesa y el más pequeño. Su escasa potencia, sin embargo, obliga a las compañías españolas a fabricar también vehículos de reducido peso y sencillo engranaje mecánico. Y lo logran, vaya si lo logran. Modelos tan impresionantes como el Biscuter, el Isetta o el Goggomóbil comienzan su rodaje por las carreteras españolas. Pueden alcanzar incluso los 70 km/h. Cada uno es único, pero todos comparten muchos elementos comunes: en primer lugar, presentan una carrocería basada sobre todo en aluminio, aunque también en otros materiales baratos y accesibles (madera, cartón, plástico e, incluso, tela); en segundo lugar, cuentan con elementos mecánicos muy curiosos, como ingeniosos chasis, dirección por tornillo, rudimentarios mecanismos de suspensión…Todo, frecuentemente alojado en un reducido bastidor tubular; Por si fuera poco, también sus ruedas son más que llamativas. La mayoría de los microcoches utilizan neumáticos de apenas 8 pulgadas y llantas desmontables. Eso los afortunados, porque los más desfavorecidos se sustentan en ruedas de motocicleta.El microcoche se convierte, desde 1940 a 1970, en el único medio de transporte privado en España, a excepción de la motocicleta. Sin embargo, este tipo de vehículo fracasa en uno de sus grandes retos: convertirse en un producto económico y accesible para toda la población. Sus precios oscilan entre las 25.000 y las 60.000 de las antiguas pesetas, lo que supone para un trabajador medio el salario como mínimo de tres años.La época dorada de los microcoches concluye en 1960 con la entrada de una nueva década de mayor bonanza económica. Personajes tan populares como Lola Flores (en la foto) abandonan los anuncios publicitarios de estos pequeños y frágiles vehículos para abanderar la irrupción en el mercado de los nuevos modelos de grandes fabricantes como Seat, Renault o Citroën. Entre estos nuevos modelos, el innovador 600, un utilitario que, por precio, prestaciones y amplitud, logra cubrir las necesidades de la población en esta nueva época. Su peso (600 kilos), su motor (de 633 cm3 y 21,5 CV de potencia) y su velocidad (95 km/h) hacen olvidar, definitivamente, a los ingeniosos y espectaculares, aunque pequeños, microcoches.Ahora, en pleno siglo XXI, Cosmocaixa ofrece la posibilidad de recuperar nuestra memoria histórica. El Museo de la Ciencia muestra 13 de estos microcoches junto a numerosos documentos y elementos de la época: reglamentos de circulación, libros de aranceles de aduanas, permisos de conducir, surtidores de gasolina, motores de dos tiempos... Incluso podemos ver una funda de cinta de ametralladora reconvertida a depósito de combustible. En definitiva, un sinfín de auténticas reliquias de posguerra, donde los grandes protagonistas son, sin lugar a dudas, estos simpáticos automóviles.

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