Crece el fraude con el gasóleo B

Vender gasóleo bonificado (agrícola o de calefacción) para su uso en vehículos normales es un fraude muy antiguo. Sin embargo, Hacienda cree que puede estar creciendo de nuevo debido a la carestía de los combustibles normales. El Fisco ha puesto en marcha una campaña para detectar estas trampas.

El gasóleo agrícola y el que se utiliza para calefacción son, básicamente, idénticos al gasóleo que echamos en los depósitos de nuestros vehículos. Sin embargo, por cada 1.000 litros de gasóleo de automoción se pagan unos impuestos de 269 euros, mientras que el agrícola, por ejemplo, sólo paga 78 euros por cada 1.000 litros. Es decir, está bonificado y, por tanto, sólo puede emplearse en los usos descritos por la ley. Su empleo para mover coches o camiones es un fraude perseguido desde hace muchos años.

En los últimos meses, Hacienda ha detectado un extraño aumento del consumo del gasóleo agrícola y pesquero sin que haya un incremento notable de ambas actividades. Con lo caros que están los combustibles normales, los responsables del ministerio creen que puede estar creciendo la venta de gasóleos bonificados para el consumo particular de turismos y camiones. Por esta razón, han puesto en marcha una campaña para detectar la presencia de fraudes de este tipo. Los inspectores del Ministerio de Hacienda se centrarán en dos frentes principales: por un lado, vigilarán las gasolineras para localizar posibles ventas ilegales de gasóleos bonificados. Por otro, inspeccionarán las instalaciones de consumos propios, situadas en cooperativas agrícolas, muelles pesqueros y otras explotaciones. Sospechan que estos depósitos podrían estar distribuyendo el combustible subvencionado a terceros que no son agricultores ni pescadores.El sector de los hidrocarburos ingresa cada año unos 10.000 millones de euros en las cuentas del Estado en concepto de impuestos. No es de extrañar que Hacienda persiga con celo cualquier posible fraude que se dé en esta área.La presión sobre el fraude llega en un momento de gran carestía en el mercado de los hidrocarburos. La actual crisis del petróleo mantiene los precios de las gasolinas en niveles altísimos. De hecho, en los últimos días han vuelto a subir las tarifas y la gasolina de 98 octanos cuesta otra vez un euro por litro. La de 95 sube hasta los 90,1 céntimos de euro por litro y el gasóleo sube dos céntimos más.La situación se complica a medida que el petróleo insiste en mantenerse muy caro. Ayer, el barril cerró a casi 54 dólares en Nueva York, mientras que en Londres se quedó en 52,09 dólares. Además, el precio del barril medio de la Opep volvió a subir la semana pasada y ya cuesta 46,59 dólares, una tarifa altísima.La Opep, el cártel que agrupa a los principales productores del mundo, ha mostrado su “preocupación" por la subida de precios. Creen que el mercado internacional está bien abastecido y que, por tanto, no debería haber tanta tensión. Su presidente, el jeque kuwaití Ahmad Fahad Al-Ahmad Al-Sabah, ha reiterado el compromiso de la organización con la estabilidad de los precios y la calidad y seguridad del abastecimiento.

Las declaraciones del presidente de la Opep esconden una realidad compleja: durante febrero, el cártel bombeó casi los 30 millones de bidones diarios, unos 400.000 barriles más cada día que en enero. Y, a pesar de este esfuerzo, no han logrado contener la subida de precios, lo que evidencia su escaso control sobre ellos.

Pero la Opep, a pesar de su aparente preocupación, no está alterada. Sabe que los precios caros engrosan sus arcas y se dedica a “hacer el agosto". Sin embargo, a largo plazo esta estrategia es peligrosa, porque el consumo occidental se desvía hacia productores ajenos al cártel, como México, Noruega o Rusia, que explotan cuencas menos rentables. Para evitar este fenómeno, la Opep trabaja en un cambio en su “cesta de precios". Quieren que este “precio medio" se calcule con petróleos diferentes a los actuales, de modo que la tarifa final sea más baja y, por tanto, más asequible para los occidentales. Venezuela es uno de los “halcones" más duros de la Opep, además de ser el país con más petróleo de América. En los últimos tiempos, su presidente, Hugo Chávez, lleva a cabo una curiosa “petrodiplomacia" que parece querer la construcción de un eje político y económico que agrupe a los países del Cono Sur con gobiernos de izquierda: Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, la propia Venezuela y también Cuba.
Estas actividades no son bien vistas por Estados Unidos, que ya ha advertido a Venezuela de que impedirá la formación del eje. Sin amilanarse, Venezuela ha recordado a Estados Unidos cuánto petróleo le suministra cada año. El ministro de energía, Rafael Ramírez, ha dejado claro que una agresión de los norteamericanos tendría consecuencias “catastróficas", como la elevación del barril de crudo hasta los 100 dólares.